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Por Graciela Guerrero Garay   Foto: De la WEB

Apuesto porque los más de 180 mil 560 ecuatorianos atendidos por la Misión solidaria cubana Manuela Espejo, al resolver múltiples problemas de salud, incrustaron en sus ojos el mismo brillo de alegría que trae Amanda en los suyos al regresar a la  comunidad, luego de ser operada de glaucoma con todo éxito en el Hospital General Docente Ernesto Guevara de la Serna, de esta ciudad de Las Tunas.

El paralelismo no lo agarro “por los pelos” ni hace falta ilustrarlo cuando sabemos la significación de ganarle una batalla a las enfermedades, más cuando estos hermanos de Ecuador esperaron por años una mano divina que los llevara al umbral de la esperanza, ahora convertida en realidad por este proyecto, el cual hasta julio último visitó a 306 mil 220 personas con limitaciones físico- motoras y entregó 310 mil ayudas técnicas.

La grandeza de esta misión cubana permitió también estudiar más de 149 mil recién nacidos con el objetivo de detectar enfermedades a temprana edad, y perfilan extenderlo a los 315 mil infantes que nacen cada año en esa nación hermana.

Entregas de prótesis auditiva a más de mil niños y niñas de los 705 mil a quienes le detectaron la discapacidad y la capacitación de cientos de profesionales, con la ayuda de Cuba, para diagnosticar esta afección, son otros de los logros de la Misión Manuela Espejo en Ecuador, donde la solidaridad es un gesto que va más allá del milagro de sanar tal como se demuestra en el resto de América Latina.

Igualmente en asuntos de emplear en empresas privadas a discapacitados y entregar viviendas, así como crear talleres para producir prótesis en Quito, Guayaquil y Loja suman en los beneficios recibidos por el pueblo ecuatoriano con esta noble acción, que apuntala al internacionalismo y la hermandad como esencia del postulado martiano Patria es Humanidad.