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 ¿Nudo o cuerda floja?

 

·       Definir qué uno será en la vida, parece una meta mucho más compleja que nunca. Hay indecisiones al momento de seleccionar los estudios superiores o su continuidad. El cambio de carrera, sobre todo técnicas, es un dolor de cabeza a inicios de curso. Vocación, oferta y necesidad social no siempre hacen un triángulo perfecto. El cascabel no encuentra al gato o ¿viceversa?

 

Por Graciela Guerreo Garay

 

Muchos hablan de un “don” que nace con uno. Otros dicen que la herencia familiar cuenta. Los más abogan porque hay que estudiar algo que sea rentable y garantice economía. Sin buscar aciertos o desaciertos en las posibles respuestas, la verdad es que hoy resulta muy difícil completar plazas en puestos claves para el desarrollo social, hacerlos coincidir con la demanda y la oferta de estudios y, a la vez, encontrar criterios certeros en sus protagonistas, los estudiantes, fundamentalmente de Secundaria Básica.

El problema se asocia a disímiles causas y consecuencias. En el plano subjetivo subyacen raíces históricas que marcan la preferencia por las Ciencias Médicas, como profesión de elegancia personal y pública arrastradas de viejos conceptos clasistas, aunque la fiebre de la computación le pega el juego a la Informática y la UCI es lo máximo en proyectos y aspiraciones para el 90 por ciento de los 20 alumnos de la Enseñanza Media que sondeamos. Lo curioso es que todos quieren “La Habana” y hacen gestos de perplejo desencanto cuando, intencionalmente, informamos la posibilidad de diplomarse en la provincia. ¿Vocación o boom situacional? La calidad está allá, fue el consenso de los entrevistados.

Por estas complicadas madejas del pensamiento, el intelecto y la realidad se mueven los vasos capilares de la formación vocacional, en la cual familia, escuela y sociedad hacen su parte y concretan influencias, no siempre a favor de lo que se necesita, las aptitudes del alumno, las posibilidades reales de obtener la disciplina que se quiere y el conocimiento y vocación del educando.

¿CAMINO PERDIDO?

Cultivar la inclinación hacia una profesión es un asunto que ocupa desde antes de la edad escolar y, según mayoría, el papel tutelar tiene mucho que ver con la historia del futuro. Sin embargo, las tendencias apuntan hacia una ruptura de lo que podría considerarse un arquetipo en épocas pasadas. Ya una buena cantidad de hijos no siguen el camino de sus progenitores.  La razón está, al parecer, en los sustanciales cambios sociales que imponen nuevos estilos de vida con miradas más profundas, previsoras e integradoras, sin ignorar la multiplicación de las facilidades y oportunidades existentes ahora contra propuestas muy específicas y limitadas décadas atrás.

Lo que sí parece cierto es que los padres saben qué quieren que sus chicos estudien, mientras estos sienten sobre sus cabezas las dudas de la propia inmadurez, el desconocimiento sobre tantísimos oficios y profesiones y la dualidad de presiones emotivas que ejercen la casa y la escuela. En este mar de seré o no seré navegan casi todo el tiempo de la infancia y la adolescencia.

Institucionalmente los Círculos de Interés son los mecanismos establecidos para buscar el equilibrio en ese vaivén de intereses, encontrados o no, que se tejen en su entorno y está claro que por largos años fueron los remansos donde cientos de estudiantes encontraron un espacio para probar destrezas, seleccionar preferencias y hasta apostar por el desempeño del mañana. 

Tiempos que se recuerdan como grandes sucesos escolares, familiares y personales son las exposiciones de estos multifacéticos colectivos grupales, actualmente adormecidos en la mayoría de las escuelas, sobre todo en las secundarias, pagando el precio de las carencias del Período Especial y las nuevas regulaciones económicas del mundo empresarial.

BUSCANDO PUNTALES

Orlando Zaldívar Ricardo, funcionario de la Dirección Provincial de Educación, atendió la actividad de los Círculos de Interés durante una buena etapa en los mejores tiempos de bonanza. Al conversar con él sobre las realidades que afectan un armónico desempeño en esta tarea, destaca que hoy conspiran muchos factores objetivos, fundamentalmente la descentralización y el apoyo verticalidad que contó desde sus inicios, tanto a lo que compete a las instalaciones pioneriles, al sector educacional y las empresas. El mayor peso recae ahora en las direcciones docentes y no a un plan rector, a pesar de que se controla y se orienta.

Hay muchas cosas que determinan -argumenta Zaldívar-. Antes existía un equipo que se llamaba Extraescolar y Becas que atendía la actividad y se desintegró a raíz de las transformaciones en el sector. Ahora cada enseñanza asume y a ello se agrega que tampoco a los organismos se les asigna, desde el nivel central, el presupuesto con que contaban antes. El perfeccionamiento económico del sector empresarial y las consecuencias materiales que trajo el Período Especial inciden directamente en que, poco a poco,  los organismos hayan recogido sus círculos del Palacio de Pioneros y  no funcionen como antaño.

Es evidente que la época de esplendor pasó. Jamás se ha logrado estabilizar, como secuencia, el trabajo de la década del 80. Las instalaciones pioneriles no escapan del deterioro por falta de mantenimientos y atención sistemática ante la carencia de recursos materiales y financieros. Se ha tratado de salvar el trabajo con el traslado de los instructores hacia las escuelas, pero el horario docente no da cobertura y de 90 minutos planificados, las transformaciones solo dejan espacio para 45. Según claustro y dirección, la atención vocacional queda para el horario extraescolar, es decir, después de las 4:30 de la tarde.

Los locales son otro problema. No hay por el incremento del número de aulas para cumplir la cifra de alumnos por profesor y, la mayoría de las veces, sino siempre y en casi todos los centros, los círculos de interés son una suerte de charla debajo de los árboles de las áreas aledañas al plantel.

¿JUEGO DE DADOS?

La política del Ministerio de Educación orienta que el 60 por ciento de la matrícula que concluye la Secundaria Básica debe ir a los preuniversitarios, al tiempo que el territorio elabora sus propias estrategias de continuidad a partir de las necesidades de cada localidad y la demanda de los organismos, fundamentalmente para las especialidades técnicas y la formación de obreros altamente calificados.

Hace años que las parábolas de este posible diseño son totalmente distintas a  etapas como las del 80 y del 90. Ahora hay una tendencia a preferir los politécnicos. Únicamente muestra índices estables o superiores la opción de ganar un pupitre en el IPVCE Luis Urquiza Jorge. Aunque la diversidad de puntos de vista es proporcional al nivel cultural de los entrevistados, tanto alumnos como padres hacen arista común al decir que no es fácil estar becado. Y a este pensamiento se le añaden argumentos prácticos y experiencias reales como el hurto de la ropa de cama, las dificultades del transporte, la falta de profesores en los centros internos, el gasto que representa para la familia y su apretada economía doméstica mantener la atención alimentaria y las necesidades materiales que ello genera, las indisciplinas y las condiciones de vida que lastran la buena imagen de estos planteles, el trabajo en el campo y la independencia que cogen los muchachos, entre otros aspectos relacionados con el ritmo de vida y las holgadas oportunidades que existen hoy día para coger una carrera universitaria o insertarse en los Programas Prioritarios sin tantos dolores de cabeza.

Para los estudiantes, hembras y varones, el régimen interno no siempre les va  al momento de las exigencias de un horario cerrado y un auto estudio programado y controlado y, de algún modo, dejaron entrever que esa no era la mejor opción pero sí el único medio cierto de ir a la Universidad. Sin embargo, de una muestra de 10 contactados, cinco de cada sexo, ninguno tenía todavía definido qué iba a estudiar y ya ahorita terminan su onceno grado y están entre los 15 y 16 años.

La experiencia de los Círculos de Interés no es desconocida para ninguno y, a pesar de no tener referencia de la época de realce de los mismos, estuvieron insertados en alguno durante la educación Primaria, básicamente, pero no consideran que les haya dejado huellas para saber con certeza qué ser y hacer para el resto de sus días. El embullo y la psicología particular, quizás, de quienes en aquellos momentos los captaron fueron los móviles. La Secundaria, al parecer, tampoco sembró semillas.

Con la duda en la agenda, tanteamos a otros jóvenes estudiantes que ya vencieron estas enseñanzas y tienen una carrera universitaria o buscan definitivamente su lugar. Alain Rodríguez, por ejemplo, acaba de terminar el Servicio Militar y se acogió a la Orden 18 para pasar un curso de nivelación y obtener un escalafón que lo lleve a la UCI. Se graduó de Técnico Medio en Informática en el IPI Conrado Benítez, pero en la Primaria y la Secundaria se vinculó con los Círculos de Interés de Bomberos, Tránsito y Pedagógico.

Para él no siempre estos grupos especializados definen la vocación de una persona, y está convencido de que la mayoría de las veces entran por embullo, no por convicción. Es una necesidad de descubrir cosas nuevas, lo bonito, pero no creo que todos lo hagamos pensando en serio que eso será nuestro futuro. Puede que en algunos sí, en mi caso no; afirmó rotundo.

Dafne Mancebo Rodríguez prueba con creces que ama su carrera de Estomatología. Sus compañeras más cercanas también sienten un nexo de pertenencia con la especialidad que las define. Empero, ninguna la tuvo en mente desde la niñez aunque en Elizabeth Hidalgo y Elizabeth Ramírez  puede hablarse de una tradición familiar. Para todas, los Círculos de Interés nada tuvieron que ver con lo que serán mañana y se forman hoy.

MUCHA TELA QUE CORTAR

Hay coincidencias de criterios en el personal docente de que la calidad de la información que se transmite en temas de formación vocacional no es hoy la misma de cursos anteriores. Las razones están expuestas aquí. Los intereses familiares han cambiado, a partir de retos totalmente diferentes que imponen el encarecimiento de la economía doméstica y el desarrollo del pensamiento analítico, incluso de los mismos estudiantes, en cuanto a la asunción de modos existencialistas.

Muchas profesiones de primera necesidad han mutilado sus valores por la subestimación social o han sido mal puestas en una balanza, donde pesa más, para un gran número de personas, lo que recibe el bolsillo que lo puede edulcorar al alma. El impacto de nuevas profesiones en estos nuevos tiempos de transformaciones sociales no siempre hala la soga para el lado bueno. Queda mucha tela que cortar y lo más inquietante puede ser, como nos dijo Zaldívar, que hay una necesidad primordial de que la gente sienta un poco más de pertenencia y se estudien especialidades que hacen falta para el desarrollo local y el futuro de todos. Hay que conjugar los intereses familiares y personales con los sociales, porque es la solución a nuestros propios problemas.

Y una nueva inquietud me gana el espacio. En la provincia faltan maestros y profesores para que el próximo quinquenio los recién nacidos en este milenio puedan aprender a leer y a escribir. La cifra de docentes que se jubila desde ya y hasta dentro de cinco años, sin contar los que dejaron el sector, es significativa. Hay estrategias muy bien pensadas para captar alumnos para las carreras pedagógicas, pero estudiantes y padres ponen resistencia.

Las Comisiones de Captación hacen lo suyo, sin embargo los esfuerzos no llegan a la meta. Seguiremos con el tema y ojalá, más temprano que tarde, no se haga máxima, por acomodamientos e intereses humanos, aquello de que nadie sabe lo que tiene, hasta que lo ve perdido.