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El cielo de las palomas blancas

Por Graciela Guerrero Garay

 

Seguramente este domingo 20 el sol bañará con intensidad dorada la Isla de Cuba. Los pronósticos lo auguran. Incluso, un comunicado del Instituto Cubano de la Música anuncia que las instituciones especializadas recomiendan el uso de gorras y sombreros para protegerse, pues las mediciones de temperatura en los alrededores de la Plaza de la Revolución José Martí, en La Habana, marcan entre los 32 y 33 grados centígrados.

 

Ya imagino tanta cubanía, preñada de alegría y admiración, de solidaridad y gratitud. Los cubanos somos elocuentes en compartir y entregar amor. Ese mérito de pueblo nos pertenece y lo hemos demostrado. Eso es lo que molesta y llena de impotencia a quienes, en el norte brutal y la Europa de las apariencias, provoca espasmos estomacales a quienes no resisten la felicidad desde adentro, ¡Se acostumbran tanto a la felicidad de las gomas de mascar, tan vacías y plásticas a los primeros mordiscos!

 

Lo cierto es que La Habana brillará, con su malecón latino, por el archipiélago entero. Los cientos y cientos de habaneros volverán, como siempre sucede cuando es necesario, a cantar, brincar, aplaudir, sudar, bailar y cantarle a la paz y al mejoramiento humano por los millones que somos a lo largo y ancho de esta caribeña geografía, abierta al mejoramiento humano, firme a sus convicciones, dispuesta a colaborar con gente noble y sencilla como Juanes, Olga Tañón, Danny Rivera, Cucú Diamante y Yerbabuena, Juan Fernando Velasco, Jovanotti, Luis Eduardo Aute, Miguel Bosé, Orishas, Silvio Rodríguez, Amaury Pérez, Carlos Varela, Víctor Manuel, X Alfonso y los Van Van.

 

La Paz sin Fronteras, símbolo de amor también en los pulóveres blancos que vestirá la mayoría. Artistas que unen sus naciones en una sola voz, gratis, sin pensar en su fama o en el menudeo del bolsillo, o lo que puedan crecer sus cuentas bancarias. Puerto Rico, Venezuela, Colombia, Ecuador, Italia, España y Cuba devenidos un nuevo continente de esperanza para los hombres de la tierra. Un saludo sin límites geográficos o idiomáticos al Día de la Paz, que se celebra el lunes.

 

Cada artista con su país en el pecho. Unidos. Fraternos. Diciéndole en rodemifasolasi

al planeta que la música es un derecho de libertad y autonomía, del que deben disfrutar los seres humanos sin aristas políticas ni barreras ideológicas. No es cantarle al comunismo, como declararon los insípidos seguidores de la mafia en Miami, los “inteligentes” que creen que rompiendo CD y cacareando sandeces ridículas pueden callar el sentir de los pueblos.

 

Ya lo dijo el poeta y ha quedado el verso: “…hay que tener alma para verla…” Los que reniegan de la paz, los que ensucian el suelo que pisan con sus zapatos podridos, los que tratan de mutilar el arte y la cultura ya sabemos los latinoamericanos de que material tienen las vísceras. Este concierto de mañana en La Habana, Cuba, no es nuestro, es del mundo. Infelices aquellos que se perderán tan buena factura musical.

 

Los cubanos llenaremos el cielo de palomas blancas. Y como aquella canción emblemática de Somos el Mundo, que también otro grupo de cantautores nos regaló para siempre, en un acto similar de bien público y altruismo histórico… como aquellos Festivales Internacionales de la Música en Varadero, que unió a tantos bajo el escudo del amor, este concierto de Juanes y sus amigos, esta voz alta por la Paz sin Fronteras, pasará a ese libro hermoso que se lee con el corazón y se escribe con la nobleza propia de los hombres y mujeres dignos de sí y conscientes de que el arte es el pan de la vida.

 

Y todo ser vivo, piense, viva y sueñe como le venga en gana, habite en la selva, el llano o la montaña, le asiste la legitimidad de degustar el pan. Ignorantes aquellos que se auto mutilan tal derecho. Cuba será este domingo la tierra de la paz. Y, como cada día, compartirá con todos el honor que sabe conservar con alegría, sudor y vergüenza.