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Perfecto amor, Mamá

Por Graciela Guerrero Garay   Fotomontaje: Chela

Te agigantas en el tiempo cada día más. Minutos devoradores que simulan tragarte entre los sacrificios cotidianos. El trabajo, la casa, los compromisos sociales, las amenazas de guerras biológicas, naturales, rabiosas, usurpadoras. Pero tu amor está ahí, con la ternura virgen, con la candidez del embarazo, con la ilusión de mujer enamorada. Semilla fértil que riega tierra y mar, multiplicada y fuerte.

Mamá, siempre orgullo, amor perfecto. En mayo, en cualquier mes, en cualquier plaza, en cualquier sitio. Con ese don de hacer de los hijos de otros tus propios hijos. De llorar y reír ante descalabros y victorias. De cultivar una semilla con el mismo coraje que apuntas a la diana en un campo de batalla. Dispuesta a querer por encima de los desencantos. Decidida a zurcir con hilo nuevo el agujero negro de la vida…en tu Patria, en América, en África, en los mapas e islas apenas perceptibles.

Eres así, única, para suerte de todos. No es un mito asegurar que la existencia pierde el rumbo ante tu ausencia. Y aún después, en los silencios del recuerdo, salvas porque enseñaste a crecer en momentos precisos. Este domingo llega tu Día y siento que faltan las palabras, los gestos, los besos y el cariño para llenarte a la medida. No importa, nunca hemos podido ni podremos. Tu talla maternal es exclusiva.

Te amamos, Mamá. Dale ahora y para siempre la connotación exacta de las sílabas. Acéptanos la admiración y el respeto a tu pureza. Perdónanos las perlas que hemos arrancado a tus ojos. El fuego que hemos puesto en tus mejillas, las callosidades de tus manos… y déjanos eternamente tu regazo para descansar en el oasis de lo más esencial de los humanos. ¡Felicidades, madre, Felicidades! Gracias por tu perfecto amor y este primogénito regalo de andar por lo hermosamente infinito de tus huellas.