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Por Graciela Guerrero Garay

Una vez más Cuba es CUBA. Así, con mayúscula, sin tapices. ¡Hasta muchos cubanos, “de adentro”, se han sorprendido! Primero, esa presencia de Fidel, allí, en su escaño, vigoroso como los cedros y el caguairán. Sus palabras, renovando sueños y quitando el espasmo de los que pretenden asociarlo a las cosas pasadas. Estériles.

Luego, la clausura exacta de Raúl Castro. Segura, con olor a futuro y Patria para siempre. Esa virtud, en el plenario, de buscar nuevos horizontes con la misma raíz. La que decidimos todos cuando amamos a José Martí, recordamos a Nicolás Guillén y bailamos el son con Benny Moré y Buena Fé, en los tiempos modernos.

Cuba vibrando en su soberanía y sus cambios. La continuación, “sin prisa, pero sin pausa, con los pies y los oídos bien pegados a la tierra”, como dijo el General de Ejército y primer secretario del Comité Central del Partido y ratificado Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros. 

Una Asamblea Nacional del Poder Popular concreta y optimista. Rotunda, donde la política de cuadros ocupó el espacio necesario y lineal que alienta y garantiza, al ser renovada en un 67,26 por ciento y en la cual las mujeres alcanzaron el 48, 86 por ciento de los escaños. Dimensionada allí, en las provincias, donde de las 15 del país en 10 de ellas hay una cubana al frente del Gobierno.

Un Parlamento que va seguro, viento en popa y a toda vela. Transparente en las transformaciones que vendrán, a su tiempo, a fortalecer la unidad y la democracia, donde el pueblo levanta la voz, multiplica.

El anuncio de las modificaciones que se harán a la Constitución de la República, como establecer un límite superior de dos períodos consecutivos de cinco años para desempeñar los principales cargos del Estado y el Gobierno, así como edades máximas para ocupar esas responsabilidades, devienen la continuidad  de las ideas y el acierto de dar lugar al protagonismo de los más jóvenes. Es la esencia del concepto de Revolución, magistralmente ilustrado por Fidel, el líder por excelencia del proyecto socialista en la Isla.

Una vigorosa lección ponen los cubanos en la mesa. Razones hay para esa repercusión positiva y ejemplarizante que ha tenido esta Asamblea en el mundo. Millones de cubanos siguieron el acontecimiento por  la Televisión y este lunes, como es propio de la gente acá, los parabienes para las palabras de clausura de Raúl se escuchaban en las locaciones comunes de los barrios, los mercados, los centros de trabajo, las escuelas.  Por doquier.

Es la esperanza vívida la que repiquetea en sus corazones, porque sienten el resurgir de una nación que rejuvenece con los humildes y para los humildes aunque, todavía,   quede mucho por cambiar y la economía doméstica ande entre los hipos del salario y el mercado.

Pero, por encima de todo, es la confianza de que Cuba sigue su vuelo en paz, con unidad, coherencia y las alas más fuertes que ayer, a pesar de ese cruel bloqueo- iceberg que le frena  su victoriosa travesía y estén ahí los caducos bastones que intentan su descrédito, tergiversando este auténtico salto hacia una sociedad mejor, con más justicia, menos paternalismo y los puntos en las íes, tal como se necesita.