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·        Ya ha pasado una semana del azote brutal del huracán más potente que ha tocado tierras cubanas y la vida, aunque vuelve a la normalidad, poco a poco, no es igual

·        Todavía no se han podido habilitar los sistemas eléctricos y la telefonía en su totalidad, sobre todo en los municipios de Puerto Padre, Jesús Menéndez y Manatí, los más desvastados por los fuertes vientos

·        Esta ciudad capital del Balcón del Oriente de Cuba tiene aún muchos circuitos sin el necesario fluido de luz eléctrica. Se le entregan materiales a quienes perdieron sus hogares o los techos, pero no se puede hablar de grandes cifras. Se dañaron unas 350 mil viviendas y por primera vez en la historia de esta provincia se evacuó el 33 por ciento de su población

·        El laboreo de recuperación en los centros de trabajo es intenso, pero todo está lejos de sentir el pulso normal de la cotidianidad. Por los cuatro puntos cardinales hay que recordar a Ike…árboles, espacios vacíos, paredes y techos dañados, oscuridad al caer la noche, gente cargando agua...

·        Es una dura batalla por el porvenir, que se ganará con la participación de todos y ya es tangible de varias maneras, como el inicio del curso escolar en casi todas las enseñanzas, aunque muchos centros no estén a plena capacidad y se busquen alternativas inteligentes y prácticas para aprovechar el tiempo

Por Graciela Guerrero Garay  Fotos: Lloansy Díaz Guerrero

Ningún tunero – léase cubano – es hoy el mismo. La naturaleza le ha incrustado en la retina una imagen que nada tiene que ver con los grandes espacios verdes que le adornaban, cual coqueta hada, toda su geografía, desde oriente hasta occidente, desde Punta Maisí hasta el Cabo de San Antonio.

Los verdes árboles de cuantas especies distinguen al trópico, los erguidos palmares, los inquietos cañaverales, las flores silvestres, y esas largas plantaciones de plátano, tamarindo, aguacates, mangos, eucalipto, júpito, framboyán... todas alfombradas, como diamantes, con las dulces florecillas del romerillo y  las abejas zumbándoles enrededor, no están.

Los intranquilos gorriones tampoco sobrevuelan los parques, las calles, las avenidas. Ya no vienen a mi balcón a picar las migajas de pan que le poníamos en las mañanas mi nieta y yo. Ya no puedo entretenerla ni callarle el mutis del llanto con “mira, mima, mira, un pajarito”. Ahora mi barriada está llena de destrozos de lo que fue su natural ornamentación hasta el domingo 7 de septiembre del 2008.

Este día marcará un antes y después para la vida en mi terruño y mi nación. Nueve días después puedo hablar de esperanzas y hasta de milagros, por la agilidad que aflora la vida ante la cuantiosa magnitud de las afectaciones. Los chicos de mi barrio ya van a sus escuelas desde este lunes. Muchas personas, a lo largo del país, han cedido su casa para dar clases ante el derrumbe de los centros escolares de la comunidad.

Se comparten los fogones, la comida, los materiales que pueden ser útiles y salvadores para colocar un techo, una puerta, remendar una ventana, levantar los escombros… El alma se alienta entre la adversidad con un recorrido que hace por toda Cuba una brigada artística. Los moradores del municipio de Jesús Menéndez, con todo su patrimonio social y natural deshecho, lo agradecieron mucho. En unos cuantos días afloró por primera vez la cantarina risa de los tuneros.

Hay mucho trabajo. Se trabaja de sol a sol. No descansan ni duermen los trabajadores de los Grupos Electrógenos, que son los que en la práctica están abasteciendo de electricidad sus pueblos y las empresas y fábricas en que están ubicados – montados en el país a raíz de la Revolución Energética, uno de los Programas Priorizados de la Batalla de Ideas fomentada por Fidel Castro- y que ahora revalidan las esencias previsoras que sustentaron su nacimiento. Sin ellos, creo que pasaríamos muchos, muchos días sin una bombilla encendida. Todo el tendido en la Isla estaba en el suelo.

Los de la Telefonía, ETECSA, tampoco tienen dos minutos de tranquilidad. Sólo en mi país con estos fenómenos tan violentos se logra que no se interrumpieran totalmente las comunicaciones, que el hambre no marcara el desespero, que se volviera pronto al trabajo, que no faltara la leche en las bodegas para los niños, aunque llegara tarde uno que otro día.

Hay tantas maravillas en medio del desastre que cuando oigo decir a un amigo, esos cientos de cientos que ahora mismo colectan de corazón y se quitan lo suyo para enviarlo a mi Cuba desde las más disímiles geografías y naciones…cuando les oigo decir que la aman, les agradezco tanto pero, más, siento el orgullo plena de estar acá, ser cubana y saber que los míos, mis hermanos patrios, los cubanos todos, son guerreros por naturaleza viva y llenaremos de verde, cantos de pajaritos, luz y prosperidad cada pedazo destruido.

No será muy pronto ni tan rápido como queremos, pero será ahora mismo ya está pariendo una semilla el helecho de mi balcón y allá, en la cera del frente, veo parpadear varias macetas de esas flores malvas, las 10 del día.