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¿Cuántos sordos hay en la Casa Blanca de los Estados Unidos?

Por Graciela Guerrero Garay

No es increíble, es un acto genocida y prepotente. Odio visceral, que lo primero que trae a mi mente es el inmoral teatro que montan a diario los que dicen se preocupan por el pueblo cubano y que encuentra, tambores y flores, en la mafia contrarrevolucionaria de Miami. ¿Quién que busque el verdadero bienestar para los cubanos puede votar a favor de que se le nieguen alimentos, medicinas, facilidades comerciales, intercambios culturales, etc, ect, ect?

Leyendo el Informe que Cuba llevará, en octubre próximo, sobre la resolución 65/6 de la Asamblea General de las Naciones Unidas bajo el título “Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos contra Cuba”, una vez más, concluyo que en el gran aparato que dirige y representa a ese país hay sordos de corazón, de ética, de humanidad. Irrespetuosos por demás de las normas internacionales, violadores por excelencia de la voluntad de su pueblo, al que manipulan y confunden desde el podio del poder y la publicidad arbitraria y mediática.

Cierto es que con Obama se puede hablar de ciertas medidas positivas, pero nada que ver con la eliminación de esta agresiva política que origina una verdadera asfixia económica para la Isla. Un solo número expone las consecuencias y las tensiones en que se ponen las arcas nacionales por culpa del bloqueo: 975 mil millones de dólares en pérdidas provocados por esta sanción unilateral del gobierno estadounidense.

La agresividad y el recrudecimiento son evidentes. En el Informe quedan pormenorizados y se demuestra, paso a paso, qué quiere decir Cuba cuando califica de injusto e inhumano  el bloqueo y exige su eliminación, lo que de hecho es  un reclamo internacional en el mismo recinto de la ONU y esta vez, ante la convocatoria para el mes próximo, hay un récord de respuesta  entre los países miembros y ocho contestaciones más, explicó el vicecanciller Abelardo Moreno según citan las fuentes que difunden la noticia.

Pero para los imperialistas nada vale. El águila se considera la dueña del mundo y acosa a quienes, en sus condiciones jurídicas plenas en todos los planos comerciales y de soberanía, intentan importar o exportar productos con y desde Cuba y le imponen sanciones millonarias. Incluso impide que la nación utilice el dólar en sus transacciones financieras internacionales o habilite cuentas en esta moneda en bancos de terceros países, incluyendo la prohibición de créditos en Estados Unidos, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional o el Banco Interamericano de Desarrollo.

Si fuera poco, tampoco la Isla puede comerciar con subsidiarias  de empresas norteamericanas en terceros países y los empresarios, en esta condición, interesados en invertir en el territorio nacional. De hacerlo, son amenazados e incluidos en sus listas negras, “a pesar de la retórica oficial que pretende convencer a la opinión pública internacional de que el actual Gobierno norteamericano ha introducido una política de cambios positivos...”, destaca el Informe.

El bloqueo es una realidad cruel, tangible y compleja. Una guerra lenta, mortal y totalmente nociva para un pequeño país como el nuestro, truncado en su desarrollo por el derrumbe del campo socialista – que permitía a través del CAME intercambios favorables y garantizaba mercados seguros y benévolos para sus producciones -, agudizado luego y hasta hoy por una crisis global y un neoliberalismo igualmente brutal, que hace más irracional y desigual la balanza de precios y la concertación de negocios y relaciones bilaterales, en medio de un mundo unipolar y en constante jaque por los cambios climáticos que inciden en la vida general de las naciones y las cosechas, base esencial de la subsistencia humana.

En la “viña” de la Casa Blanca hay de todo, menos dignidad, democracia y sentido de la solidaridad. Los más recalcitrantes enemigos de Cuba se aferran a disfrazar la realidad cubana y marcarla como un antro de peligro para ellos y el planeta y, con los viejos discursos de los años 60, mantienen todo tipo de agresión terrorista. Porque el bloqueo económico, comercial y  financiero impuesto a Cuba y los cubanos es terrorismo, de Estado y de todas las maneras que puedan lacerar la vida de los hombres, mujeres y niños.

Más, estos, viven en la Isla de Cuba y por eso, a la mafia del sur de La Florida, a los que envenenan y están envenados para sí, no les importan. So pretexto de terminar “la dictadura” y ensañarse con los dirigentes de la Revolución, lo mantienen aunque el planeta ya no tenga el antifaz de la ignorancia y levante votos en su contra en el cetro de la ONU. A pesar de que desde los propios Estados Unidos cada segundo suman más los que piden a Obama que lo quite.

Con todo,  el bloqueo está ahí, siendo un cerco letal que ata al archipiélago. Pero Cuba y los cubanos volverán a poner voz firme en la Asamblea de la Organización de Naciones Unidas en octubre. Será una nueva victoria, no lo dudo, porque amén de los sordos y los furibundos, la acidez del odio y los billetes que circulan para apagar la llama de la Isla, hay otro pensamiento justo y leal, sensato y reflexivo que a pesar de tanto ataque y tantos años, apuesta por la justicia y los derechos de las naciones y sus gentes.

Y eso, más temprano que tarde, triunfará. Obama lo sabe, que ejerza su legítimo poder y actúe para que sea un verdadero Novel de la paz. Llenar de gloria su historial de vida es también su derecho. Él puede cambiar la historia. Los que confiaron en su elección, esperan. Los Estados Unidos de América deben – hasta casi tienen que hacerlo- dejar de cocinar su amargo caldo en un tiempo donde las cruzadas son de vida o muerte. Su pueblo y el de Cuba aguardan por el civismo de quien puede virar las hojas de la maligna pesadilla. Estamos en el siglo XXI.