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Por Graciela Guerrero Garay      Foto de 26 Digital

 

Sus palabras, escritas en miles de libros de historias y biografías, llevadas en el ideal de otros millones, convertidas en vida entre las entregas cotidianas y la actitud de cientos matizan este miércoles el contexto de las actividades histórico – políticas – culturales en escuelas y centros de trabajo, donde recordar que este 14 de julio nacieron Antonio Maceo y Che Guevara es una tradición fresca, natural, cubana. 

El homenaje brota como salen en Cuba de manera silvestre las violetas blancas y moradas, el romerillo y la hierba de jardín, para convertirse en meta simbólica y ejemplarizante de una sociedad imbuida en los cambios y el fortalecimiento ideológico de sus raíces de lucha, por lo cual pioneros y jóvenes, trabajadores y pueblo, le dedican hoy y mañana jueves los espacios habituales en matutinos y vespertinos, al tiempo que le cantan y dibujan con respetable épica. 

Destacan así estos dos fieros hombres, a quienes la magia forastera del destino los alistó, más allá de la fecha de nacimiento, un 14 de junio, en la vanguardia de los combates definitivos por la libertad de esta tierra y América Latina. 

Convergencias no casuales de ideas y preceptos propios, que hicieron de sus vidas esos hilos conductores de principios, integridad, valentía, justicia, Patria, dignidad y humanidad que unen a Antonio Maceo Grajales y a Ernesto Rafael Guevara de la Serna desde y para todos los tiempos. 

El Titán de Bronce, nacido en Santiago de Cuba, en 1845, dejó sus huellas para siempre en la Guerra de los Diez Años y por sus méritos de soldado alcanzó el grado de Mayor General, a las órdenes de Máximo Gómez, y escribió con sus hazañas el honor de ser el más grande estratega militar de las gestas independentistas. 

Che, el Guerrillero Heroico, vio la luz en Rosario, Argentina, y cuando echó a andar en 1949 por el norte de su país, en motocicleta, no se detuvo jamás. Ese primer contacto con los pobres y los pocos sobrevivientes de las tribus indígenas, le llevó a marcar la historia con las cruces de la inmortalidad y el ejemplo más viril de internacionalismo. 

Siglos diferentes, geografías lejanas, misiones distintas, pero convergencia total en ese halo de magnificencia que, cual estrellas, llevan en la frente los que apuestan por la tierra que les recibió y llaman, a todos sus congéneres, iguales y a ellos se deben. No hay casualidad. Maceo y Che son eternos testimonios.