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Por Graciela Guerrero Garay

La Plaza de la Revolución Antonio Maceo de Santiago de Cuba está llena. Distingue la pureza del blanco, como ese amor milenario que caracteriza a los cubanos, más allá de puntos de vistas o eventualidades existencialistas.

Va entrando ahora mismo el Papa Benedicto XVI en su papamóvil. Hay un respeto y una paz que salta sobre la pantalla del televisor. Es un mar de pueblo, como dice ahora mismo la locutora. Se ha rememorado el historia de la Virgen de la Caridad del Cobre, Patrona de Cuba y querida por siglos por todos los cubanos.

 El gozo de Dios está en la música que se escucha, todos de autores cubanos como acaban de anunciar. La imagen de Antonio Maceo, sobre su caballo inmortal, en bronce, es el símbolo de la independencia y la gloria que embarga a la Isla.

Nada ha podido impedir este histórico encuentro. El amor abraza, une, fortalece. En minutos comenzará la misa de Benedicto XVI. Toda la Patria, una vez más, está en Santiago de Cuba. Es un lunes de júbilo, de bendición y esperanza.

El General de Ejército Raúl Castro Ruz, primer secretario del Partido y Presidente de los Consejos de Estados y de Ministros, junto a las máximas figuras religiosas católicas de la Isla y la imagen de Nuestra Señora de la Caridad, están presentes en la Santa Misa que empezará en minutos. Son las seis de la tarde en Cuba, una nación libre y fortalecida en espíritu y cubanìa, en esperanza y un futuro mejor.