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Por Graciela Guerrero Garay

La cantidad de productos químicos que todavía perjudican al ozono  es una verdad irrebatible y según los pronósticos para el 2050, por la acción de los rayos ultravioletas, el cáncer de piel aumentaría en un 25 por ciento, por encima de índices reportados en la década del 80 y podría llegar a la cifra de 250 mil cada año, si la pérdida de este elemento continúa en ascenso, según el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).

Este mismo organismo indica en sus informes que decrece  la tasa de crecimiento en la producción de sustancias  como los conocidos CFCs,  por las reducciones de emisiones globales, pero actualmente el incremento de otras tan nocivas que provienen de fuentes industriales es constante.

Todo ello agota ese delgado escudo de gas que rodea a la tierra, ubicado en la estratósfera entre los 19 y 23  kilómetros sobre su superficie y reduce sus efectos protectores sobre los rayos ultravioletas, culpables de enfermedades de la piel y el desarrollo de anomalías en los  humanos como en los animales y las plantas.

El llamado de los científicos a que todos cuiden la capa de ozono – sin la cual no sería posible la vida terrestre- no es mera propaganda de arrebatos investigativos, pues desde el lejano 1974 se advierte de una potencial crisis global por su gradual destrucción y se responsabiliza al hombre de este proceso, por la producción y uso desmesurado de los clorofluorocarbonos (CFCs), que subieron las radiaciones UV-B y fueron observados no solo bajo el agujero de la Antártida, sino en Europa y Canadá.

Cuba lleva un serio programa integrado para cumplir con las políticas ambientalistas y ratificó los acuerdos del Protocolo de Montreal  (1992, 1999 y 2005), para contribuir con los reclamos mundiales sobre este importante tema, hecho que se pone de relieve en Las Tunas que ejecuta, a través de la delegación territorial del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA), proyectos ecológicos en sectores como el Comercio y la Gastronomía, que están entre los grandes consumidores de energía y sustancias altamente nocivas.

Esta batalla en la Isla se fortalece cada vez más con el chequeo y exigencia del cumplimiento de las normas establecidas, sobre todo en el sector estatal que reincide, muchas veces, en el inadecuado tratamiento de sus desechos tóxicos.

Por su parte, el PNUMA pronostica que una tasa anual de pérdida de ozono de un 10 por ciento en varios años desencadenaría el más común de los cánceres de piel, el no-melanoma, provocado por exposiciones continuadas a las radiaciones UV-B y del que ya hay casos reportados. Estas verdades se agravan con la certeza de que el más letal, el melanoma, incrementará su frecuencia, por los daños que hace este tipo de luz al sistema inmunológico y las consecuencias que trae aparejadas.

Uno de estos peligros sobre el sistema inmune – del que llaman la atención los especialistas- es que podría inutilizar los programas de vacunación en los países industrializados como en los en vía de desarrollo, pues los rayos ultravioletas hacen que se tolere la enfermedad en lugar de combatirla.

En la vida animal y vegetal no son menos los estragos, porque se puede perder el siete  por ciento de la producción mundial de pescado (siete millones de toneladas anuales), mientras que muchas plantas alterarán su forma, florecimiento  y crecimiento y producirán más sustancias tóxicas por volverse vulnerables a enfermedades.

Más complicado aún es el problema si estas mismas moléculas de ozono que nos protegen de los rayos ultravioletas se forman cerca de la superficie terrestre, porque incrementarían los problemas de salud en las personas y animales, de aquí que los ecologistas llaman la atención sobre este fenómeno, el cual se origina al mezclarse una fuerte luz solar con los gases de los vehículos y los usados por las industrias.

Tener consciencia  de estas perogrulladas es imprescindible, porque si las concentraciones de ese ozono son bastantes altas hacen difícil la respiración, fundamentalmente en los asmáticos y los afectados por otras dolencias respiratorias. Con este intenso verano que ya llega sobre Cuba y los cambios climáticos que sacuden al mundo, no es asunto de dejar para después el unir fuerzas y sanear el medio ambiente.