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Por Graciela Guerrero Garay

Si bien la noticia hizo mover positivamente la cabeza de cientos de cubanos, casi me atrevo a dar por cierto el frenesí que llenará lunetas en los cines de la Isla, cuando se estrene la versión cinematográfica sobre la vida de Fernando Borrego Linares, el querido cantautor Polo Montañez, quien a pesar de su corta vida artística supo ganar para siempre la admiración y preferencia del pueblo por  el ritmo y la autenticidad de sus interpretaciones.

Reconocido dentro y fuera de Cuba por el don de universalizar, como campesino nato  que fue, las raíces y la verdadera música de las campiñas de su tierra natal – léase de todo el archipiélago-, sus canciones todavía parecen estrenos y hacen tararear y bailar a multitudes con esa irresistible pasión con la cual llenó de sonido, voz y magia cada escenario.

El Polo, como hoy le nombran con cariño y añoranza millones de cubanas y cubanos, murió en un fatal accidente automovilístico en el año 2002, en pleno despliegue hacia esa lluvia de estrellas que sobrevenía a su carrera profesional, la cual lo convirtió también en el tercer cubano merecedor del Disco de Platino con su primer CD Guajiro Natural.

Conocer ahora que un equipo de guionistas, bajo la dirección del cineasta Delso Aquino, llevará a vías de hecho este proyecto llena de expectativas  a todos cuantos nos quedamos con deseos de verlo en vivo, con esa alegría contagiante,  vibradora y colmada de cubanía brotando de sus ojos y sonrisa.

Y, tal cual dice su realizador, la cultura cubana le debe a Polo Montañez este filme. No hay dudas, su formación autodidacta, naturalidad y sencillez como la bohemia esperanza que entregó, están ahí. No se las llevó la muerte. Este guajiro cubano será siempre de esas palmas y flores silvestres devenidas notas de pueblo en su guitarra.