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Por Graciela Guerrero Garay

 

 

Nunca he estado en la selva ni he visto un gorila auténtico, pero no tengo ni un ápice de dudas de que el traje de GORILA le encaja a la perfección a Roberto Micheletti, el hombre que se ha convertido en el corto tiempo de tres meses en el ser más repudiable de la tierra, en el año 2009 del siglo XXI.

 

 

¿Se han fijado ustedes como le ajusta el traje a la medida? Creo que este disfraz puede muy bien marcar en los records Güines como la mejor caricatura, facsímil, montaje, fotografía, acuarela, infografía o la técnica que se quiera dentro del mundo de la imagen. Observe bien y me dará la razón. Es un GORILA.

 

 

Hasta uno se convence que a un verdadero mono antropomorfo le han colocado la cara de este ladrón de libertad y democracia, y no que a un hombre le han puesto la peluda y repugnante piel de un ejemplar de esta especie. Es perfecto. Para más, no hay una sola palabra de la definición que traen los diccionarios que impida decir: cierto, ese es el sanguinario y dictador ilegal que ahora mismo en Honduras está llenando todas las calles de Tegucigalpa de horror y sangre.

 

 

Es el violador por excelencia de todos los derechos constitucionales de su pueblo... ¡Y qué pueblo! Un dignísimo pueblo que RESISTE, como pocos lo han hecho en la historia de la humanidad, de manera pacífica, en masas, ignorando los riesgos, aceptando el desafío, unidos en su dolor, en sus ideas, en sus esperanzas, en sus derechos. Sin límites de edades. Hay niños, jóvenes, mujeres, hombres, ancianos, obreros, campesinos, intelectuales. Hondureños todos, todos UNO.

 

 

Es absurdo todo cuanto hace Goriletti, precariamente absurdo. ¿Qué verdad puede silenciar u ocultar cerrando emisoras, atropellando periodistas,  allanando todo lo que tenga voz popular, honesta, veraz? ¿Dónde piensa que va expulsando a representantes de la ONU, implantando Toque de Queda? La humanidad no es ciega, sorda ni muda. Tampoco es porque sí     toda la condena internacional, el apoyo al legítimo mandatario de Honduras, Manuel Zelaya.

 

 

Necios los que crean que se trata de una mera estrategia política, como pretende hacer ver la gran prensa mediática al abordar, cuestionar y condenar, el apoyo que le brindan a Zelaya los gobiernos de Venezuela y Brasil, como el resto de las naciones incluida Cuba. Es una necesidad moral, cívica, ética, social y humanitaria. Enmarcarla solo en el marco político, para mí, es desconocer el genocidio fascista que encierra no la dictadora de Goriletti en sí, sino el precedente que marcará para siempre en la historia de nuestros pueblos y la sobrevivencia en paz de estas generaciones de hoy y las que vendrán.

 

 

El imperialismo se sostiene sobre dos pastillas de jabón, no solo por la crisis económica que lo sacude y se agarrará de cualquier cosa por mantener su supremacía, pero ya – aunque no se diga – no puede desconocer que su sociedad le ha visto la “pata cruel”. Y eso, es ya el germen primario para infinitas consecuencias en asuntos de sociedad, cambios y demandas. Todo es cuestión de tiempo.

 

 

Los gobiernos títeres ya se les fueron de la mano en América Latina. Un golpe de estado ilegal, intimidador, prepotente, ambicioso y terrorista como este en Honduras le viene como anillo al dedo para dejar abierta la puerta del caudillismo y la colonización al estilo de la “nueva era y los estilos modernos”. Aquí siento yo el poder infinito y aleccionador de esa frase que ya se vuelve histórica: HONDURAS SOMOS TODOS.

 

 

Micheletti es un gorila. Nació gorila y morirá siendo gorila. A nadie le queda tan perfecto un disfraz si no lo viene de raíz a su figura. Pero yo, desde el escaño que me toca, creo que los pueblos y la gente buena, la que lucha desde sí y no para sí, debemos ir pensando en encontrar sus clones en la selva endemoniada en que habita. Si es cierto que un solo golondrino no hace verano, hay más gorilas sin traje en esta jungla perversa que este Goriletti sin entrañas quiere convertir a Honduras.