20090217141812-luz-y-yela.jpg

Estas son mis alumnas: Yelaine y Luz Marina

Por Graciela Guerrero Garay   Fotomontaje: Graciela

Enseñar es hermoso. Ver esa sonrisa que llega después de horas de jugar con las teclas del computador para sacarle la mejor palabra y la más feliz de las ideas, es como un buen vaso de agua fría después de correr 100 metros bajo un sol quemante a la hora justa de la marca CERO del meridiano. Si está en una isla del Caribe, donde el calor es rey de casi todo el año, saque sus conclusiones.

Del Periodismo yo lo disfruto todo, absolutamente todo, hasta los equívocos. Jamás se me olvidan y me ayudan a saborear con más gusto las enmiendas. También enseñan mucho y me confirman que soy de carne y hueso. Pero si hay algo que degusto ilimitadamente es a mis estudiantes, mis muchachitas y muchachitos que, por suerte, acaban siendo de la familia y mis amigos personales.

Esto es una de las cosas que agradezco muchísimo a la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC), con la feliz idea de potenciar la superación profesional y declarar Centros Docentes a los periódicos locales. Mi Semanario 26 fue uno de los primeros en ganar tal mérito y pasan, año tras año, por nuestra redacción todos los futuros periodistas de la provincia Las Tunas, incluso de las regiones vecinas.

Así, he podido tutorear a varias generaciones de ellos y, para mi suerte, todos están tan enamorados de la profesión como del deseo de aprender. Muchos, también, demostraron ya que son excelentes en sus desempeños y van con muy buen paso por los predios de la radio y la televisión nacionales y provinciales.

El año pasado tuve a Yelaine Martínez y me cautivó su facilidad de asimilar la técnica y la asunción de varios géneros, que todavía no están en el plan de estudio del primer año de la carrera. Su afán de husmear bien, de trabajar incondicionalmente,  de pasarse el tiempo necesario y más para saber fueron, las más de las veces, hasta un desafío para la vorágine de vida que llevo entre las responsabilidades profesionales y domésticas.

Ahora tengo a Luz Marina Reyes y es otro amor de joven aplicada y receptiva. Incondicional en su interés de saber más y más. Compañera de amanezcos, desde el primer día, frente a este ordenador que compartimos y se vuelve de todos cuando las etapas de prácticas, pues redacto desde la casa y tengo acá montada mi redacción.

Estos detalles son los que distinguen ese invencible talismán que engrandece la cotidianidad en Cuba. Los que germinan allende al mar cuando con justicia se reconoce el alcance multifacético de la educación cubana. Es esa profesionalidad que salva de la rutina a los profesionales nuestros que cooperan con cientos de países en el planeta.

Y es que la semilla la regamos todos. Yo, con mis muchachos, pero mis otros colegas con los suyos, aquí en Las Tunas y en todas las provincias cubanas. Es un estilo, una política de enseñanza, que se afianza y tiene rostro no solo en las carreras de Periodismo y Comunicación Social, sino que cada día, cada curso escolar, se perfecciona y extiende a todas las disciplinas universitarias.

Por eso me enorgullezco ahora – lo confieso sin timo ni penas- de traer a mi página la primera entrevista publicada por Luz. No solo por ella, mi pupila, sino por la protagonista de sus letras, una joven maestra quien, como Luz Marina y Yelaine, hacen de su años jóvenes una fragua de virtud y testifican, con sus vidas, que no es tan redondo ni cierto eso que quieren difundir por ahí de que la juventud nuestra está perdida, frustada, insatisfecha y presta a jugar el tin-marin con los tiburones de las aguas del Golfo de México y el Mar Caribe para galopar sobre los sueños.

Siempre hay serpientes y manzanas de la discordia en la viña del Señor. Adán y Eva renunciando al paraiso. Piedras en los tejados ajenos. Humanos, al fin y al cabo, con toda la vulnerabilidad del Talón de Aquiles. Pero también, caramba, suceden estas cosas de mis colegas estudiantes y hay miles de chicas como Yanetxy…y son CUBANAS.

(El próximo artículo de Luz Marina está aquí. Gracias por leernos)