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Por Graciela Guerrero Garay    Foto: De 26 Digital

Los tuneros están de luto como lo estará eternamente el boxeo mundial desde que el pasado lunes trascendió la noticia de la muerte del Campeón de los pesos completos Teófilo Stevenson, quien falleció en La Habana por una cardiopatía isquémica a la que no pudo dar uno de esos “nokao” que estremecieron corazones y levantaron multitudes, en todos los predios internacionales y nacionales en los que tiró sus puños.

El legendario pugilista deja una estela de sentimientos renovados entre los cubanos y esta consternación salta inquieta y amorosa, tal él fue en vida, las fronteras nacionales y arranca mensajes de condolencia y pesar en millones de personas, en quienes su hidalguía deportiva y condiciones humanas sembraron simpatías y devoción.

Joven aún, la certeza causó asombro y consternación en Las Tunas, donde más que ídolo, era reflejo de los derechos reales que tienen los cubanos a practicar el deporte y ganar una disciplina especializada desde los primeros años escolares, gracias al acceso libre y gratuito a las instalaciones del INDER y la captación y seguimiento de quienes dan síntomas de ser potenciales talentos.

Teófilo Stevenson tuvo esta vez la picardía de irse a boxear con su gigante figura al mundo del silencio, pero allí le llegará siempre el fulgor de las llamas  olímpicas, no le faltarán admiradores y aplausos, y nadie podrá borrar de la memoria la magnificencia de sus guantes de oro. Es y será, al decir de su pueblo, “el mejor de todos, y una gente así nunca se muere”.