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La familia jamás puede ser reemplazada en la responsabilidad que tiene con sus miembros más jóvenes. El dogma que testifica que “la educación empieza en la cuna…” hay que potenciarlo. La sociedad influye, pero la virtud, el compromiso, la educación y la asunción de una conciencia colectiva, ciudadana, convencida, convincente y coherente con los patrones, ideas, principios y preceptos del hombre se cultiva dentro y desde el primer día.

 

 

Por Graciela Guerrero Garay   Fotos: Lloansy Díaz Guerrero

 

Para Yelaine Martínez, estudiante de la Facultad de Periodismo de la Universidad de Camagüey, el desarrollo de posturas negativas recae, entre otros factores, sobre el hecho de que se aplauden, aceptan y “hasta parecen populares”. Ella, joven también y sin sentirse excluida del fenómeno social que exterioriza y estereotipia ciertas manifestaciones de la juventud en estos principios de siglo, percibe que muchos se sienten tentados a “simular ser” para entrar a un determinado grupo de amigos, escapar de una familia demasiado protectora o, simplemente, para ganar “guara”.

 

 

Las reflexiones de Yelaine no difieren de la otros estudiantes universitarios que, con un poco más de edad, madurez y, a veces, amargas experiencias de vida comprenden – o les hacen comprender- que el “tremendismo” juvenil es dañino de cualquier manera y que el paternalismo tutoral, a largo o mediano plazos, es fuente de patrones errados de actitud y aptitud, generadores de rasgos egoístas, irresponsables y desvirtuadores de los valores esenciales promedios que, como línea personal y social, debe llevar en sí todo ser humano.

 

 

La adolescencia, a partir también de estudios consumados, es para muchos especialistas una etapa de la vida en que se adolece justamente de una personalidad acabada. A este distingo se le acarrean las contradicciones propias de la edad en sí misma y la rebeldía y resistencia a escuchar y aceptar, elementalmente,  cualquier criterio que se oponga a lo que el joven cree normal, ya sea por seguir las corrientes de la moda o el sentido de existir que le “regala” el hogar o la sociedad.

 

 

¿Ellos o nosotros? , fue la interrogante que dejé abierta en la primera parte del tema. Ahora vuelvo sobre los pasos y continúo citando las palabras de esta futura colega: “vivo frente a una ESBU, la Reynaldo Domínguez, y me asombro de las palabrotas que dicen algunos muchachos e incluso, muchachitas. Una persona de mayor edad me decía que es muy difícil escuchar a alguna jovencita hablar de otro tema que no sea de novios, o algo así. Muchas veces la educación que se les da en los hogares no es la más indicada, algunas  familias pecan de desinteresadas, otras de liberales y otras de apañadoras.”

El Licenciado Israel Álvarez Serrano, juez por más de 16 años, testificaba que entre los comisores de delitos tienen un peso importante los jóvenes entre 16 y 30 años. Y detrás del suceso afloran irregularidades en el medio familiar o social, alcoholismo, drogadicción, pobreza, carencia de patrones morales, frustración, sensación de abandono o rechazo y la impulsividad de origen neurótico, entre otros.

 

 

Estos problemas limitan el grado participativo de la juventud en la sociedad,  condicionan la apatía y la mayoría de las conductas chabacanas, groseras, irrespetuosas, tumultuosas y violentas que rompen los códigos morales, la instrucción y la educación que reciben desde la más temprana edad.

 

 

ESPONJAS DEL BIEN Y EL MAL

 

 

El análisis del comportamiento de la juventud, fundamentalmente, lejos de lo que pudiera pensarse, se lleva de manera constante a todos los predios estatales que les son afines. En 1998 el VII Congreso de la UJC develó aspectos hasta entonces exclusivos de puertas cerradas. La FEU reconocía en su VI Congreso, en 1999, que “aún un número importante de brigadas no son un espacio de debate franco y abierto”.

 

Nunca fue desconocido a ninguna instancia que la crisis económica traería aparejada manifestaciones discordantes y riesgos sociales, más cuando niños y jóvenes no son entes aislados del contexto doméstico y estructural de la sociedad. Pero, aún así, no puede catalogarse este fenómeno como reflejo de la mayoría, aunque resalte por encima de lo comúnmente lógico y dialéctico a partir de nuestros patrones conductuales históricos, los valores morales trasmitidos de generación en generación, revitalizados y renovados por el sistema educacional y como política priorizada del proceso revolucionario, desde todos los puntos de vista.

 

En algún momento se nos perdió una ficha, tampoco hay dudas. Y no creo que la cuestión sea cuestionar si la casa o la escuela, ambas se complementan. Pienso con absoluta responsabilidad, que los padres tienen que tomar las bridas de la educación de sus hijos y responder por sus actos desafectos, por mínimos e intranscendentes que sean.

 

Los niños y los adolescentes son una esponja, del bien o del mal. Si usted grita, gritarán. Cuando se habla de “ejemplo” no se está pintando un arquetipo, es un arquetipo. Y la prueba está en que las familias que, no importa donde soplen los vientos, mantienen sus raíces, ejercen la autoridad, exigen con la fuerza de la moral y el esfuerzo, dan el justo valor a lo que tienen y deben a este proyecto nuestro, tienen hijos disciplinados, con resultados docentes, solidarios, educados, respetuosos, sanos de mente y alma y con deseos de dar porque saben lo que reciben.

 

 

Si hay otro bando es porque se ha cultivado con el día a día, debilitado la armonía y sobredimensionado cualquier reto o disyuntiva existencialista. La grosería que se manifiesta en nuestras calles no toda tiene rostro infanto – juvenil. Hay argumentos, cifras, casos y hechos que corroboran que los adolescentes inclinados al alcohol tienen un padre o familiar adicto. Lo mismo pasa con la prostitución, el robo, la chusmería, la bulla, el desgano para afiliarse a una organización política, despreciar una profesión, renegar del campo, subestimar una idea, aplaudir el consumismo, la inmodestia, el ego.

 

MÁS OJOS SOBRE EL ASUNTO

 

En conversaciones con cinco maestras primarias de distintas escuelas, seminternas y no, hubo una arista común en las respuestas: en estos últimos años los alumnos son más inquietos, muchos se distraen con mayor facilidad, las tareas denotan falta de estudio o, simplemente, no se hacen. Y “muchos problemas”, es el tema recurrente en cualquier contacto con la familia.

 

 

En la enseñanza secundaria el tema se complica más. Las transformaciones del sistema de enseñanza requieren, obviamente, más dedicación de docentes y educandos. Han sido tiempos de grandes tensiones para el sector de la Educación y el déficit de profesores, por un lado, lo novel de otros tantos, y la readaptación al cambio de los más, también dejan sus aguaceros en el asunto.

 

 

Daymé Suárez Linton, una profesora con experiencia, resultados y trayectoria como directora en la Enseñanza Media, aseguraba que la familia ha tenido que afrontar serias y variadas complejidades en estos últimos tiempos y que todo eso se refleja en la actitud de los estudiantes. Sin evadir la responsabilidad escolar, educativa e instructiva de la escuela, deja sentado que no siempre las conductas inadecuadas puede resolverlas el profesor sino hay una interiorización y un apoyo consciente de los padres.

 

 

Por demás, me argumenta un profesor de Educación Física, es que la mayoría de las indisciplinas sociales que cometen los jóvenes suceden fuera del periplo de la escuela. Y ponía énfasis en la recurrente “tiradera de piedras, juegos de manos, malas palabras o pleitos tanto entre hembras como varones”, al tiempo que destacaba que la indiferencia social a estos hechos es total. Ya nadie regaña a un muchacho, tiene que ser que lo conozca, concluyó.

 

Indistintamente, sobre este particular, preguntamos al azar a 15 personas, de ambos sexos, mayores todas de 30 años, y sus afirmaciones dieron razón a Jorge López. “Yo no me meto, eso es buscarse un insulto o un problema con los padres”, fue el común denominador en la respuesta de todos.

 

 

¿CAMISAS DE FUERZA O LA HOJA DE LAUREL?

 

 

La diversidad de proyectos de vida, de ideas que hoy conviven y generan los individuos, nos obligan a buscar alternativas para fortalecer nuestra sociedad en la que queremos que predomine la armonía, el respeto y el compromiso social entre sus miembros,  dice la doctora Natividad Guerrero Borrego, del Centro de Estudios sobre la Juventud, en su investigación La juventud cubana y sus perspectivas. Estado actual de las investigaciones sobre Juventud.

 

Como un duende, mi recurrente pregunta vuelve a la cuartilla: ¿ellos o nosotros? No se trata de yo ordeno y mando – trata de explicarme el viejo Víctor Molina, padre, abuelo y tatarabuelo de una generación de “gente decente y trabajadora”, como él enfatiza. La autoridad paterna decide el futuro de los hijos y la familia. Desde chiquitos los enseñé a trabajar. Los que nacieron antes de la Revolución, se hicieron profesionales después, con la Revolución, pero trabajaron siempre y mantuvieron a sus esposas e hijos. Los de esta Revolución, dos, estudiaron y uno es ingeniero y el otro obrero calificado. Mis nietos todos tienen algo útil, técnicos, arquitectos, administradores.

 

 

 “Yo no creo el cuento de que la juventud está perdida, la hemos perdido nosotros, que nos quejamos por todo y queremos todo sin esfuerzo y lucha. Yo si los regaño, estas canas hay que respetarlas, pero no me tires foto, yo lo que quiero es que los padres sepan que si se educa bien, buenos te salen”.

 

 

Respeté su voluntad, no hay fotos. Pero como me dijo Galván, un jubilado de las FAR y también con una familia de profesionales respetados y queridos, este es el país de los abuelos. En ellos debemos detenernos un poco los “padres modernos” y no llevar tan prisa la vida, aunque esté montada sobre ruedas, con espinas y flores incluidas.

 

 

Ni camisas de fuerzas ni hojas de laurel. Hay que ser creíble y coherente. La perspectiva de la juventud cubana desde una mirada llena de optimismo, es la de salir adelante, la de alcanzar una cultura general integral incuestionable, hay capacidad en los recursos humanos con que se cuenta para avanzar hacia un desarrollo humano superior, para aproximarnos a mejores niveles de vida.

 

 

No faltarán las dificultades, porque la sociedad es todo eso, lo bueno y lo malo, lo adecuado y lo inadecuado, lo positivo y lo negativo, junto a una gama increíble de matices, eso somos, pero debemos defender este proyecto social que se orienta cada vez más hacia el bienestar de sus miembros, de sus actores, y yo centro las esperanzas en esta juventud que se está formando y que sabrá en su momento hacer estas ideas sostenibles, resalta Natividad Guerrero.

 

La vida está aquí para tener la certeza. Quizás lo ideal, lo que en verdad nos corresponde, es ser más padres y no apuntar tanto para ellos. El índice, ese dedo acusador y crítico, puede que esté sobre nosotros.