Por Graciela Guerrero Garay

Soy un torbellino de esencias por salvar. No soy meta ni fin. No entiendo de apariencias. No pacto. No soy ni blanco ni negro, ni mestizo. Tampoco acepto rígidas recetas. Nadie puede tocarme con los dedos manchados. Vivo en la luz, en la verdad, en los detalles.

Las tempestades, los entuertos, la mentira, la duda y el fantasma oscuro de los celos puede llevarme lejos, al apocalipsis del silencio. Detesto los pretextos superfluos, infantiles, que me disfrazan al antojo de los descreídos. No me vendo ni me doy. Se me conquista.

Muchos, es ya una costumbre milenaria, me ensalzan un día, de un mes, y pretenden con eso contentarme. Ilusos, quizás anacrónicos amantes de los tiempos modernos. Siempre seré un riesgo para apuestas de dos, no para tres. Mi química es absoluta y natural. No necesito afeites, ni coloretes, ni diccionarios, ni doctores ni académicos.

Estoy. Existo. Camino por todas las diagonales posibles de la vida, los sueños y la muerte. Ocupo el espacio exacto de la esperanza. Tengo el olor sagrado de las flores, el arcoiris, las mariposas y la primavera. Soy salud, paz, armonía, dicha, risa, fuerza, voluntad, deseo. Soy auténticamente bueno. Legítimamente tuyo...

...pero no me dañes. No juegues con mis susurros ni intentes hacer trabalenguas en mi nombre. Soy amor... ¿entiendes?... Amor, hoy, mañana y siempre. Llegué para salvarte de la soledad y las sombras. Te acepto este homenaje de Febrero, mas no creas que con esto basta para quedarme y ya. Soy demasiado inmenso para una jornada corta...  Desnúdate el alma, abre tu corazón y deja el cuerpo al viento... quiero darte amor, pequeñas gotas en piel... no ahora ni después, todos los días, con sol y luna, interminablemente... soy amor, ¿entiendes? Soy amor.