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Por Graciela Guerrero Garay

Andan de prisa por llegar primero al lugar previsto. Se cuidan el bigote recién pintado o el traje adornado de encajes, que hace juego perfecto con el balde y el aro. Por allá, de la mano de su papá, llega una muñeca negra y unos jinetes esperan a que los caballos tengan bien puesta la montura. La Bandera ondea, en su asta, anunciando que nadie puede equivocarse: la Patria de José Martí está en vigilia, hoy  es 28 de Enero y el hombre que cayó de cara al sol luchando por la independencia de Cuba es dueño de todo este homenaje.

En la casita de la calle Paula, en La Habana, nació hace 158 años el más universal de los cubanos. Esa sensibilidad humana, poética, erudita, impregna  de patriotismo la ciudad y se respira un halo especial, que une y conmueve la mañana  de este viernes de tradición y memoria. Desde el amanecer todas las luces se han prendido para hacer lúcido y peculiar el desfile martiano. Lo común del suceso no neutraliza la elegancia ni el amor.

Las niñas y niños son los primeros en estrenar la lozanía de sus versos. Por aquí, en la calle Vicente García, en el mismo corazón de Las Tunas, camina el Ismaelillo. De pronto, se asoma Bebé y Nené Traviesa. Pilar sale para dejarnos la certeza de que siempre estarán guardados en un cristal Los zapaticos de Rosa. Y por allá, frente a  la Plaza Martiana que le enaltece cada día, anda el leopardo, la rosa blanca y alguien bien pequeñito lleva en sus manos una flor para su amiga.

Es su obra, ora en versos, ora en prosa. Es su ideal hecho sudor y verde olivo en más de medio siglo de combate y azada. Es el pueblo que hizo humanidad desde su liderazgo en las filas del primer Partido Revolucionario Cubano. Es el calor que dejó a su paso por la unidad latinoamericana. El frenesí por alertar del monstruo imperial donde vivió también y desnudó sus entrañas. Son los tuneros, a la par de todos los cubanos, que salen a desfilar para fortalecer esa virtud que lo perpetua sobre la muerte y el tiempo.

A la vanguardia en la marcha extraordinaria por el día de su natalicio, niños y jóvenes  convergen con todas las generaciones que bebieron de su inagotable fuente de sabiduría y espíritu de lucha revolucionaria, de libertad y decoro.  Hoy es 28 de Enero y la ciudad se fortalece en las ideas que, cual estrellas de este momento histórico, definitivo como la manigua redentora, multiplica la corneta mambisa, galopa y llega tan lejos como están los restantes municipios tuneros, porque  aquí, como allá, todos salen a rendirle homenaje y reconocer al hombre bueno y excepcionalmente cubano que fue y será en el corazón de los cubanos José Martí.