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Excelente, como la voluntad y el espíritu de una Revolución

Por Graciela Guerrero Garay

En estos días me parece – he sentido- que estamos en fin de año. Para esa fecha, los cubanos solemos llamarnos para invitarnos al lechón asado, felicitarnos y trasmitirnos las emociones que nos embargan. En efecto, ha sucedido lo mismo con la celebración, desde el sábado, del VI Congreso del Partido, en el Palacio de las Convecciones, en La Habana. No se habla de otra cosa  por las cuatro esquinas. Y, para suerte de esta Patria hermosa, los calificativos reafirman la confianza en que lograremos mejorar la sociedad. Se han superado las expectativas que tenía el pueblo.

Se acabó el Congreso, a trabajar, sentenció Raúl Castro – electo Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba – al terminar su discurso de clausura y luego de resumir, de manera meridiana, la esencia renovadora que movió cada sesión de trabajo en las cinco Comisiones que laboraron en el evento y donde, coma a coma, se revisaron los planteamientos y examinaron las opiniones, tanto de los delegados como las que llegaron de todos sectores del país a través del popular debate de los Lineamientos de la Política Económica y Social, acontecido desde el pasado mes de noviembre del 2010 hasta febrero último.

La sartén por el mango, como dicen los cubanos con esa gracia que trasciende en cada conversación.  Lo que significa que el río busca su cause desde la concepción misma de las estructuras de dirección en el Buró Político – con 15 miembros en el nuevo mandato -, hasta el perfeccionamiento del Comité Central, y la revisión del Secretariado, como informó el General de Ejército al intervenir en la plenaria.

Paso a paso, pero sin coma – como indicó Raúl – Cuba y los cubanos entregarán su esfuerzo, sin formalismos. Hay una voluntad compacta de hacer desde la diversidad y la unidad de amor por el mañana. No hay secretos. Se aúna la inteligencia colectiva, partidista. La Comisión Uno, relacionada con los aspectos económicos, discutió y analizó las propuestas que subieron las delegaciones vinculadas directamente con el mundo empresarial, hoy emplazada a poner su eficiencia, disciplina y cambio de mentalidad en  el quehacer diario, aspecto muy puntualizado en los diversos espacios del Congreso.

Los mismo sucedió en cada tópico o inquietud de los mil delegados que asistieron a la reunión más importante del Partido Comunista, sin frenar o silenciar ninguna preocupación lo cual dejó sobre el tapete la democracia participativa que, como nunca antes, es ejercicio en la manera de asumir las transformaciones que acontecen en la Isla, bajo el prisma abarcador del concepto de Revolución emitido por Fidel: cambiar todo lo que debe ser cambiado. Sin prisa, oportunamente y para siempre.

No será un tramo fácil de andar. Es una lucha de 24 horas como sentenció igualmente Raúl, pero lo que en verdad satisface y renueva la credibilidad del pueblo en su Partido es, justamente,  que su máxima dirección, sin tapices, ha puesto el dedo en la llaga, estudió, evaluó y llevó a la mesa su voz y sin ninguna sombra se proyectó cada esfera social y económica, con una visión larga y previsora, a partir de las experiencias, no aquellas que inflan la autocomplacencia, sino las que mutilaron hasta hoy la solidez de la economía y enturbiaron los caminos en que queremos seguir. Y este espíritu de la Revolución dentro de la Revolución es lo que singulariza este  excelente VI Congreso.