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La ciudad de Las Tunas, esa capital de puertas abiertas que se glorifica con ser Balcón del Oriente de Cuba, tiene menos escombros y menos oscuridad que 10 días atrás.

El esfuerzo es innegable. No ha quedado una reserva que no se haya movido para recuperar todo en el menor tiempo posible. Hay muchos trabajadores tuneros que todavía no han podido dormir ni cuatro horas seguidas después del brutal ciclón Ike.

Hoy en mi avenida están recogiendo los escombros. En el reparto residencial Buena Vista, uno de los más poblados de esta capital y el de mayor concentración de población, cada minuto muchos hogares vuelven a recibir el servicio eléctrico y telefónico. El agua está estable hace ya más de una semana.

Pero con todo, cada noticia y cómputo que se hace de la destrucción nos reta más al sacrificio colectivo, al tiempo que nos pone de cara a una verdad: Ike será noticia y tristeza por tiempo. El 40 por ciento de las forestas de la provincia están dañadas.

Y estas imágenes nunca serán viejas, al menos en el corazón de los que amamos el entorno y vivíamos orgullosos de nuestro verde mundo. Ahora es sembrar, esperar que nazca la semilla y pedirle a la naturaleza que sea benévola, que tenga lo que el hombre no ha tenido con ella: piedad.

Por Graciela Guerrero Garay          Foto: Lloansy Díaz Guerrero