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Por Graciela Guerrero Garay

No es una utopía imaginarte ahora, cuando el día 6 pudiste cumplir 79 años, con tu sonrisa franca y sencilla humildad recorriendo la Isla para estrechar las manos del obrero, señalar un error, apuntalar un éxito o participar activamente en la batalla económica que libra tu Patria, cual el mismo guerrillero que desembarcó en el Granma en 1956 o dirigió la columna Antonio Maceo, la primera en abandonar la Sierra Maestra para contribuir definitivamente a la libertad de los cubanos y derrocar la dictadura de Batista.

Nunca será un falso halago recordarte como el más popular de los “barbudos”. O nombrarte eternamente el Héroe de Yaguajay, otra batalla decisiva en el albor de la lucha armada casi a las puertas del triunfo victorioso del Primero de Enero. Ganaste peleando y de manera ejemplar tus grados de Comandante, aquel 3 de abril de 1958 cuando de manos de tu amigo y compañero de ideas, vigilias y sueños, Fidel, quedaron para siempre en tus hombros y en el corazón de tu pueblo.

Este 6 de febrero, Camilo Cienfuegos, tu nombre volvió a despertar agradecidos recuerdos y homenajes. Hay cosas y hechos que no los borra el tiempo. Tu talla de revolucionario es talismán en estos momentos también decisivos del combate. Y esa frase que te inmortaliza en nuestra historia resonará de oriente a occidente: Vamos bien, porque en tu tierra, por suerte, hay muchos Camilo. 

El hondo mar, como la victoria, serán las estrellas del presente y el mañana. Naciste en el mes del amor para quedarte. En los días y las noches, la luz de tu estirpe será guía. Cuba, cubanos y tuneros, seguirán tus huellas, Comandante. No viste tu obra, pero las palmas tendrán infinitamente el brillo omnipresente del valor de tus acciones.