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Disfrazado terrorismo expreso

·        El mundo tendrá la voz abierta el próximo día 29  para detener la falacia imperial de mantener el ya recrudecido “embargo” a la Isla. No es cuestión de estar a favor o en contra. Se trata de llamarle por su nombre y ejercer el legítimo derecho de los pueblos: defender su autonomía y la paz internacional

·        Por más de 16 años, los Estados Unidos han desoído el reclamo de las naciones que condenaron tal terrorismo expreso, que afecta directamente al pueblo cubano y de una manera cruel y genocida a los niños que padecen de enfermedades incurables como el cáncer, al encarecer el costo de los medicamentos por impedir accesos directos a las empresas comercializadoras, en su pretendido afán de acabar con la Revolución Cubana

·        El bloqueo económico, financiero y comercial no es un ataque político. Es una medida fascista y demoledora que origina, año tras año, sumas millonarias en asuntos de inversiones en la Isla, y priva de su soberanía a terceros - léase personas, empresas, asociaciones-  para ayudar, invertir, comercializar y colaborar con Cuba, más ahora cuando el mundo enfrenta una aguda crisis económica y sostener los niveles mínimos de calidad de vida en los países pobres o en vías de desarrollo, es casi un acto mágico.

·        Las voces de la justicia tienen que estar alertas. Ningún país tiene licencia para someter a otro. Es la hora de las mayorías. Ese es el reto para quitarnos las garras de los fuertes. En la unión está la victoria. El gobierno de Estados Unidos debe acabar con este disfrazado modelo de injerencia

Por Graciela Guerrero Garay

La Asamblea Nacional del Poder Popular en Cuba acaba de emitir una justa y detallada Declaración, donde llama a los Parlamentarios del mundo a exigir al Congreso y Gobierno de Estados Unidos que elimine incondicionalmente el bloqueo económico, comercial y financiero que mantiene por más de 50 años al pueblo cubano.

El próximo día 29 de este mes, la Asamblea General de Naciones Unidas analizará y pondrá en consideración el proyecto de resolución que testifica la necesidad de acabar con esta falacia imperial que mutila, agrede y obliga a la Isla a encarecer más el costo de sus operaciones necesariamente imprescindibles, para mantener el lógico funcionamiento de su estructura social y garantizarle a sus ciudadanos un bienestar armónico y multifacético.

No es un asunto político. Es un disfrazado terrorismo expreso que trasgrede, incluso,  los derechos de terceros. El año pasado a una Asociación en Italia le negaron las cajas para empacar un donativo, porque el destino era Cuba y la empresa que las vendía era de copropiedad americana.

Los verdaderos afectados no son los dirigentes ni el Estado Cubano, como tratan de influir, también en terceros, para que veten los incontables testimonios, denuncias, pruebas, argumentos e informes presentados por funcionarios y representantes de la Isla en eventos, asambleas, cumbres y disímiles plazas y locaciones donde se ha hecho la denuncia.

Simula el juego del ratón y el gato. No levantan el “embargo”, pero acusan a Cuba de violar los derechos humanos. Sin embargo,  para costear los encarecidos tratamientos que se aplican, ininterrumpidamente, en niños con enfermedades como el cáncer, el Ministerio de Salud Pública se ve obligada a invertir el doble, y a veces hasta el triple, sencillamente porque el bloqueo de los Estados Unidos impide la contratación directa, niega créditos, amenaza a productores, eleva los aranceles portuarios y complica el proceso de tal manera que solo un país como este, donde la infancia es un preciado tesoro, se somete a esos despiadados y complejos rompecabezas mercantiles.

Ejemplos hay cientos en estos casi 50 años de la aplicación del facistoide método de mutilar la libertad de los pueblos. Han sido puestos sobre la mesa en todos los escenarios políticos y económicos que tienen lugar. Pero los gobernantes de la Casa Blanca lo recrudecen cada día más, le fortalecen sus esencias con leyes como el Plan Bush, siguen cultivando el odio sobre todo lo que tenga relación con la Isla y silencian aquello que pueda poner en tela de juicio los insostenibles argumentos que esgrimen para atacarla.

Las voces de la justicia tienen que estar alertas. Ningún país posee licencia para someter a otro. Es la hora de las mayorías. Ese es el reto para quitarnos las garras de los fuertes. En la unión está la victoria. El gobierno de Estados Unidos debe acabar con este disfrazado modelo de injerencia. No es un problema privativo de Cuba, concierne a América Latina y a todas las naciones y pueblos por sus legítimos derechos a la autonomía, la libertad de comercio y la autodeterminación de sus destinos.

El 29 de octubre está llamado a ser histórico. Los últimos acontecimientos que envuelven el decursar de la historia en los propios Estados Unidos, lo que está pasando el propio pueblo norteamericano por las políticas neoliberales, la desangrada realidad del continente negro y el dolor perpetuado de los hijos del Sur tienen que sacudir el alma y sacarle tinta a la pluma de los más.

Es el momento de actuar, las saqueadas y explotadas tierras son las de siempre. Las candilejas ya no tienen luz. Los gobernantes de la Casa Blanca no son el ombligo del mundo. Anoten en la agenda que hoy es Cuba, pero mañana pueden ser los demás. ¿Lo duda alguien?