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José Manuel Caraballo: Memoria viva del Socialismo

Texto y foto Graciela Guerrero Garay

Un Primero de Enero de 1931 nació en un lugar campestre de Holguín, en el municipio San Germán, conocido por Estrada. Nunca imaginó que un día como ese su querida Cuba viera para siempre la libertad y él, un niño trabajador desde bien pequeñito, fuera uno de sus fieles seguidores hasta hoy, en los que ya cumplió sus 80 años.

Hizo de todo en el campo para el sustento de la familia y ayudar a sus padres, Julián y Juana Agrispina. Desyerbó, picó caña, cuido vacas, pastoreó. Los 300 pobladores de entonces vivían en la miseria, en tierras pobladas de manigua. Todo estaba muy cerca del central Urbano Norys, a unos diez kilómetros, y en la única escuela que había por allí, la número 38, pudo cursar hasta el cuarto grado. Eran nueve hermanos y las razones económicas no dieron para más.

Nada cambió después. En 1949 matriculó para estudiar Mecánica Diesel por correspondencia. El dinero solo le permitió hacerlo 7 meses. En 1955 volvió a hacer de nuevo el intento, ahora con Mecanografía. Acabó el curso pero no pudo coger el título porque costaba 15.00 pesos. Al fin, en 1968, alcanza el sexto grado. Había triunfado la Revolución Cubana. Ya el primer país libre de América había vencido la batalla de la ignorancia. La campaña de Alfabetización fue un éxito y un logro de la victoria.

Locuaz, revolucionario de corazón y convicción, y memoria exacta de los primeros caminos abiertos hasta hoy por el gobierno renovador que encabezó Fidel Castro al derrocar al dictador Fulgencio Batista, el Primero de Enero de 1959, y declarado Socialista después de la derrota a los mercenarios yanquis que invadieron la Isla por Playa Girón, en la provincia de Matanzas, este hombre me dice sin titubeos:

“Para mí la obra revolucionaria en estos cincuenta años en Las Tunas puede ser la Educación o la Salud, no hay diferencias. Todo era prácticamente nulo. No existía nada. No había ningún desarrollo en la educación ni había ningún desarrollo en la salud”, puntualiza y detalla José Manuel Caraballo Almaguer, que ya en 1962 ingresa al Partido Comunista y vino para quedarse y entregar su juventud militante a levantar el presente en este territorio de Las Tunas, una región de Oriente aquellos años.

La historia de este combatiente incansable está muy ligada a las primeras semillas que regó por todo el archipiélago ese ejército de barbudos que, agrupados en ideas y lealtad martiana dentro del Movimiento 26 de Julio, transformó a Cuba y a los cubanos con el único proyecto socialista de América Latina. De aquellos tiempos iniciales recuerda:

“Principalmente en la salud, en 1959, se inauguró el actual hospital Pediátrico, que comenzó a construirse en el capitalismo, pero lo terminó la Revolución y vino Machado Ventura a esa inauguración. Se le dio mucha importancia. Fue la primera obra aquí y el nuevo hospital de Las Tunas, pues existía un pequeño hospitalito en  la calle Lico Cruz y las dos clínicas. De la educación puede decirse lo mismo. Todo era primario, mínimo.

“Sí, cincuenta años de socialismo y Revolución puede decirse que es Las Tunas de hoy. No había edificios, no había escuelas ni universidades. Cuando se hizo la Escuela Formadora de Maestros, hoy la universidad pedagógica, sucedió lo mismo, algo extraordinario. Fue una transformación del día a la noche. Ni existía ni se soñaba. Igual que el deporte, en cualquiera de esos aspectos está presente la obra socialista. Ya lo dijeron una vez, Las Tunas era una aldea.

“Yo tuve la oportunidad de venir en 1948 como pelotero y conocerla brevemente,  y después en el 59 y 60 empecé a viajar algunas veces por las responsabilidades que tenía en la zona 28 de desarrollo agrario. Ya en el 61 lo hice más frecuente, junto al compañero Julio Báez para ir integrando las granjas. Aquí no había nada. Al entrar por Holguín, uno veía la instalación nueva del hospital que se estaba terminando, a la izquierda, al lado de la cafetería La Serrana, vivía el papá de los Rodríguez y no había más viviendas por ahí en un buen tramo.

“A la derecha, existía la finca La Aurora, hierba de guinea todo y no había edificación ninguna. De ahí para acá, buscando el pueblo, la casa de los antiguos dueños es lo único que estaba. Ese reparto Aurora, antes era todo hierba de guinea y potrero. Allí lo primero que se veía era el Piquinchiqui, que después se fue transformando. Al frente sí había viviendas, la de Molina, el cuartico donde paraba Georgina Barea; ahí conocía a Héctor Gómez, Benito, y otros compañeros que eran de la dirección del Partido. Los compañeros trabajaban en una mesa, atrás, en un portal, que luego fue la casa a donde se mudó Molina, una casa de tejas, que todavía existe. Ahí fue la dirección del Partido, hasta que se pusieron después las oficinas casi frente al Museo 26 de Julio, un poquito más allá, por la Funeraria.”

Mientras Caraballo, con sus 80 años revive con orgullo aquellos momentos de intenso trabajo, en los que piedra sobre piedra se pobló esta Capital de la Escultura, busco los días actuales donde la carretera central, desde esa misma entrada proveniente de la vecina Holguín, nos regala el atractivo centro turístico El Ranchón, una rotonda colmada de jardines, un Parque de la Paz, la Escuela de Arte El Cucalambé, oficinas, la ampliada Terminal de Ómnibus, edificios, calles asfaltadas… una ciudad nueva para un hombre nuevo.  

Orgullo de su modesta familia, con Cira Hidalgo, una mujer que desde los 14 años le acompaña y le ha dado tres hijos que son su talismán de bien, Tania del Carmen, José Antonio y Jorge Alberto, el sentimiento es recíproco y aleccionador. Una larga historia de vida donde el sacrificio, el desprendimiento y la verticalidad de principios y actitudes le llevaron por años a ser el Primer Secretario del Partido en el municipio Las Tunas, luego de ocupar primeras responsabilidades en las filas del Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA), en la Agrupación Regional Noroeste de Granjas del Pueblo (que abarcaba Las Tunas y Holguín  con 14 mil caballerías de tierra) y otras importantes tareas que nacían a la impronta de la consolidación del socialismo.

En estas jornadas de homenaje a los 50 años de la victoria de Girón y la llegada del VI Congreso del Partido, Caraballo recuerda aquellos días en que se movilizó para cuidar los centros de trabajo y garantizar la producción, lo mismo que en la Crisis de Octubre. Cada momento, cada llamado, su presencia miliciana, obrera, combativa daba constancia del hombre sencillo y responsable que ha sido – es- a lo largo de este medio siglo de Revolución que es su propia vida.

“A los jóvenes les digo que estudien, se preparen y aprovechen la grandeza del Socialismo, pues gracias a ello tenemos esta provincia hoy llena de escuelas, hospitales, edificios, acueducto y todo lo esencial que necesita una ciudad. Eso lo se muy bien, pues yo sí conocí a la aldea que era Las Tunas y la altura que tenía el marabú por estos alrededores”, enfatiza Caraballo, quien es una memoria viva del Socialismo, ganó con amor e incontables de desvelos  muchas condecoraciones y se hizo Licenciado en Ciencias Sociales entre las apuradas agujas del reloj y el sudor de muchas horas extras. Y todavía, enhorabuena, tiene el compromiso de seguir luchando.