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Por Graciela Guerrero Garay

En el Olimpo están pariendo estrellas nuevas. ¡¡¡¡Ganó Nicolás Maduro las elecciones presidenciales en Venezuela!!!! El hecho, aunque venía de cascada en la oleada roja que llenó a la Patria de Bolívar antes y durante la campaña electoral, es más nuestro al momento en que se confirma de manera oficial la esperada noticia.

Volvió a desbordarse Caracas con el sueño y el espíritu del Comandante Hugo Rafael Chávez Frías, el gladiador de América Latina. Se gana la batalla de los justos, de quienes multiplican panes y peces, devuelven la visión a los ciegos y llevan la alegría a los olvidados de los siglos.

Debe dolerle a muchos esta verdad – sabemos cuánto duele no poder derrotar esa gloria del grano de maíz- a los que quieren políticas neoliberales y excluyentes, en ese arrebatado empeño de oprimir la dignidad y los legítimos derechos humanos. Pero Venezuela, los venezolanos, en mayoría, saben a pie juntillas lo que quieren y deben defender, continuar, impulsar.

Es una dignidad de pueblo, con ellos mismos y con lo que descubrieron cuando encontraron la Patria junto a Chávez. Fue un proceso eleccionario limpio, democrático, leal, con iguales oportunidades para la oposición y su representante, Henrique Capriles RadonsKi. ¡Cuántas diferencias en esas palabras de él y las de Nicolás Maduro, luego de que ambos ejercieran el derecho al voto! La opinión internacional no tiene que buscar argumentos, su actuación los brinda así, en bandejas, para un gran banquete de palabras y promesas huecas.

Venezuela busca su futuro, no el bienestar de un hombre. América necesita en este siglo lo mejor de sus hijos, los que saben de las garras del águila, no de quienes se arreguindan de ella y la convierten en aeroplanos para andar de excursión entre las nubes. La victoria no tenía otra opción que la real: el socialismo democrático, previsor, incluyente, de pueblo, que construyó con su vida y ejemplo el Comandante Chávez.

El continente anda de rojo nuevamente. Vibra el sur, que es nuestro norte. Canta la primavera y el horizonte anuncia el mañana. La dimensión del triunfo desmorona cualquier rumor o ataque que intente minimizar la transparencia de una jornada donde, minuto a minuto, se ha  difundido al mundo el ambiente tranquilo que marcó al país este domingo, mientras de manera ordenada y consciente fueron a votar los venezolanos, aunque existieron focos muy puntuales que trataron de perturbarlo. No pudieron.

En Cuba, a pocos minutos de la medianoche, llegan los resultados: Nicolás Maduro es el nuevo Presidente de Venezuela, con el 50, 66 por ciento de los votos, mientras Capriles llevó el 49, 07, con una participación de un 78,71 por ciento de los votantes aptos. La alegría baña a la tierra hermana. América gana otra colosal batalla. Chávez, para suerte de la Patria Grande, no murió. Sigue vivo aquí en esta gloria que cabe en un grano de maíz y que nadie, en ningún lugar, ni en ningún tiempo, ha podido matar.