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Por Graciela Guerrero Garay

Cada día miles de niños y niñas en Cuba entonan, en matutinos y vespertinos, el Himno Nacional. Renace, como semilla fértil, cada nota de La Bayamesa, la pieza que Perucho Figueredo legó a su Isla querida, en medio de batallas y esperanzas para acabar con el yugo colonial.

Es una tradición heroica e histórica que no inicia en la escuela. Desde que pueden hilvanar las primeras oraciones largas, en casa, los padres comienzan a infundirles el respeto por la marcha que, en Bayamo, hoy ciudad capital de la cercana provincia de Granma,  el 20 de octubre de 1868 cultivó para siempre la virilidad patriótica y la identidad cultural de la nación.

Sucedió, entonces, la primera interpretación popular del Himno de la Patria  y la firma del acta de capitulación de las fuerzas acantonadas en la villa, dos relevantes acontecimientos que marcaron el pasado, presente y futuro de una nación que empezaba a gestar su revolución definitiva con las ideas más progresistas del pensamiento libertario y cultural de la época, caracterizado y representado por Carlos Manuel de Céspedes.

Este sábado de 2012 la Cultura Nacional tiene su día, el cual va más allá de la recordación de una fecha o el homenaje que, a lo largo y ancho del país, alimenta las tradiciones de lucha contra la metrópolis española o la injerencia extranjera. Y salta sobre este histórico tiempo porque, justamente, cada mañana un nuevo niño suma filas en las escuelas y la semilla revive de generación en generación, tal como una cascada. 

Por toda Cuba el grito de libertad del 10 de octubre, ese magnánimo entonar de La Bayamesa, la toma de Bayamo y las raíces que se multiplican, unifican y renuevan en más de un siglo de combates perennes testifican la legítima cubanía que sacudió al Padre de la Patria y levantó el machete de sus mejores hijos.

Ahora, cuando en cientos de miles, nuestros niños y niñas aprenden y cantan la marcha libertaria, revive la identidad perpetua de una nación libre y decidida a perfeccionar con Todos y para el bien de Todos el socialismo que construye. Es un hecho vivo para siempre.