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Por Graciela Guerrero Garay

Constatar que la agricultura en Las Tunas incrementa un verde despertar por nuestros campos y organopónicos, es un salto largo con valores dobles en la meta de  elevar la calidad de vida de las personas y consolidar sanos hábitos alimentarios, uno de los pilares esenciales en la prevención de la mayoría de las enfermedades que afectan hoy a la humanidad.

En el llamado Balcón del Oriente de Cuba, catalogado con la tasa de mortalidad por cáncer más alta entre los cinco territorios de esta área del archipiélago, la producción de alimentos y el sostenido trabajo por autoabastecerse, actúa como fortaleza para el programa de salud encargado del control de esa dolencia letal, la cual en el 2012 se ubicó como la primera causa de muerte en la Isla.

Una de las vías con la cual los agricultores tuneros, estatales como privados, pueden apoyar – de hecho lo hacen- el combate contra esa enfermedad es mediante cosechas sostenibles que permitan, a las empresas comercializadoras, distribuirlas directamente del campo a la población, lo cual no  ocurre con los productos importados, sometidos a fumigación con pesticidas y fungicidas para conservarlos y almacenarlos.

Estos conservantes imprescindibles atentan contra la salud humana por los quimicales que contienen, de aquí que los cultivos nacionales resultan más saludables y ecológicos, además de representar en términos económicos un ahorro estimable en la sustitución de importaciones, una compleja y pesada cadena asumida por la nación y en la cual la compra de alimentos, solamente,  prevé este 2013 la inversión de unos dos mil millones de dólares.

Potenciar los resultados agrícolas significa en este contexto consolidar y propiciar hábitos sanos en el consumo, más cuando el científico Otto Heinrich Warburg demostró que la causa primaria del cáncer es consecuencia de una alimentación antifisiológica y una vida sedentaria, es decir, ingerir comidas acidificantes, las cuales propician un entorno de acidez en el organismo.

Warburg, quien en 1931 recibió el premio Nobel por sus investigaciones, sentenció que los alimentos son el principal escalón preventivo del cáncer, pues ellos, en dependencia de la calidad de las proteínas, hidratos de carbono, grasas, minerales y vitaminas aportadas, crean un medio de acidez o alcalinidad en nuestro cuerpo.

Saber, entonces, que Las Tunas fortalece su producción de arroz y busca aceleradamente el autoabastecimiento, junto a buenas cosechas de frijol, viandas, frutas y vegetales es una noticia muy bien recibida para ganar en diversidad de platos de manera natural y responder, en consecuencia,  a la advertencia dejada por Hipócrates: “que el alimento sea tu medicina, que tu medicina sea el alimento”.

En la lucha contra el cáncer, la agricultura y sus rendimientos productivos son aliados. A pesar de la intensa sequía prevalente en Las Tunas percatarse de ese verde que habla de esfuerzos y caminos mejores es, realmente, algo bien estimulante. Cuando todas las voces “van” metas y sueños se acercan. Tuneras y tuneros lo saben.