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Por Graciela Guerrero Garay   Foto: Tomada de 26 Digital

El intenso calor que hace por estos días en Cuba se mezcla en perfecta coherencia con la cotidianidad de un pueblo que enfrenta los desafíos de este siglo XXI, a la vez que fortalece sus raíces históricas y trata de impregnarle mayor dinamismo al proceso de cambio, en pos de un mejoramiento social que respira buen oxígeno a pesar de objetivas limitaciones materiales y una crisis mundial pegada a las puertas de cada continente.

Las generaciones infanto – juveniles, lideradas por la Organización de Pioneros José Martí (OPJM) y la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), llamados a sostener sobre sus hombros la continuidad del proyecto socialista en la Isla, aprenden y reconocen los valores morales y revolucionarios de dos personalidades imprescindibles en la historia de esta nación, Antonio Maceo y Ernesto Che Guevara,  a quienes esas inexplicables coincidencias del destino los unieron más allá de una fecha de nacimiento, el 14 de junio.

Cuando el almanaque acerca el acontecimiento, ya en los matutinos y vespertinos de los centros escolares se habla de estos próceres cubanos, y se hace en un contexto vivo y comunicativo, entre diálogos y preguntas que realizan pioneros y adolescentes a los combatientes que, en hora buena, están presentes para narrar  las vivencias, tipificar con hechos y dejar claro que los cimientes históricos son defendibles con el andar cotidiano de cada quien, sea en el trabajo o el estudio.

Con estos modos de hacer valer la omnipresencia de Maceo y Che, el homenaje es vívido y tangible, ameno y convincente, para los niños y niñas que cursan sus primeros grados de escolarización bajo la presión de la prisa de un complicado mundo, donde salvar las ideas de los grandes y los héroes es puntal para asumir el mejoramiento humano y defender la verdad, sin utopías ni canciones pasadas de moda en tiempos modernos.

Singulares ejemplos de actuar revolucionario y latinoamericanista, por encima de las recordaciones oficiales y sus propias memorias, Antonio y Ernesto se unen en los silencios de los siglos y saltan sobre las geografías de sus tierras natales, Cuba y Argentina, para devenir puños de fe en los pueblos de América, aunque sus nacimientos estuvieran distantes, Maceo en 1845 y Che, 1928.

Hijo de la insigne Mariana Grajales, el conocido Titán de Bronce en la historia de Cuba, marcó un hito en las luchas por la independencia y fue el cubano más conocido en América Latina en la segunda mitad del siglo XIX, en tanto Guevara de la Serna recorrió a los 23 años Latinoamérica, se hace médico, desafía su asma y su contexto, se enrola en la expedición del yate Granma, junto a Fidel Castro, y es hoy otro talismán para la Isla y la Patria grande a la que dio la vida.

Niños, niñas, muchachos y muchachas de esta Isla, ahora ardiente y sofocante en el sexto mes del año, conocen en sus escuelas la trascendencia de las huellas y el sacrificio, el desprendimiento que exige dejar de ser, para ser de los demás, mientras toda la sociedad apunta ya en las agendas públicas el homenaje que se les rinde cada año el 14 de junio, día marcado para siempre por el natalicio de estos guerrilleros de la esperanza hoy y después.