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El tema del agua mueve ya los sensores de la opinión pública y, en su entorno, se vaticinan guerras, se hacen Cumbres y se apela a la cordura de los gobiernos para que les llegue de manera barata y potable a todos los miembros de la sociedad.

Es un complejo fenómeno que cada día llama más la atención de quienes abogan por el derecho a la vida de todos los hombres, léase seres humanos sin distingos de edades, sexo o nacionalidad.

Pero, aún así, todos la asocian como un líquido vital para la vida pero, quizás, pocos la relacionan con muchas enfermedades de las que padecen. Tuve la suerte de recibir este valioso artículo, extenso por cierto y que dividiré en partes para su mejor lectura en la Weblog, con el propósito de que sirva de utilidad a los cientos de hermanos de la tierra que puedan asomarse a este blog y parezcan de algunas dolencias que, muchas veces, nos resultan inexplicables.

Tome agua, evite que esté contaminada, pero jamás ignore que esa fórmula química que identificamos como H2O puede ser la sonrisa que se esconde en sus labios y no brota, justamente, porque le aqueja un malestar incomprensible.

Esta amiga, que no es muy bebedora de agua por cierto, al leer este interesante y necesario material quiso compartirlo. Vale la pena. (Graciela Guerrero Garay)

 

¿Por qué ingerir poca agua es causa de tantas enfermedades?

 Enviado por José Antonio Campoy

 

La afirmación del Dr. Fereydoon Batmanghelidj de que buena parte de las enfermedades -especialmente las degenerativas- la causa la deshidratación del organismo ante la carencia crónica de agua -como explicamos el número pasado- no es una afirmación gratuita: está fundamentada científica y clínicamente. Y como quiera que sea importante que la gente -y muy especialmente los médicos- conozcan la base de sus aseveraciones vamos a explicarlo más en detalle. 

Para que las múltiples reacciones químicas que se desarrollan en nuestro organismo sean posibles hace falta ingerir cada día suficiente agua. No hacerlo -y ya hemos explicado en nuestro anterior artículo que el agua no es sustituible por otros líquidos- no sólo impide el correcto funcionamiento del organismo sino que puede provocar muchas patologías. El doctor Fereydoon Batmanghelidj explica en su obra "Su cuerpo reclama agua a gritos" -sobre la que se fundamenta este texto- que, de hecho, "la deshidratación crónica es el estresante principal del cuerpo y la responsable desconocida de la muerte de millones de personas.

Considero que es la responsable de la mayor parte de fallecimientos por enfermedad, muy por encima de cualquier otra afección. Sin embargo, los arrogantes sistemas sanitarios de los países supuestamente avanzados no la consideran importante y siguen tratando a los enfermos con productos químicos en vez de con simple agua hasta que, al final, logran que aparezcan problemas de verdad".
Batmanghelidj explica que cuando un ser humano -o un animal- se deshidrata el organismo reacciona aumentando la producción del neurotransmisor histamina a fin de regular la cantidad de agua disponible. Sólo que cuando eso sucede y la histamina y sus reguladores de agua subordinados son demasiado activos pueden aparecer alergias, asma y dolores crónicos en diferentes zonas del cuerpo, desde el dolor dispéptico hasta el artrítico reumatoide pasando por el de angina, el lumbar, el de piernas, la migraña, la colitis. Y es que aunque esos dolores se perciban en zonas localizadas en realidad están avisando de que hay deshidratación de todo el organismo.
Saber esto es importante, especialmente entre los médicos. Porque si tales síntomas no se reconocen como avisos urgentes de que el organismo necesita agua... Se puede entonces llegar a una deshidratación crónica que puede causar a largo plazo muchos e irreversibles daños.
Y lo malo es que esos dolores raramente se interpretan como una señal de que el nivel de agua que el cuerpo precisa está bajo mínimos. Los médicos saben -porque los análisis así lo indican- que en el organismo hay exceso de histamina... Pero lo que hacen normalmente es recetar antihistamínicos o bloqueadores de la histamina con lo que además de no actuar sobre la causa provocan encima efectos secundarios negativos. Cuando bastaría decirle al paciente que beba cada día suficiente agua y así bajará de forma natural su nivel de histamina.
Es más, el lector debe saber que los antihistamínicos bloquean la dilatación capilar del cerebro precisamente cuando éste -en situación de deshidratación- debe computar más cantidad de información de lo normal, tal como ocurre en una situación de estrés. Además, cuando se utilizan antihistamínicos el cerebro recibe menor provisión de sangre y, por tanto, de nutrientes. Y en ese estado muchas funciones de las células cerebrales empiezan a deteriorarse. Entre ellas, el sistema de transporte de los neurotransmisores a los terminales nerviosos.

 

LA FALTA DE AGUA, PRINCIPAL CAUSA DE LAS ENFERMEDADES CEREBRALES


El caso es que según Batmanghelidj la deshidratación crónica de las células cerebrales junto a la falta de sodio y de un aminoácido esencial -el triptófano- son la principal causa de las patologías cerebrales: Alzheimer, Parkinson, Esclerosis múltiple, Ataxia cerebelosa, la depresión... La principal, no la única. De hecho hay otros factores como, por ejemplo, el exceso de aluminio en circulación dentro del cuerpo. Una posibilidad que se fundamenta en el hecho constatado de que el aluminio está muy presente en el agua ya que hasta en las sociedades occidentales tecnológicamente más avanzadas se utiliza sulfato de aluminio en el proceso de desinfección del agua potable de las ciudades.
En el cerebro, como decimos, es imprescindible tanto un buen nivel de hidratación como de sodio en el interior de las células pues ello es absolutamente esencial tanto para la generación de la energía hidroeléctrica con la que se nutre como del buen funcionamiento de los mecanismos de neurotransmisión. Una regulación que controla básicamente un aminoácido esencial, el triptófano, que activa para ello una serie de neurotransmisores (la serotonina, la triptamina, la melatonina y la indolamina).
Pues bien, al parecer la deshidratación causa una grave carencia de triptófano en el cerebro. Y cuando eso sucede, cuando los niveles de triptófano son inferiores a lo normal -este aminoácido es muy sensible al estrés-, entra en acción un "mecanismo de seguridad": el sistema renina-angiotensina-aldosterona (del que luego hablaremos) que induce la retención de sal y un aumento de actividad de la histamina. Luego, con el reaprovisionamiento del triptófano al cerebro, la actividad de la histamina disminuye y el contenido de sal en el cuerpo y la presión sanguínea se normalizan con lo que todas las funciones corporales vuelven a trabajar correctamente haciendo posible la homeostasis. De ahí que sea tan importante asegurarse de reponer las reservas de este aminoácido esencial mediante los alimentos ya que el organismo no lo sintetiza.
Obviamente -añadiremos nosotros-, hay que tener en cuenta igualmente la falta de oxigenación de las células cerebrales por déficit de sangre debido a otras causas.

Por ejemplo, por la compresión patológica de las estructuras neurovasculares que en ocasiones tiene lugar en la base del cuello si afectan a la arteria vertebral haciendo que llegue un menor flujo de sangre al cerebro y dificultando el retorno venoso en la zona craneoencefálica. Un problema que se soluciona quirúrgicamente como en nuestro país han demostrado -entre otros- los doctores José Pérez Fernández y José Luis Castillo Recarte después de numerosas intervenciones (lea el lector los artículos al respecto en nuestra web: www.dsalud.com).