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Un corazón de letras bien hechas 

Por Graciela Guerrero Garay 

El día exacto en que lo conocí no lo recuerdo. Solo sé que en los más de 30 años en que compartimos emociones, mortificaciones, alegrías, impaciencias y tertulias propias de una redacción ha sido siempre el mismo: el más enamorado de esas cuartillas que, venciendo miles de obstáculos y tirando una que otra al cesto de basura, llenaron por años nuestro diario 26 y, después, el Semanario. 

Esta pasión no sé si compararla con la pelota, su otra eterna novia. O con cuanta tarea se le diera o gestionara por sí mismo. El Charro es desde pequeñito un amante fiel y emprendedor del mundo de las letras. Un día contó a un colega – porque confieso que para esta entrevista no le pedí permiso – que le encantaba una asignatura llamada Lenguaje y durante un curso que matriculó, por el lejano año 1962, sobre Administración Industrial, ganó el aprecio del reconocido Doctor Francisco Alvero Francés, miembro honorario de la Real Academia de la Lengua y Catedrático de la Universidad de La Habana, quien le nombró Jefe de Redacción de un boletín mensual de la escuela. 

En aquellos tiempos trabajaba en el tejar Simpatía, del municipio Abreus, en la actual provincia de Cienfuegos, escribía sobre José Martí y se hacía popular entre el grupo por sus relatos sobre lo sucedido en meses de vacaciones. De allá viene también su primer nota sobre el quehacer deportivo, donde Juan Emilio será siempre el artífice de la historia de este espacio fijo del periódico local y el termómetro de la opinión de los tuneros, pues casi ningún evento del deporte en Las Tunas se ha podido escapar de su olfato, sus teclas ni su experiencia. 

Sencillo, honesto y siempre fiel a sus ideas y sentimientos, fue mi maestro en ejemplo, consejos, tutelaje y disciplina. Respetar su voz nunca fue miedo de los “novatos” a los “decanos”, sino una lógica de afectos y reconocimiento a un amigo y compañero que estaba ahí, presto incondicionalmente, a levantarte, llevarte de la mano, darte una sacudida o señalarte una mancha con sana cordialidad y talento vivo. Atesoré desde el inicio su amistad y estar entre los primeros a los que mostró cómo coger bien la pluma y colocarla en el justo y único lugar donde cabía. 

Ahora acaba de regalarnos otro tesoro: el primer libro que se edita en Las Tunas sobre “Apuntes para la historia de la prensa tunera”. Noventa y una páginas valiosas y llenas de ese desvelo de Juan por desempolvar archivos y dejarles a “sus muchachos” un oasis donde conocer este retablo tan vital y necesario de las memorias de la provincia. Porque, aunque parezca un rapto abrumador de egolatría, el diario 26 y sus antecedentes, su homólogo digital, sus boletines y cuanto se haga en papel o lenguaje virtual a partir de la raíz, es una parte inquebrantable de la cotidianidad, la identidad popular y el acervo de la cultura que nutre avances y retrocesos de nuestra vida en común. 

Y digo acaba de regalarnos, no porque esté recién salido de la imprenta, - su tirada oficial aconteció en noviembre del pasado año -, sino por el carácter de prominencia que tiene y no podrá borrarse con el tiempo ni el polvo de los estantes: guarda el momento histórico de cada hecho relacionado con el nacimiento del diario 26 y eso lo mantiene fresco y novedoso a quienes busquen la verdad sobre el acierto, el detalle de cada hito y transformación del rotativo, la credibilidad contra el rumor o la duda y, por encima de todo, trae el calor humano de su esfuerzo, el ahínco impulsor del pueblo y  esos “partos” genuinos que suceden cuando de crear y hacer periodismo se trata. 

Será esta su vigencia permanente y despertará agradecimiento en todos cuantos se asomen a las ventanas del periodismo, local y nacional. El Charro vuelve al empeño saltando sobre los retos de sí mismo y con una salud que ya no es tan de hierro como la que le acompañara en aquellos amaneceres cienfuegueros, en que se hizo colaborador de la emisora Tiempo. O la que le distinguía cuando escribió, en 1964, para el periódico Ahora, al regresar al oriente como trabajador del MICONS. Lejos está aún el día en que se abraza para siempre al mundo reporteril en los predios tuneros. Viene aquí como administrador de Cerámica Roja. 

LAS BOTAS EN RADIO PERIODISMO

No creo que Juan crea en el azar, pero su vida profesional como periodista no la inicia en el periódico. Radio Circuito, como se llamó en principio Radio Victoria, fue su primer escenario de combate formal. Sucedió en enero de 1967, en tanto se desempeñaba como oficinista en Cerámica Roja y fue seleccionado el mejor Corresponsal de la emisora. 

Entonces le pasó como a mí: siente la mano conductora de los colegas Florencio Lugones y Eddy López, a quien reconoce como su maestro en su formación de narrador deportivo, como a Gallo, mote cariñoso y de respeto que la generación que hoy anda de duendes sabios en las letras tuneras dieron a Rossano Zamora Paadín, director de El Trabajador y fundador de la prensa revolucionaria en Las Tunas, como cita en su libro. 

Muchas anécdotas e historias tiene Juan en su agenda. Pocos son los temas en que ha dejado de anotar sus letras, incluso, hasta una musa poeta y cantautora tiene en la mochila. A su hijo, el trovador Norge, no le viene de gratis su amor por la música ni la maestría del canto. En su papá encontró la herencia y muchas inspiraciones, a tal punto que ha musicalizado algunos de sus poemas, aunque él diga que es al revés. Lo cierto es que este periodista que identificamos como un excelente comentarista deportivo canta y fue un triunfador pelotero en sus años infantiles. 

NUNCA DESCANSA 

Incansable, así le recuerdo en todo momento. Luchador y trabajador siempre. Cuando una vez me contó que fue limpiabotas y vendedor ambulante de tamales, lechón asado, flores… y un bravo en el terreno defendiendo su equipo y enfrentándose a los árbitros, le dije que no le creía. Era casi imposible en mi mente asociar a un colega de su calidad y entrega con un pasado tan brutal, pero él lo simplificó como un lead capsular: esa era la vida de los tuneros en aquella época, por eso esta Revolución hay que defenderla. Me conozco a Las Tunas de punta a punta, como los terrenos deportivos.

Ahora, cuando aceptó la jubilación por los años intensos de labor y los problemas de salud, este libro que es un guardián junto a mi computadora me hizo volver sobre un viejo texto que tenia en mis archivos desde los tiempos en que presidí la delegación de la UPEC en el periódico y le conformé el expediente para el Premio José Martí por la Obra de la Vida, del que ha sido finalista por años y merece muy bien en el amplio Curriculum de Juan Emilio, donde la misión internacionalista en Angola, los muchos premios nacionales y provinciales, las medallas y distinciones, su superación constante y la participación en eventos internacionales me harían llenar tantas cuartillas como reconocimiento, respeto y cariño le profesa el pueblo y todos sus colegas. 

En fin, que El Charro es mucho Charro y combate muy bien en el escenario de los medios de comunicación, en los que cumple ahora 50 años de trabajo y está en el historial de unos 40 como destacado colaborador. Por eso, amigo, te debía esta entrevista y decidí robármela de esa carpeta de méritos y sacrificada entrega con la que enorgulleces las filas de quien será siempre tu diario 26. No te pongas farruco, Maestro, pero se que tu modestia alcanza para rechazarme la propuesta y recomendarme otro tema como más importante. O me dirías, simplemente, “no he hecho más que cumplir con mi deber”, como lo has dicho millones de veces sentado en tu vieja máquina de escribir, en la computadora del Salón de Redacción o los pasillos del Semanario. Eres así, todo un corazón de letras bien hechas.