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Es inevitable sentirlo vivo

Por Graciela Guerrero Garay

Nadie puede desconocer su presencia y darle una contextualidad vívida, aunque muchos analistas de la comunicación y el periodismo indiquen que no es correcto traerlo a la memoria de las letras como un ser vivo. Es difícil recordar su obra sin ponerle sujeto y predicado en presente.

Es real su legado y su muerte, como también su presencia en los miles de niños y jóvenes que en Cuba y su América rompen las cadenas de la ignorancia y le multiplican llevando flores a la amiga, cantando sus versos e investigando su obra. Son cientos los hombres y mujeres que hacen de sus ideas un  talismán cotidiano para frenar la saliva maloliente de ese monstruo imperial que combatió, denunció y condenó hasta su último día.

Casi es imposible darlo como muerto un 28 de Enero o un 19 de Mayo, donde cayó de cara al sol en Dos Ríos, machete en mano, cuando encuentras un Moncada convertido en escuela o lees sus Obras Escogidas, Los Cuadernos Martianos y deleitas con la Edad de Oro.  

No es un mito. Es ese arraigo de amor que trasciende al tiempo y las generaciones, que se hereda de padres a hijos, sin importar si hay más o menos nivel cultural. José Martí es universal.

Algunos piensan que es pura poesía o misticismo decir “que hay personas que jamás mueren”. Pero la evidencia es meridiana claridad de la verdad. Y ahí está él. Vivo en las miles de ediciones de sus versos, su prosa, su pluma combatiente, los editoriales periodísticos, las arengas, la enseñanza infinita y su entrega desmedida a la Patria, que “es humanidad”.

No se si excusarme, ex profeso, si violo las reglas del homenaje póstumo o algún precepto de la objetividad periodística, pero es inevitable sentirlo vivo cuando lo descubro, con esa mirada profunda y previsora, entre los estantes de las bibliotecas, los libros de textos, los carteles de propaganda, los murales gráficos y las pinturas de tantas instalaciones nuestras.

Y lo más importante, cuando respiro esa libertad creadora de ser que nos envuelve bajo este sol del que nos pidió siempre que viéramos sus luces y sus manchas, para ser más cubanos, más latinoamericanos, más revolucionarios y más buenos ciudadanos.

Está vivo, enhorabuena, que me perdonen las profanaciones verbales o los adjetivos demás. Las palmas están vivas y esa bandera y ese Partido a los que entregó su sabia vibra, anda y se sacude…crece por esta América nuestra que llamó a ser una y que hoy, cuando ya es tangible otro 19 de mayo, sale a andar con y para el bien de todos. No debe ser un desacato dar aliento a quien alimentó la virtud, la palabra y la idea así, eternamente.