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Es hora de saber la verdad

·        Rastreo las noticias, miro imágenes, rememoro testimonios de amigos y vuelve a visitarme una alocada idea: ¿Antes o después del parto?

·        Cuba, la “Isla de la dictadura de Castro”, como la califican sus mordaces enemigos imperiales e impotentes anexionistas, hoy, Primero de Junio, mantiene sus parques abiertos a los niños, lleva payasos a los hospitales infantiles y hace actividades especiales para que tengan un Día Feliz. ¿Cuántos estarán matando ahora las bombas y el hambre en el resto del mundo?

Por Graciela Guerrero Garay

LAS TUNAS, CUBA (1 de Junio) – En 1942, bajo la hecatombe de la Segunda Guerra Mundial, un día como hoy, fascistas alemanes mataron, en una villa checa, a más de 140 jóvenes de 16 años y a todos los bebés. La Conferencia de la Asociación Democrática Internacional de la Mujer, realizada en noviembre de 1949, acordó, para recordar la masacre y garantizar el derecho de los niños, celebrar, el Primero de Junio, el Día Internacional de la Infancia.

No voy a sacar la cuenta del tiempo desde entonces. Solo quisiera encontrar en mi mente una respuesta distinta. ¿Qué ha cambiado? Entonces, la alocada idea me visita. En este mundo de hoy, justamente un Primero de Junio del 2008, los verdaderos y legítimos derechos de felicidad de los niños… ¿estarán antes o después del parto?

Cuando la reciente celebración de la Cumbre Presidencial Soberanía y Seguridad Alimentaria, en Nicaragua, la Agencia Prensa Latina difundió el dossier “Hambre se escribe con…”. En “Datos de Interés” el primer punto hace constancia: 854 millones de personas se acuestan todas las noches sin probar alimento alguno. ¿Cuántos serán niños? En América Latina –informa más adelante- 52,4 millones de personas permanecen subnutridas, de ellas nueve millones son niñas y niños menores de cinco años.  

Los noticieros, aunque quieran esconder la noticia, ya no pueden. Las guerras y las muertes se han multiplicado. La lista de posibles invadidos, por los mismos agresores, crece. Las del agua, está prevista. Las del hambre, ya son ciertas. El cambio climático, hasta hoy, es irreversible. La naturaleza ataca brutalmente. China está ahora mismo llorando sus muertos. Mi alocada idea me sigue abocando.

¿Cuántos se acordarán hoy de que es el Día Internacional de la Infancia y empinarán un papalote, una cometa o como se llame en otras lenguas a esas panderetas de papel y cola de tiritas multicolores, que tanto vuelo levantan en el corazón de la inocencia? ¿Cuántos podrán ir a los parques sin temor a las bombas y los secuestros? ¿Cuántos podrán saborear una golosina sin recogerla en un tanque de basura? ¿Cuántos podrán tener a mamá y papá sin buscarlos en una fotografía con sabor a napalm, sabotaje, desaparecidos, terrorismo, “héroes” de la guerra de…? 

¿Cuántos llorarán por haber nacido? ¿Cuántos estarán ahora en los aeropuertos, como bolsas de placer, allende a su mar? ¿Cuántos extienden sus manitas en los cruces de calles y los semáforos? ¿Cuántos…? Tampoco quiero sacar la cuenta. Solo quiero que mis respuestas sean distintas. La idea sigue ahí… ¿Antes o después del parto? Qué locura, pero que triste la verdad, ¿verdad? Entre la espada y la pared está el futuro.

Que digan lo que digan y piensen lo que piensen. Hoy es domingo y los parques de mi pueblo, Las Tunas, una pequeña provincia del oriente de Cuba, sí, Cuba, están abiertos bajo un sol tierno, veraniego, saltarín. Los chicos de mi barrio ya saltan por la acera. Mi hijo y mi nuera visten a mi pequeña nieta de dos años, van al parque de diversiones, al zoológico.

Los cines proyectan películas para todas las edades. Hay Teatro Guiñol de títeres y payasos. Programación infantil por la TV. En los hospitales reciben a magos y titiriteros. Juegos, confituras. ¿Hasta cuándo la miopía amarrará la esperanza y la alegría de los miles de millones que no tuvieron la buenaventura de nacer en Cuba después de 1959?

¿Hasta cuándo tendremos que celebrar fechas internacionales para poquitísimos y mancharlas cada vez más de sangre e injusticia? El Día Internacional de la Infancia debería, por arte de magia, convertir a todos en niños de verdad. Quizás, así, los matarifes imperiales, los despiadados y agoreros, los manipuladores, se convencieran de que un mundo mejor es posible y que todos los infantes del planeta tienen derecho, aunque sea un día, a ser como los cubanos.