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Luz pura de cascabeles

Texto y Foto Graciela Guerrero Garay

Este primero de junio, Día Internacional de la Infancia, las niñas y niños tuneros sonríen con toda garantía en los círculos infantiles, centros escolares, hospitales y donde quiera que estén, siempre rodeados de cariño y protegidos en el mayor sentido de la palabra.

No es un asunto político, es un principio elemental cultivado día a día por la Revolución y fortalecido con líneas y proyectos que trascienden la simple conmemoración de una efeméride. Por eso cuando se dice Cuba, en temas de la niñez, las organizaciones internacionales se quitan el sombrero y quienes sufren la verdadera depauperación de los infantes, envidian sus indicadores.

No hay diferencias entre hoy y mañana. Son garantes de los derechos esenciales: seguimiento fetal, natal y post-natal, alimentación segura y priorizada, protección social y judicial, salud gratuita, educación obligatoria y amparo incondicional ante el abandono tutelar o eventualidades existencialistas.

En el mundo de este siglo XXI, lleno de hambrunas marcadas, guerras, comercio sexual infantil, epidemias y secuestros, nuestros más pequeños moradores están a salvo, aún con todas las carencias, dificultades y problemas que podamos tener desde casa e institucionalmente.

Siempre hay y habrá esa luz pura de cascabeles que merecen. Es inobjetable, el Día Internacional de la Infancia aquí no solo es felicidad, sino que marca esas notables diferencias entre lo auténticamente necesario y las banalidades que simulan sentidos de vida. Mirémoslos, que en la sonrisa pueril y perfecta de sus rostros está la respuesta. En los ojillos le cabalga el alma y en todos, por suerte,  pervive un brillo intenso como el sol.