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¿Cuándo caerá el muro de la mentira?

Por Graciela Guerrero Garay

Trece años sin sentir la ternura del sol que se cuaja en la pupila de las madres, envejecidas por adelantado por culpa de las heridas que sangran desde el corazón. Más de una década donde se desoyen la verdad judicial, los procedimientos éticos de las normas universales del Derecho. Meses y meses en que suman, cada día, millones de voces que piden el regreso y aflore para siempre la justicia.

Nadie puede parar la solidaridad que sacude al planeta. Esos CINCO cubanos no son ajenos, aunque un colega en España me confirma, vía email, que los grandes diarios como El País nada dijeron este 12 de septiembre sobre Gerardo, René, Ramón, Antonio y Fernando. En cambio, sacaron ampollas por la suspensión del contrato de su corresponsal en La Habana, me confirma.

Sin embargo, en  Argentina – dice un cable de la Agencia Prensa Latina, que me envió otro amigo -  que  “una concurrida manifestación marchó desde la Plaza Italia hasta la legación diplomática estadounidense, enarbolado banderas y pancartas que demandaban el cese de la injusticia...”  Por el mundo entero sucedió algo así. La verdad no puede ser tapada con un dedo.

En lograr eso, silenciar y manipular el caso de los CINCO cubanos antiterroristas prisioneros arbitrariamente en cárceles de Estados Unidos,  se empeñan las campañas y los monopolios informativos a favor del imperialismo y enemigos de la Revolución Cubana, que sacan lasca de una mosca bizca para desacreditar  su proyecto socialista y arman cualquier pataleo a favor de una disidencia cada día más cocinada en su propia salsa, porque está probado su adinerado patriotismo y su servil intención de sacarle provecho a quienes le creen el cuento de la buena pipa.

Cuba y los cubanos están claros de que la verdad es indetenible. Los grupos de solidaridad a favor de estos hermanos levantan banderas porque saben, sin alianzas temporales, que fue un proceso penal arbitrario, sin pruebas testificales, pagado por una extrema derecha corrupta  radicada en La Florida. Y minuto a minuto, suman más los que votan por ellos, pues comprenden que el terror nace y vuela desde Estados Unidos hacia cualquier sitio que les convenga para enterrar, sin pudor ni respeto, sus garras imperiales.

Pronto debe salir de la injusta prisión René, quien cumplió segundo a segundo su sentencia. Al señor Obama el mundo le pide que haga la justicia. Puede y debe. La indignidad de su país la sabe al dedillo. La conciencia le dirá si le salva la honra. Trece años de dolor para CINCO hombres inocentes. Trece años en que la humanidad pregunta: ¿Cuándo caerá el muro de la mentira?

Otra vez las respuestas tocan la misma puerta de la Casa Blanca. Esperemos. Pero vale que sepan desde adentro que sus paredes tienen demasiada sangre de los pueblos y el lastimoso quejido de sus muertos, sin contar con los fantasmas que pululan en el mismo centro de Manhattan.  Horrores de guerras de injerencia, prepotencia imperial, poder macabro. Muchas manchas tiene esa oficina oval, muchas. Obama debería marcar la diferencia.