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Por Graciela Guerrero Garay

De pequeños detalles está llena la vida. Quizás, por ello, cuando descubrí que Héctor Rodríguez y Carlos Gutiérrez discutían si una mariposa que sobrevolaba el jardín del edificio era igualita a la que “pintó Antonio”,  confirmé el extraordinario valor humano y comunicativo que tiene, desde la injusta cárcel,  el trabajo de este antiterrorista cubano y sus hermanos de ideas.

Estos niños villaclareños andan por estos días de visita en Las Tunas y, desde allá, trajeron consigo un sentimiento y la remembranza de los dibujos de Tony Guerrero, sobre esos bellos insectos endémicos que alegran los campos y las ciudades nuestras, libres al viento y al sol ardiente de Cuba.

Cuando llegué hasta ellos, por supuesto, ya no estaba la mariposa, pero ambos seguían ahí, aferrados a su disputa inteligente y demostrativa de la identificación que tuvieron con la espiritualidad de las acuarelas de este cubano –héroe, quien, desde la nostalgia de la inmerecida ausencia, es capaz de estrechar lazos con su gente en la Isla y, sobre todo, despertar interés en los exigentes niños y niñas cubanos, talentosos e instruidos por demás.

Es un rey – enfatizaba Carlitos-, mientras Héctor aceptaba que era cierto, pero “el de Antonio no tenía las franjas de las alas en verde, sino amarillas”. Cuando lleguemos a la casa te mostraré el Zunzún – una revista mensual dedicada a este segmento poblacional aquí-. Vamos a ver si te gano o no, dijo rematando la conversación, mientras corrían hacia el solar aledaño, tal vez con la certeza de volver a encontrar la mariposa.

Nunca supe si la vieron nuevamente. En mi mente estaba la imagen de Tony con la colección. Fui a sus ojos y allí, otra vez, redescubrí  su enorme cubanía y el brillo de la confianza que él, como Gerardo, Ramón, Fernando y René, tienen en la Patria querida y sus coterráneos. Solo así han podido saltar los barrotes de la injusticia y el ataque ominoso del mal llamado ejercicio del Derecho en los Estados Unidos, sobre todo en el sur de La Florida.

La Mariposa que pinto

Unas tienen motas blancas,

otras, rayuelas en negro,…

La mariposa que pinto

revoletea en mi pecho.

La miro, mueve sus alas;

me mira, ríe, y me alegro

cuando se posa gentil

en la flor que llevo dentro.

Como un suspiro de amor

salta del cáliz abierto

y con su gracia divina

le da colores al cielo.

Primavera sin jardines

bajo nubes del encierro,

pero vuelan mariposas

en acuarelas y en versos.

21 de junio de 2011

FCI Florence

Antonio Guerrero Rodríguez

En este poema está la esencia. Cuando el próximo 29 de marzo, en San Francisco y Nueva York, las mariposas de Tony vuelen sobre el odio y la ceguera de quienes convierten su poder en tentáculos terroristas, el águila tendrá que bajar la cabeza.

En pleno rostro del imperio, cientos de norteamericanos admirarán el coraje ilustrado en la pintura de este cubano y sus compañeros de lucha, sobre el camino que escogieron de hacer bien a su pueblo y a la humanidad.

La noticia de que la exposición con sus dibujos se exhibirá, simultáneamente, en ambas ciudades de Estados Unidos, confirma que la Corte de Miami, al condenarlos, nunca caló en estas consecuencias: ella es el único rehén en esta historia. Los CINCO cumplen absurdas sentencias, pero tienen al mundo de su lado.

La vista del juicio, con sus servicios pagados y entregada la toga a la arpía mafiosa, quedó prisionera de sí misma. Las ideas no pueden encerrarse. Como las mariposas de Tony, no hay barrote que les impida volar. Héctor y Carlos las llevan consigo. Ahora mismo, mañana, siempre… a millones de personas en Cuba y en el planeta este aleteo de amor y colores se les pegó a la retina. Esto, tampoco, lo encarcelaron los jueces que intentaron matar la justicia. La verdad es infinita en el tiempo: los CINCO no son terroristas y más allá de la cárcel seguirán volando las acuarelas de Antonio.