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Virtud paralela

·        Hoy 19 de Mayo, en Cuba y donde florezca la virtud, estarás de cara al sol

Por Graciela Guerrero Garay  

Siempre dijiste que era hermoso ver a un niño llevar en sus manitas una flor para su amiga. Dejaste el insomnio en tus cuartillas haciendo del verbo una orden de combate para limpiar de lacayos la independencia de la Patria. Hiciste saber que no había nada más importante que la luz que irradian la virtud y el decoro de los hombres. Y para todos los tiempos, llamaste a tus príncipes enanos la esperanza del mundo.

Hoy tus letras son testimonio vivo de la verdad de tus eternas enseñanzas. No hubo equívocos cuando alguien, tan promisorio como tú, habló en voz alta de que hay memorias inmortales, al margen de la presencia física. Por eso este pequeño que ahora, vestido de sueños, recorre las calles de la ciudad es tu símbolo, sin abusar de la retórica del léxico ni del homenaje que cada enero te distingue.

Puede que la demencia de los descreídos no encuentre esta virtud paralela y se les antoje, dentro y fuera de tu querida Isla, una hipérbole de los sentimientos que nos unen e identifican con tu infinita presencia cotidiana.  Quizás le parezca ridícula la adjetivación de esta crónica o la tilden de oficiosa. Puede ser, porque no quieran aceptar que superaste, poeta y héroe, todos los límites de la superficialidad, la rutina de turno y la servil convivencia para, desde cualquier plaza terrícola, convertir el ejemplo en machete, la palabra en emblema y el verso en proyectil.

No es enero tú único mes ni este mayo tu muerte. Hay cientos de Pilar, Nené Traviesa, Bebé e Ismaelillos. La América es nuestra y en cualquier lugar de la tierra siempre tendrás más que el leopardo, porque tienes un amigo. Nadie ha podido borrar de los diccionarios ni los mapas la palabra Maestro ni la casita de la calle Paula. Ni ignorar siquiera fonemas como ideario, martiano, cuadernos, versos sencillos, Edad de Oro. 

Te multiplicas a pesar de los antipadrenuestros iberoamericanos. Creces en la unidad de los humildes. Llevas de la mano el futuro y decir tu nombre, José Martí, es cultivar la rosa blanca, desde enero y para todos los tiempos.