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Por Graciela Guerrero Garay

Los cubanos somos geniales, cubanos al fin, y nos gusta que la bola salga del estadio para gritar…jonroooooooooooonnnnn. Super demostrado está. Tal vez, por eso, cuando hablamos de cambios medulares en nuestra sociedad, hay sus tambaleos. Algunos parecen no percibirlos.

No es por desconfianza. El asunto se inclina a lo que más preocupa: la cuenta no da. La mayoría siente estrangulada su economía doméstica y le resulta demasiado lento la solución de los salarios, o al menos, la llegada de un equilibrio justo entre lo que recibe y puede adquirir con ello. Entonces, como la pelota queda ahí, no pasa nada.

Esta percepción es falsa, aunque no satisfaga las demandas y no muchos comprendan el por qué se reordenan varias cosas antes que el tema del poder adquisitivo, la dualidad de moneda y los precios, sobre todo de los productos alimenticios, sin marginar los renglones del calzado, útiles del hogar y el aseo.

Son asuntos complejos, no solo para la gente, sino para el Estado. El discurso del General de Ejército Raúl Castro en la clausura de la Primera Sesión Ordinaria de la VIII Legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular fue medular. Una fotografía cívica y revolucionaria de los problemas que enfrentamos y de lo que hay que hacer para resolverlos. Y es ahí donde veo el conflicto, también ilustrado de manera ejemplar en su intervención.

No podemos dar pasos falsos y es asunto de todos. Nadie ha creado tales complejidades en el más allá. Nosotros somos los responsables y, ahora, tenemos que actuar con cautela e inteligencia, con unidad, para rehacer el camino torcido. Si se paga sin respaldo productivo, hay inflación y eso aumentaría las dificultades. No podemos seguir “inventando”. Trabajar no es ir a firmar un libro por ocho horas. O estar ahí, mariposeando o haciendo chapucerías.  Y esto va para todo el mundo, empezando por los jefes. Raúl lo dejó clarito.

Ese es uno de los valores deteriorados que el Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros puntualizó y con necesidad inmediata del clima permanente de orden, disciplina y exigencia  al que llamó. Cuando todo el mundo, desde el jardinero hasta el director, cumplan con vergüenza –también señalada como perdida en su discurso- las riquezas brotan solas. Y entonces, habrá dinero para pagar porque el cambio está dando autonomía para ello y los Lineamientos lo recogen.

Más, si seguimos pensando que el otro es quien debe cambiar y yo no. O se espera, por complacencia o debilidad de cualquier tipo, que el de al lado sude por mí y yo cobro por los dos, alargaremos más el tiempo de darle a la economía la fuerza necesaria para poder retribuirnos lo que merecemos. Y no es una guerra de todos contra todos, sino sumar a quienes todavía no entienden que el cambio es con todos.

No hay que tener miedo. Basta ya de tener miedo, sentenció Raúl. Eso va para los cubanos, estén donde estén. Si las cosas siguen mal es porque nos mecemos en la misma comadrita de la inercia. Es difícil, pero hay que empezar ahora. Con honestidad, con moral y con la ley bajo el brazo. Raúl convocó y no excluyó a los cuadros, ni a los subalternos ni a nadie.

Necesitamos prosperar y es un derecho inalienable del hombre. Seamos, pues, hombres del hombre y no lobos. Fuerzas hay, también el General lo dijo. Es una cuestión de respeto a lo que somos, hacemos y representamos. El IX Congreso de la UPEC puso más puntos a las íes, el pasado domingo. Los buenos ecos suben la loma. Al quien no le sirva el traje, que busque otra costurera. Las papas podridas no pueden quedarse en el saco. No estamos para enfermedades de lujo.