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La justicia es coja, pero llega

Por Graciela Guerrero Garay

Si la lupa con que le buscan la quinta pata al gato los detractores del proyecto socialista cubano se la aplicaran así mismos, creo que acabaría ya ese acoso multi-irracional contra la Isla, pues las más de las veces, a mi modo de ver el decursar de los acontecimientos sociales que envuelven hoy los conflictos en Estados Unidos, no hay nada que envidiarles.

Al contrario, sería muy difícil para los cubanos aceptar como posibles las consecuencias que, por ejemplo, sufren en el Estado de Arizona por la aplicación de la Ley SB 1070 que ataca a los inmigrantes de procedencia hispana y pone a la luz el rostro racista que esconde el sistema imperialista, bajo el falso testimonio de que allí hay oportunidades para todos. Incluso contrasta burdamente con las consecutivas convocatorias que lanzan a diario para buscar fuerza de trabajo en otras partes del mundo.

La decisión de quitarle a los mafiosos de Miami, que en definitiva son los que han vivido del cuento de la “buena pipa”, la emisora y la televisión Martí, recuerda el viejo refrán de que “la justicia es coja, pero llega”, y denuncia sin equívocos que empezaron a tomarse su propia sopa amarga. Veremos a partir de ahora de que cosa se arreguindan para desacreditar a Cuba, pues desde adentro reconocen, incluso la prensa más recalcitrante, que la vida se hace insoportable e insegura para los propios americanos.

Acá las viviendas no tienen el deslumbramiento de los rascacielos de cristal – aunque hay muchas en muy buen estado y apariencia elegante a lo largo y ancho del país  – y lo común es que convivan en apartamentos hasta tres generaciones de la propia familia, apretados y modestamente, pero no las pierden porque quebró el dueño o no se pudo pagar el crédito bancario. Siempre hay una alternativa para salvar a esos cubanos de convertirse en nómada de la noche a la mañana, aún cuando el Estado tenga que asumir alguna pérdida. Bueno, ahí están las Damas de Blanco y los llamados presos de conciencia: sus bienes materiales siguen intactos y se les decomisa, con toda dignidad y derecho, lo que mal utilizan en sus intentos de dividir y quitarnos la paz que nos asiste.

¿Racismo?... eso promueven las campañas difamatorias y levantaron todo un escarceo sucio  cuando se pidió incrementar a distintos niveles la cifra de mujeres y negros en las nomenclaturas del gobierno. Sin embargo, en el único lugar donde la raza negra llega a donde quiera llegar como ente social e individual es aquí. Jamás se le ha vetado ningún derecho de “los blancos” por el color de su piel. La exhortación pública a promoverlos a puestos de dirección más participativos es, justamente, para reconocerles la virtud y mantener en equilibrio la diversidad racial que existe en la Isla, dignificada desde el triunfo de la Revolución.

El patio de mi casa no es particular, si llueve se moja como los demás…dice una canción infantil que escucho desde niña. Cuba tampoco lo es. Poblada de humanos, la gente porta los arquetipos y biotipos genéticos que existen y, en consecuencia, son mortales y llevan en sí los pecados del ego, las enfermedades del alma y los defectos de la especie. Es lógico, por tanto, que haya corruptos, oportunistas, malversadores, ingratos y hasta tuertos de corazón como en todos lados.

Pero lo hermoso de los cubanos, los que quizás sea una elección y una gratificación especial del genoma, es que la mayoría no es así y nos crecemos en las verdes y las maduras, tiramos para adelante en los momentos cruciales, limamos diferencias en las tragedias humanas y amamos la sociedad que construimos por encima de dificultades, quejas, insatisfacciones y necesidades materiales. Reconstruir el país después de la aciaga temporada ciclónica del 2008, lo demuestra.

Esas son las verdaderas diferencias entre Estados Unidos y Cuba. Sentidos opuestos a los valores éticos que se cultivan, aunque unos los cosechen para bien y de manera auténtica y otros no. El pueblo vale por ser como es, no por lo que tiene. Un delegado del Poder Popular puede vivir en una casa de madera como en una de mampostería, pero tienen la misma pujanza en las Asambleas Municipales para buscarle solución colegiada a los problemas de sus comunidades y atender sus electores.

Leyendo las noticias de la tragedia ecológica ocasionada por la explosión de una plataforma petrolífera en el Golfo de México, que pone a Estados Unidos frente al mayor desastre de este tipo desde el derrame del buque Exxon Valdez en 1989, en Alaska, se me antoja la mayor de las diferencias. Un cable de Prensa Latina, fechado en Washington, dice que “…el Congreso demora en poner la vista en el caso para buscar culpables entre las empresas, e incluso, en el gobierno.” 

Sí, el Congreso, que anula cualquier decisión noble que pueda emitir el Presidente. Una lucha de poder que muestra más y más su cara oscura. Esa llamada democracia que levanta la voz imperial por los menos y trata de cambiar la ruta que no le conviene de la historia de América, llamando dictadura a los gobiernos que tienen, enhorabuena, el control de sus empresas y pueden, ante casos así, aplicar la ley sin que les tiemble la mano, sencillamente, por que es la diestra de las grandes masas y no los bolsillos de quienes se creen dueños del mundo.

El dinero manda, pero la justicia llega. La crisis y los conflictos que sufren los ciudadanos americanos, las puñaladas que le están dando a los hispanos y la sopa amarga que se toman los contrarrevolucionarios y lobos de la mafia miamense son pruebas irrefutables de que al águila imperial le creció la nariz. La parodia de Pinocho no les saldrá bien ni con el fiero serrucho que ultrajan la vida natural de América Latina. El dinero manda, pero la justicia llega. No es cuestión de esperar. Es evidente.