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Por Graciela Guerrero Garay

El pequeño Carlos Alberto no trae pañoleta de pioneros. Cursa el preescolar. Keila y Beatriz están en segundo grado. Solo dos años marca entre ellos la diferencia. Todos, sin embargo, cada día, en los matutinos de sus escuelas, convierten un lema en compromiso: Seremos como el Che. 

En cualquier centro docente de la Educación Primaria en Cuba es recurrente esta imagen. Incluso, hasta los nombres de pila, pueden coincidir. La Organización de Pioneros José Martí (OPJM), gestora de la vida política y social en los primeros años de la infancia y la adolescencia, convirtió la frase en el reto mayor de los cubanos después del triunfo revolucionario de 1959, crear al hombre nuevo.

Ernesto Guevara de la Serna, el inolvidable Comandante Che, soñó, luchó y murió por eso. En la Isla, donde su labor guerrillera y sus ideas crecieron como bosques buenos, los niños y niñas sienten lo que todo un pueblo, porque la virtud no se mutila, se multiplica.

Con sus palabras melosas, inocentes, ocurrentes y muy propias, cada quien lo ilustra a su modo, desde la altura que alcancen sobre el suelo. No es un adoctrinamiento, es una voluntad de llegar a una meta, crecer, estudiar, sentir orgullo, pertenencia. Lo mismo sucede con José Martí, Antonio Maceo, Vicente García, Máximo Gómez, nuestros mambises. Para ellos es como Fidel, Raúl, Camilo, el mártir que lleva el nombre de su escuela. Es la historia de los grandes. Y  todos quieren ser grandes.

No por casualidad los enemigos intentan, una y otra vez, desmoralizar los próceres de América y desmembrar la universalidad de las ideas, no importa dónde estén. Esta semana de junio por los centros docentes tuneros anda de ronda el homenaje, lo mismo que en el resto del país. El día 14 nacieron, en épocas distantes, Maceo y Che.

Carlos Alberto me mira. Baja un poco la mirada y me contesta: Porque es bueno. Así trasluce su imagen sobre el Guerrillero Heroico. Mi pregunta quiere saltar sobre la repetición de una consigna, pensando con toda intencionalidad en quienes hacen campañas mediáticas contra su figura y la nación. Beatriz, a punto de cumplir 8 años, es más explícita:

“Yo quiero ser como el Che porque fue médico y dio la libertad a Cuba”. Keila, a su lado, un poco más atrevida y “leguleya”, argumenta: “Mi papá tiene un cuadro del Che. Yo lo sabía antes de venir a la escuela. El Che murió en Bolivia y en las vacaciones voy a ir a Santa Clara, donde está enterrado. Era revolucionario y luchó para que los niños seamos libres y felices”.

Minutos después, suena el timbre para formar filas. Comienza el matutino. Se dan las efemérides. En la enorme plaza, a una voz, unos 328 niñas y niños corean: 14 de Junio… nacimiento de Antonio Maceo y Ernesto Che Guevara. El viernes, justamente, la instructora de arte, estrenará una ronda alegórica a la fecha. Mientras, Saray declamará ese poema infinito y nuestro de Julio Cortázar:

Che

Yo tuve un hermano.
No nos vimos nunca
pero no importaba.
Yo tuve un hermano
que iba por los montes
mientras yo dormía.
Lo quise a mi modo,
le tomé su voz
libre como el agua,
caminé de a ratos
cerca de su sombra.
No nos vimos nunca
pero no importaba,
mi hermano despierto
mientras yo dormía,
mi hermano mostrándome
detrás de la noche
su estrella elegida.