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La denuncia del silencio

·         Los Programas Priorizados de la Revolución y la entrada en vigor de un nuevo decreto sobre el trabajo preventivo, especialmente dirigido a la juventud, abren nuevas alternativas para contrarrestar la violencia.

·         El concepto de “recreación sana” todavía no es asimilado por todos con la intencionalidad y  la previsión que lo sustenta

·         La mayoría prefiere no buscarse problemas, aunque ello lleve implícito ignorar una llamada de auxilio o escrutiñar a hurtadillas un conflicto en la casa del vecino

Por Graciela Guerrero Garay       Foto: Lloansy Díaz Guerrero

Los Puestos de Urgencia Médica testifican a diario algún suceso violento, muchas veces disfrazado por las víctimas o los victimarios como accidentes domésticos. Detrás de las puertas suceden cosas que todos saben pero nadie enfrenta.

La cultura del “guapo” crece mientras la cortesía apenas se nota entre el ir y venir cotidianos. Los juegos de mano, los empujones, las tiraderas de piedras, las ofensas, la gritería y la amenaza son tan ordinarias entre las formaciones grupales de niños y adolescentes que pocos ojos se asombran y reaccionan en consecuencia.

El proceder violento, aunque nos pese y preocupe, es ya un modo conductual  de tantos que parece, desgraciadamente, válido, pues la mayor denuncia que recibe es el silencio o la complicidad por miedo o blandenguería.

La más mínima actividad humana nos regala un signo de violencia. Desde las colas en las bodegas, pasando por el transporte público hasta llegar al clímax en los momentos de ocio. La evidencia más contundente es que hablamos a gritos y mutilamos, sin piedad, las reglas elementales de la comunicación y es “normal”.

En contrapartida a estas malas mañas nuestras que trasmitimos de generación en generación, cada año son más los millones del presupuesto estatal que se destinan a la educación general, la salud, los programas especiales de atención a la niñez y la juventud y a las fuentes primarias de información y orientación familiar, científica y social.

A la cultura, la recreación, el reordenamiento de la sociedad y la superación se le han dado un grado de prioridad tan marcado que a muchas personas les cuesta trabajo asimilar, por ejemplo, que los jóvenes desvinculados y las jineteras tengan acceso pleno a  carreras universitarias. O que un ex-recluso gane una plaza de alta demanda por convocatoria libre.

Muchas de estas oportunidades de mejoramiento humano y social están vinculadas directamente a la Batalla de Ideas y los Programas Priorizados de la Revolución y nacen, justamente, en agudos momentos de la crisis económica y etapas álgidas del Período Especial.

La juventud vuelve a ser la beneficiaria neta y, en consecuencia, el seno familiar gana en estabilidad emocional, respeto, ingreso económico, calidad de vida, higiene mental... Sin embargo, el panorama violento, implícito y explícito perdura y, en algunos casos y hechos, se incrementa.

¿DÓNDE ESTÁ LA ESQUINA ROTA?

Para el joven profesor del IPUEC José Peña Fernández, en La Veguita, y alumno del quinto año de la Licenciatura en Matemática y Computación, Alejandro Carralero Montada, hay violencia pero moderada, aunque reconoce que la agresión verbal y la mala comunicación llevan enseguida a que cualquier problema se resuelva a los piñazos, a pedradas, tiradera de botellas o lo que se tenga a mano.

Sobre los hechos de este tipo que puedan acontecer en los centros internos, piensa que dependen mucho del equipo docente que esté de guardia. Algo así como que el alumno sabe con quien saca la pata porque tiene plena consciencia del precio que pagará por ello.

Las bebidas alcohólicas son, para este joven, el detonador de la casi totalidad de los conflictos que estereotipan la violencia social y coincide, con la mayoría, en que la crianza, la influencia del entorno y las características específicas del barrio son decisivos al momento de asumir estas actitudes. Hay quien se da un trago de ron y se cree superman, puntualiza.

En la Escuela de Conducta, ubicada en la parte oeste de esta capital, están muchos de los gérmenes que con el tiempo, y si no se detectan y canalizan, devienen seres violentos y generadores de problemas. Niños y jóvenes que las más de las veces, también sucede, se les condena pero no reciben ayuda de todos los que pueden aportar y se convierten en pesadas cargas sociales que  dañan la economía, la convivencia y la sociedad.

Durante una visita a la institución, representativa por excelencia de las soluciones gubernamentales habilitadas para paliar y contrarrestar este fenómeno de carencias afectivas y disfuncionabilidad familiar, abandono y abuso físico y psicológico, conocimos la historia de una niña que estaba lista para reincorporarse a su hogar, pero no aceptaba el regreso porque su mamá no la quería y sus maestros, sí.

Lo mismo decía otro chico de 14 años. El centro escolar era su vida y sus trabajadores, la familia. De su padre el recuerdo que traía, como una daga en el pecho, era el dinero que le pagaba por prestarle los pulloveres. Otro pequeño de siete años, del municipio Jobabo, un año antes amaneció solo porque su madre lo abandonó y jamás volvió. Las organizaciones de la comunidad lo llevaron a la Escuela de Conducta y allí crece feliz. Tampoco quiere volver a casa.

Para quienes dirigen, con mucho tacto y amor, este recinto formativo de características muy especiales, la violencia familiar es casi siempre la responsable del 90 por ciento de los casos que reciben. De que la cadena gane más eslabones se encargan los que permiten que se incumplan las leyes que establecen el orden social y familiar.

EL RATÓN EN RATONERA                                         

Nuevas miradas cubren hoy el amplio espectro de acciones estatales encaminadas a la prevención del delito y la reducción, a los más bajos índices permisibles, de la violencia social y doméstica. La creación, en el primer trimestre de este año, de la  Comisión Nacional del Sistema de Prevención y Atención Social de Cuba y sus similares en todas las provincias y municipios, validan esta voluntad gubernamental que pone particular interés en todo lo concerniente a los niños y la juventud.

El Licenciado Israel Álvarez Serrano, vicepresidente del Tribunal en Las Tunas y miembro de esta Comisión en la provincia, enfatiza en que pueden reducirse los acontecimientos violentos si hay una acción simultánea y responsable que ataque la raíz de los conflictos, al tiempo que cada parte integradora cumpla eficazmente su cometido, tanto preventivo como legislativo y judicial si procede.

Y este es el móvil que sustentó la entrada en vigor, en abril, del Sistema de Prevención y Atención Social, por el Decreto Ley No 242 de este año. Crear un mecanismo único que trabaje desde las demarcaciones de los Consejos Populares y, en los casos que lo requieran, incluso en las circunscripciones.

Para el especialista es vital la atención al delincuente y el conocimiento sobre las potencialidades delictivas, para enfrentar con objetividad las causas y buscarles las alternativas de solución más inteligentes y benefactoras, sin demeritar sus consecuencias ni caer en concepciones de ningún tipo.

En este sentido, destaca, que las prioridades inmediatas establecidas por el Decreto Ley se detienen de manera diferenciada en los jóvenes, niños y adolescentes desvinculados del estudio y el trabajo por voluntad propia o descuido familiar, o en quienes manifiestan desajustes en la conducta que pudieran ser propensos al delito.

Por último, asevera Israel, que tendrán atención especial los reclusos favorecidos con libertad condicional, reclusión domiciliaria o en labor correccional sin internamiento dictadas por los tribunales.

SIN CAMISAS DE FUERZAS

La labor de los Trabajadores Sociales también tiene una influencia definitiva en los mecanismos que hay que encender para que las generaciones más pequeñas y las que vendrán no estén atadas a un condón umbilical violento e injusto. Todos somos responsables.

Hay que hablar más claro en la cuadras, aprovechar los espacios comunes para resaltar el verdadero papel de la familia. Los padres no pueden ser látigos ni cascabel. El Estado y sus instituciones tampoco pueden sustituir el protagonismo tutelar. A la escuela se va a recibir instrucción y pulir la educación. En la calle debiéramos ser mejores que en casa, reflejar los valores que llevamos dentro. El entorno social no es de San Nadie. Todos somos parte y le debemos respeto y perpetuidad.

Puede que encontremos miles de razones para sentirnos incómodos, pero siempre habrá otras iguales para sonreír, ayudar y dignificar nuestra humanidad y hacer la vida más agradable y sostenible. El amor engendra amor y la violencia, violencia. No es un juego de palabras. Son actitudes humanas por las que podemos elegir. La decisión es nuestra.

También hay que borrar ese paternalismo que divide y mutila la legitimidad de los derechos. Los hijos no son objetos de uso y hay que ser severos con quienes fabrican esos caldos de cultivos enajenantes. Al final, la soledad y el desamor son las manos que socorren ese reclamo de dónde está mamá o papá. Y en Cuba, para suerte de muchos, hay Escuelas de Conductas, Hogares para Niños sin Amparo Filial, maestros de almas brillantes, Círculos Infantiles, educación y salud gratis y un sistema penal que hoy permite hasta cursar estudios universitarios y aprender un oficio.

Pero no todos tienen el golpe de suerte de ser salvados al borde del abismo. Muchas veces esa ayuda ”ajena” llega tarde y si la vida sigue, va llenita de cruces que se trasmiten y cargan otros seres inocentes. Romper la pesada cadena de la violencia no es asunto de uno o dos.

La doctora Clotilde Proveyer Cervantes, socióloga y profesora de la Universidad de La Habana, declaraba a la Revista Bohemia Digital que “es un problema público, no privado. La indiferencia, el silencio, nos vuelve cómplices."

¿SOLUCIONES COMUNES?

Adolfo Rojas Tur, funcionario de la esfera ideológica del Comité provincial de la UJC, valora que la violencia entra también con toda la divulgación adversa que reciben niños y jóvenes a través de los medios de comunicación, ya sea un vídeo click con esa imagen sexista de la mujer en short corto bailando reguetón o la lucha del más fuerte, en cualquier serial de aventuras o animado infantil.

Creo que hay que trabajar – agrega – en transformar el concepto de diversión que tiene hoy la mayoría de la juventud, encasillado en las discotecas. Como organización rectora hemos ganado muchos espacios. En la provincia ya podemos hablar de un Centro Recreativo propio de los estudiantes, de un área permanente multifuncional en el Parque de la Revolución 26 de Julio, de un Centro Cultural Huellas, pero no es suficiente y no siempre, en lugares que pueden servir de ofertas recreativas para la juventud, los precios son asequibles.

Es un fenómeno que debemos afrontar cohesionadamente. No se puede negar, a pesar de las virtudes de nuestros jóvenes y estamos llamados a cubrir más las zonas vulnerables. Tenemos que cambiar muchos estereotipos. Es un tema de atención permanente y hay que consolidar más temprano que tarde esa recreación sana por la que abogamos, sentenció Rojas.

Mientras expertos, sociólogos y especialistas de las más diversas disciplinas coinciden en que hay que amputar el más leve asomo de violencia, se dictan leyes que centralicen y hagan más abarcadoras las acciones y el asunto se trae con fuerza a plenarios que hablen de niñez, juventud, sociedad..., casi la totalidad de los chicos y chicas que sondeé para esta investigación no supieron decirme a pie juntillas porqué eran violentos.

Incluso, para muchos, fajarse es una actitud normal si busca pleitos o le responden al que pueda crear. Las hembras, con sus modos, sienten lo mismo. Simula como una ley de vida. El conflicto puede estar en si es adquirida o propia.

No creo que haya soluciones comunes. Todo apunta a un problema de conciencia o desconocimiento elemental de cómo y de qué manera se trasgreden las normas conductuales. Los jóvenes necesitan más información de lo que significa violencia y las mil maneras en que se manifiesta.

Tal vez así, poco a poco, sean esos candelabros de amor que necesita todo hogar para salvar su esencia y trasmuten las herencias androcéntricas que arrastramos a pesar de tanto y todo. Y desde adentro, donde nace la raíz, descubramos un día que ha cambiado el mundo. Y en ese minuto exacto sepamos que no somos los mismos, que se ha educado el afecto y roto para siempre el mito del poder, ese patriarca ¿por derecho? de la auténtica violencia. Hay que construir puentes sobre la discordia, el desamor y la furia para desdibujar este agujero negro que enlutece la vida. Aupemos la fraternidad.