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Por Graciela Guerrero Garay

Las historias de vidas de más de 2 mil 600 cubanos y cubanas que reciben tratamiento de hemodiálisis en la Isla son himnos de amor que, a veces sin percatarnos, se clavan como certeras lanzas en el corazón infame y antihumano que sostiene el bloqueo económico, comercial y financiero de que es víctima este pequeño país caribeño, por obra y gracia de la soberbia y desmoralización del gobierno de los Estados Unidos.  

Estos cientos de personas, entre las cuales hay también niños, padecen de insuficiencia renal crónica y necesitan de equipamiento altamente costoso y especializado para su sobrevivencia, en tanto puedan encontrar soluciones definitivas a su enfermedad con trasplantes renales.

Lejos de los que muchos suponen, no es en la capital cubana –La Habana- donde se encuentra exclusivamente el amor y la tenacidad, junto a la tecnología, que permite a estos pacientes elevar su calidad de vida y sentir la certeza de que sean bien atendidos.  En Las Tunas existen dos salas correctamente equipadas en los hospitales Ernesto Guevara de la Serna, de esta ciudad, y el Guillermo Domínguez, del municipio Puerto Padre, y es uno de los territorios más pequeños del país.

Decirlo así simula una noticia más, sin embargo detrás de esta realidad hay incontables esfuerzos, desafíos, costos y estrategias para ganarle la batalla cotidiana al cruel bloqueo económico, financiero y comercial impuesto por USA a Cuba en medio siglo, el cual impide adquirir productos indispensables para el tratamiento en mercados cercanos y obliga a la nación caribeña a comprarlos en geografías distantes, elevando los ya casi imposibles gastos que eso ocasiona.

Ejemplo tangible es la tecnología utilizada en la diálisis peritoneal continua ambulatoria, dializadores con membranas sintéticas e inmunodepresores modernos, que determinadas compañías norteamericanas comercializan en lugares factibles para la Isla.

Los 18 riñones artificiales ubicados en esta oriental provincia cubana se mantienen en servicio gracias también al amor de los especialistas y técnicos del Centro de Electromedicina, quienes garantizan su funcionamiento sistemático para evitar sean sustituidos, operación que necesita una inversión, en uno solo de ellos, valorada entre los 7 mil y 16 mil dólares.

Estos contundentes efectos del Bloqueo no son daños colaterales, sino que afectan directamente la vida de enfermos con insuficiencia renal crónica, los que sobreviven  por la soberana voluntad del Gobierno Cubano de priorizar de manera gratuita y sin condicionamiento sus estados de salud, más cuando las estadísticas hablan de que anualmente en la Isla se incrementa en un 10 por ciento el número de pacientes que la padecen.

Un  himno de amor de médicos, enfermeras, paramédicos, efectivos del Ministerio de Salud Pública y la más alta dirección política y gubernamental del país, deviene irreversiblemente el combate diario que hacen cubanas y cubanos a esa política marginante que sostiene la Casa Blanca en Washington y recrudece, contra la voluntad de este pueblo del Caribe y millones de personas en el mundo incluidos los propios americanos.