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Mi vecina Susana estrenó su vicera y la Plaza Mayor General Vicente García se llenó de tuneros. 

Un sábado multicolor y propio en calles y plazas

Texto y Foto Graciela Guerrero Garay

LAS TUNAS, CUBA (PRIMERO DE MAYO) -  Amanece. Todavía el sol no se pone dorado en el este.  Simula estar despertando a poquito sus rayos amarillos. Empero, por mis alrededores hay muchos apartamentos con las luces encendidas. Algo sucede sobre lo habitual. En el almanaque que cuelga sobre mi computador está la respuesta: es Primero de Mayo, Día Internacional de los Trabajadores. La plaza Mayor General Vicente García espera a los tuneros.

Miro hacia el Balcón de Susana, mi vecina de los bajos.  Desde anoche, estrenó la visera de cartulina que le hizo Alejandrito, su hijo, para ir al desfile.  Zalamera como es, buscaba el consenso de un piropo de puerta en puerta por toda la escalera. Yo sabía también que había más que ese deseo.  Quería mostrar lo bonita que le quedó la iniciativa a su chico. En casa de Mariceli, mientras televisaban la novela de las nueve, dejaban listos sobre la mesa las pamelas, gorras y banderitas cubanas que llevarían a la marcha patriótica.

Cada familia ponía a punto algún detalle. La decisión era la misma: llegar a la hora prevista a los puntos de concentración establecidos por sus Sindicatos. Una disciplina que por años se fortalece y deviene placentero deber. El sol ya “espabiló” a muchos de sus tentáculos de fuego y empieza a bañar de luz el vecindario. Otras bombillas se suman al amanezco de los más madrugadores. Algunas que otras voces infantiles rompen el silencio sabatino. Son las 5 y media de la madrugada en el oriente de Cuba.

Como un ritual en cadena, las puertas de los apartamentos se abren y cierran casi al unísono. Por la acera, la gente empieza a darse los “Buenos días” y a invitarse para compartir luego en la fiesta proletaria que acontece al terminar el desfile. Los tuneros son alegres por idiosincrasia, familiares y solidarios en grandes y pequeños momentos. Cubanos al fin, de cepa pura. El barrio es siempre como una gigante casona maternal. Igual sucede en los centros de trabajo. Hay un afecto real, un hermanamiento que muchas veces es tan fuerte o más que los vínculos sanguíneos.

Miles de tuneros ya están en los alrededores de la Plaza, engalanada y lista para acogerlos en este convite proletario que es confirmación de unidad y compromiso  con sus gremios laborales. Respaldo a la Revolución, confianza en que vamos despacio pero seguros hacia el mejoramiento de nuestra sociedad. El futuro de todos, en paz, independiente y soberano.

Despertó la mañana primera de mayo, Día Internacional de los Trabajadores. Comienza el desfile. Brotan las consignas, los ¡¡¡¡¡VIVA LA REVOLUCIÓN!!!!! Es linda y emocionante esta marcha patriótica, combativa, popular y gigante. Estamos casi todos. La mayoría que construye puentes por encima de los ríos revueltos. Es la fe de los que aman no para sí, sino para que el sol siga dorando todos los rincones y pueda pintar de amarillo un corazón enorme, invicto, latente y rojo. Es la sangre del pueblo. Es Cuba desde siempre.