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Los bronceados tienen otros colores en Cuba

Por Graciela Guerrero Garay  Foto: Norge Santiesteban Vidal

Muchos creen todavía que defender a Cuba es una fiebre diabólica e instrumentada. Otros afirman con dientes y uñas que los periodistas tenemos miedo a enfrentar la verdad y evitamos temas que hacen eco de los ruidos de esos insulsos que solo piensan en sí y se venden como elegantes “pastelitos” con sabor  a derechos humanos, dentro y fuera de la Isla.

Pero hasta un ciego y un sordo con un poquitín de vergüenza y alguna vivencia real de otras naciones, tiene que notar la diferencia. Este país con sus millones de problemas y miles de insatisfacciones es un verdadero paraíso. No ese paraíso ficticio que pintan para degradarlo. Sino este, donde habita un pueblo sencillo, con nuestros modos propios y buscando todavía innumerables caminos nuevos para consumar sueños y consolidar metas, en todos los sentidos.

Lo cierto es que mientras en casi la totalidad del universo la gente se asfixia en medio de una crisis que diariamente les pone en peligro la supervivencia, aumenta el terror en las calles,  les quita la seguridad de empleo, vivienda, atención médica, incrementa impuestos y siembra la inseguridad por doquier, fundamentalmente en los sectores vulnerables y añejados bajo las antiquísimas reglas del juego de poderosos y pobres, de muy cultos y muy analfabetos, de robustos y débiles, la isla caribeña encuentra siempre una salida digna, equitativa, mayoritaria, para que su gente emerja con garantía entre las tinieblas de este re saqueado mundo de luchas de contrarios y apocalipsis social.

Ahora la noticia más recurrente frente a la crisis económica es el desempleo. Y aún cuando las fuentes de empleo no sobran aquí y se han tenido que hacer necesarios y curativos ajustes, por desordenes viciados en asuntos de plantilla laboral, horarios de trabajo, aprovechamiento de las jornadas y a favor de la eficiencia y la eficacia, nadie queda ni ha quedado en la calle jamás, incluso ni cuando los álgido años del derrumbe de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

Lo mismo pasa con las viviendas. Hay carencias en altas cifras, muchas en mal estado, otras inconclusas, pero los llamados “desalojos” del que tanto cacareo forman los llamados “periodistas independientes” en la gran prensa mediática y los blog que se encargan de envenenar el ciberespacio con notillas de  evidente sentido contrarrevolucionario, suceden cuando la ilegalidad de sus supuestos inquilinos raya ya con el elemental respeto al orden público y la obediencia legal.

Y sobre estos temas, razones y argumentos sobran para marcar la diferencia. Lo mismo sucede con este verano 2009. Hay austeridad, el Campismo Popular sigue en la primera oferta para la familia, se han habilitado las playas y los ríos a pesar de todo el desastre que en asuntos de pérdidas y destrucción de instalaciones causaron los ciclones del pasado año.

Y lo más esencial, lo que siempre es invisible a los ojos y el alma de los que no aceptan las maravillas de esta Isla, es que los jóvenes y los niños darán su aporte en importantes labores productivas y sociales durante sus vacaciones, de manera voluntaria, disfrutando al mismo tiempo de actividades recreativas tras limpiar sus escuelas, sembrar un árbol, desyerbar cultivos, poner un ladrillo, visitar a una adolescente embarazada, detectar focos de mosquitos tipo Aedes…en fin, ser útiles a su localidad, sí mismo y a una sociedad que, sin tantos lujos, farándulas, ciberruidos y candilejas les garantiza lo mínimo indispensable..No a los hijos de fulanito o menganito…sino de Pepe, Mario, Flor o María Candelaria…viva en el monte o la ciudad, sean negro o jabado, blanco o indio…

Y eso, donde caben todos, porque todos tenemos derecho a vivir y a trabajar para crear, es el verdadero sentido de la justicia humana. Y en Cuba, hay para todos, aunque ese ojo tuerto que me está leyendo pueda tirarme en cara algún totí salido de la maná…cierto, si los hombres no fueran tan increíblemente absurdos y complejos como somos, no estuviera llena de SIDA casi todo el África o en la hermana Honduras un joven inocente no hubiera pagado con su vida la facistoides manera que escogió Micheletti para sentarse en la silla presidencial que le robó a Zelaya