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Buenísimo el Año de la Rata

Por Graciela Guerrero Garay  Fotos: Lloansy Díaz Guerrero

Contra todo pronóstico y opinión, este ha sido un año muy bueno para los cubanos. Y no estoy con los “alborotos” de fin de año en la cabeza, aunque no dudo que, incluso más de un coterráneo, esté pensando ahora mismo que estoy loca.

Mi lucidez es total. Y lo que más me satisface es que no tengo que buscar en territorios vecinos – ni aún en las estadísticas nacionales ni las propias de Ciudad de La Habana -. Las Tunas, marcada siempre por las huellas del atraso colonial y eminentemente agrícola, expone objetivamente cuanto bueno sucedió y está sucediendo en Cuba este año 2008, a pesar de estar signado por el ataque brutal de los fenómenos meteorológicos.

Pudiera ahora mismo llenar estas cuartillas de cifras y prescindir del argumento semiótico, pero realmente no soy amiga del cifrismo, sin restarle su valor en ningún sentido. Prefiero, más que el número, esa constelación de emociones que desencadena  allí donde está el hombre, sobretodo cuando los dividendos simulan magias de exclusivos magos.

Siempre los recursos, materias primas e insumos son palabras mayores al momento de las decisiones. El bloqueo económico impuesto por Estados Unidos a Cuba –recrudecido cada día más y apuntalado con leyes anexas- no es un juego de palabras. Es un hecho concreto que obliga a los cubanos a ser malabaristas de alto riesgo.

Ese monstruo, al que se suman nuestras propias deficiencias e insuficiencias,  le da para mí otra dimensión al costo de las inversiones. Por eso me gusta desterrar las cifras cuando calo en la dimensión social de la obra de la Revolución en mi terruño oriental, bautizado con justicia como Ciudad de las Puertas Abiertas y Balcón del Oriente Cubano.

Cuando despertó enero del presente año, éramos una de las pocas provincias del país que no tenía un bulevar, ni una heladería elegante y especializada. Nuestros policlínicos estaban deteriorados por el tiempo y la falta de mantenimiento. Una buena parte de las avenidas estaban sin luminarias y la entrada y salida a la ciudad, tanto vía La Habana como Santiago de Cuba, eran mustias.

En asuntos de comercios, restaurantes, cafeterías, centros culturales y servicios bancarios también la secuela del subdesarrollo se notaba. Y solo estoy sacando de mi bitácora lo que se ve a simple vista. Pero si recorro las instalaciones de Salud Pública, de la Educación, de los Joven Club de Computación, las salas de vídeo y cada uno de los centros de trabajo, de todos los sectores, encuentro algo que no había antes del 2008.

No es complacencia, falta por hacer el triple de lo que hemos hecho. Sin embargo Las Tunas es hoy, al acabar el año y esperar el 50 Aniversario de la Revolución, otra ciudad, estructural y socialmente. Solo con la entrega de tierras ociosas para ponerlas a producir alimentos, 900 tuneros desvinculados laboralmente ya tienen empleo y al término de noviembre había 27 mil nuevos trabajadores en la provincia, entre los cuales más de 72 mil son mujeres.

¡Los números!, perfecto, ilustran y hablan por sí mismos, pero yo me quedo con la expresión de una anciana tunera que hacía solo seis meses que estaba fuera de la ciudad y hoy, al recorrerla, pidió a su acompañante detenerse un minuto. Yo, que estaba cerca, pude disfrutar de esta justicia que merece mi ciudad. “Hijo, si esto no se parece en nada a lo que yo dejé. Qué lindo está todo, mira ese hotel, más bello que el original…”

Sonreí y miré hacia esa joya arquitectónica que es el recién inaugurado Hotel Cadillac y que también no estaba y hacia una falta tremenda, aunque sea pequeño en habitaciones. Y la glorieta del parque, y la cafetería de la calle Colón con sus ofertas de variadas hamburguesas.

Entonces, es inevitable pensar en la magia y lo que valen nuestros magos, que no usan sombreros negros ni capas de colores. Es innegable el poder de la varita mágica de la dignidad, del empeño, de la osadía, de la esperanza, del mejoramiento humano, de la voluntad, del esfuerzo y de cuantos adjetivos hermosos puede el hombre cosechar por su obra.

Siempre se puede, siempre. Y este año 2008 para los tuneros lo demuestra sin sacar cuentas matemáticas ni buscar cifra alguna. Los huracanes Ike y Paloma se quedaron con ganas. Todavía están sus huellas a lo largo y ancho de la Isla. La desolación no se borra de ahora para ahora, pero ya casi todo se parece a lo que era y hasta muchas cosas resurgen con más estética, fortaleza y funcionabilidad que antes.

Muy bueno el llamado Año de la Rata para los cubanos y los tuneros. Creció la economía por encima de los vientos huracanados. Se multiplicó el sustento y la utilidad para miles, se han visto más los alimentos, aún estrangulados por la naturaleza, el alza de los precios, los enemigos liberales y hasta los demonios de la hambruna mundial, con las cuotas adicionales del Gobierno para suplir las carencias de los ciclones en productos como el arroz, el aceite, los granos y las proteínas, básicamente la carne enlatada producto de las donaciones de los pueblos solidarios y todo lo que compra el Estado para mantener la calidad de vida alcanzada.

No hay metáforas. Mi ciudad es un halo de luz continuo que  invita a que la desanden, la reconquisten y la descubran con sus nuevos tornasoles. Es la voz viva de una provincia y un país que cada nuevo aniversario avanza, crece, se empina y se pone los tacones altos.

 Apta para hombres y mujeres optimistas; luchadores, guerreros del bien común, conscientes de sus manchas y sus astros y dispuestos como la tuna a vivir, con flores y espinas, erguida sobre su verde raíz, orgullosa y legendaria, de útero fértil y engendrando muchas más hermosas flores rojas. Aquí está, es cubana y tiene las puertas abiertas.