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Por Graciela Guerrero Garay

Hoy los estudiantes cubanos disfrutan del asueto acostumbrado de los sábados y, por ello, celebraron ayer en las escuelas la fecha que, internacionalmente, se les dedica para reconocer su importancia social en los destinos de las naciones y ese potencial, humano y profesional, que representan en presente y futuro para el desarrollo del mundo y la vida.

Hicieron matutinos especiales, actividades culturales, galas, deportes, juegos participativos, fueron a funciones de teatro infantil, todo en horarios extra clases, y recibieron el estímulo especial que poseen en Cuba, donde la instrucción desde los cinco años es gratuita con acceso abierto a la superación hasta el nivel superior.

Hoy 17 de noviembre no es menos el regocijo y esta ciudad se les abrió con un diapasón de actividades, como sucede en el resto del país y los municipios tuneros. Es una amalgama de colores nuevos, que dan continuidad a esa ferviente alegría de saberse seguros de sí mismos y protegidos con todos los derechos desde la niñez.

Este sábado en Cuba es de entusiasmo vivo. No se levantan pancartas de protestas. Los jóvenes bailan en las áreas habilitadas. Van al cine, juegan dominó, participan en copas deportivas, hacen planes de la calle, pintan sobre el asfalto y abrieron la mañana con un maratón desde la Plaza Martiana, en el centro de esta capital de Puertas Abiertas, hasta el estadio Ángel López donde tienen  lugar las ofertas principales del programa festivo.

Defender los ideales de paz, libertad y justicia y condenar el fascismo es la convocatoria que mueve acá el deleite y los valores patrios, cuajados a modo de sonrisas en los millones de niñas, niños, adolescentes y jóvenes durante esta jornada sabatina donde la Isla deviene canto de amor, porque eso de andar así, con libertad y brillos en los ojos, con la algarabía de los años mozos, en este mundo convulso de ahora mismo es un manantial de esperanza y plenitud.