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Las llaves de la verdad

Por Graciela Guerrero Garay

Acabo de presenciar una escena que me remontó a las cárceles de los Estados Unidos, al tiempo que reviví palmo a palmo la frase y la foto de una niña de cinco años que conmovió al mundo, al menos a los seres que todavía se les puede llamar humanos en todas las acepciones del léxico. Su nombre es Ivette  González Salanueva. Para ese entonces corría el año 2003.

La escena que descubren mis ojos no es casual. Marlen nació hace tres meses y su papá se encontraba prestando servicios médicos en la lejana África. No pudo compartir con la esposa el embarazo ni el nacimiento. Empero, ahora, que llegó papá y la carga, no lo siente extraño. Sus manitas se estiran todo cuanto pueden y le acarician los pelos de la barba, tantean. Los ojillos vivaces y achinados miran fijos a los del hombre que la cala muy profundo y en los cuales se cuajan sendas lágrimas que no llegan a caer.

La mente es como un cofre sagrado. La mía se abrió de pronto y me llevó al relato periodístico que leí en Granma Internacional, bajo la rúbrica de Jean-Guy Allard, con fotografías de Ahmed Velázquez. Narraba, con toda la dimensión que encierra el hecho y franca objetividad, como privaron de reencontrarse con su pequeña Ivette a René González, uno de los CINCO cubanos que aún permanece en cárceles de Estados Unidos injustamente acusado de terrorista,  ante el repudio de la opinión internacional por el manipulado proceso judicial de que ha sido víctima en ese país, junto a sus compañeros Gerardo, Ramón, Antonio y Fernando.

No traía la cámara fotográfica para grabar el momento. Familiares y amigos quedamos consternados. Es aberrante subestimar el valor humano de una escena así. No creo que exista pecado en la tierra que merezca de castigo alejar a un hijo de su padre, porque la inocencia de un bebé, la fuerza del cariño y el poder de la sangre  son los que se ultrajan, so pretexto de que el presunto culpable lo merece. Esta es otra condena más que el odio visceral contra Cuba ha impuesto a estos hombres, que no son terroristas como quiere hacer ver el imperialismo yanqui. Son exactamente lo contrario: son Antiterroristas.

La llave de la verdad rueda por todo el orbe. La mafia enfermiza y contrarrevolucionaria de Miami sacó sus patas peludas para distorsionar evidencias y manipular acusaciones, pagar campañas mediáticas,  confundir y tergiversar la esencia de la única culpabilidad de estos CINCO compatriotas: alertar a su nación, Cuba, de los planes terroristas que se gestaban contra su pueblo y de los propios ataques a que, disfrazados y con el cuño de ese gobierno que dice darle democracia a los suyos, iban a ser sometidos los norteamericanos, pero diablos del diablo,  USA los envuelve “tan bonito” que la ciudadanía se cree la artimaña y levanta el dedo hacia donde ella la empuja.

El ataque a las torres gemelas de New York, las revelaciones recientes del sitio Wikileaks y hasta el atentado en el octavo distrito de Arizona contra la congresista Gabrielle Giffords, durante un acto político y donde murieron  asesinadas 6 personas, incluidos un juez federal y una niña de nueve años, demuestran  que la violencia y el terror no son ajenos a ese gobierno que se hace sordo a la justicia y a los millones de voces que defienden la verdad, exigiendo la liberación inmediata de los CINCO.

Y después, para colmo, le molesta y acusan de acólitos del gobierno cubano a quienes llaman las cosas por  su nombre, saben distinguir entre la peste y el mal olor y defienden que una niña como Ivette tenga derecho a disfrutar de su papá, tal como dice la ley de Dios y de los hombres. Nada es eterno. Los gobernantes de los  Estados Unidos de América tomarán su sopa amarga. El terror engendra terror. No dejen que los confundan.

Esos ocho años que tuvieron separados Ivette y René, sin contacto directo alguno, más temprano que tarde ajustarán cuentas a los culpables. La exclusión de la madre, Olga Salanueva, de esta primera visita contará en los anaqueles de la historia universal como otra ignominia más del poder imperialista. Los archivos siempre tendrán la foto de la niña reclamando a papá. Es demasiado cruda la verdad y extraordinariamente infame la injusticia para caer en el olvido. Las memorias del terror y el verdadero terrorismo humano que escribe hoy el gobierno de los Estados Unidos con el caso de los CINCO y las guerras en el Medio Oriente serán una sombra eterna que los perseguirá por los siglos de los siglos. El pueblo norteamericano se mueve desde adentro y demuestra entender que vale más mirar la paja en ojo propio que en ajeno.