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Por Graciela Guerrero Garay

La sociedad es como una familia. No diría ni grande ni pequeña, porque familia, con todo en regla y en pura esencia, es única, sea blanca, negra, parda, conga o carabalí. El proyecto socialista, en principios, defiende y condiciona caminos para que así sea, funcione, retroalimente y desarrolle. Pero  la familia es un conjunto, no un elemento.

Cuando se habla de unidad, como yo lo veo, no es obligar o inducir a que todos pensemos o seamos iguales. Sino, desde la diversidad y la individualidad, conciliar el criterio más inteligente, que reporte beneficios colectivos, mayoritarios, tolerantes y funcionales. Un balance conceptual o práctico que implique ganar-ganar y donde cada miembro tenga un pedacito representativo de lo que se trate, ya sea en lo material o espiritual.

Lo traduzco como la ética del derecho participativo, y en asuntos sociales es encontrar de alguna manera reflejadas mis ideas, deseos, anhelos, bienestar propios y de los demás que formamos el conjunto… Por eso es importante razonar y no cuestionar, más en momentos donde nos estamos replanteando el mejoramiento, gradual, táctico y estratégico de nuestras  vidas y conquistas revolucionarias, que son bastantes y logradas con el sacrificio de muchas generaciones. No podemos a TODO colgarle el San Benito, sembrar la duda, soltar el rumor, hacerle el rejuego a los que se aprovechan del sudor de cada día.

Hay que tener ojo, mucho ojo,  con los elementos que resultan muy sutiles al momento de usar determinados disfraces para determinadas situaciones. Hay muchos comentarios con los precios, los cambios, la democracia y el papel de las soluciones a las quejas y respuestas de los electores y los lectores de espacios clasificados de los medios de comunicación. Se crea una falsa expectativa alrededor de casi todo lo que nos rodea y valoriza.

Se le está dando una rienda al ego personal que creo no es saludable, en vez de revertir los análisis y mirar hacia adelante, con el optimismo y la voluntad con que siguen trabajando quienes, beneficio aparte de la ley y  las regulaciones, continuaron en pie a punto de jubilarse. Los que multiplican sus jornadas, sin aire acondicionado ni oficinas de cristal, para que lleguen los alimentos. Los que con problemas familiares como tenemos todos, empatan consultas y guardias médicas para garantizar la salud. Ejemplos dignos hay por doquier.

Estas cosas hay que reflexionarlas, antes de hacer eco a las bolas o los análisis parciales, mal intencionados. Hoy, quien tenga lo elemental de lo que acontece en el planeta, sabe de buena tinta que el mundo está  al borde de un debacle bélico o ambiental. El desempleo ataca con crudeza a los países capitalistas, las pensiones se acortaron desorbitantemente en España. Acá, en Cuba, hablamos de proteger a los que, luego de los imprescindibles ajustes de plantilla, queden sin empleo. Y somos subdesarrollados, tenemos serios problemas económicos y hace apenas tres años recibimos el azote de potentes huracanes.

No es teque. No razono para llenar un espacio. Comparto ese sentimiento que todos conocemos cuando algo en la familia anda roto, puede romperse o hay que darle una solución definitiva y rápida.  La sociedad nos necesita ahora, unidos, en las verdes y las maduras. Vale razonar y no cuestionar. No será en vano. Mire a sus hijos y nietos. Ellos están ahí.