La escandalosa infamia de la revista norteamericana Forbes solo sirvió para traer a la palestra pública la irreversible humanidad del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, presidente de Cuba

 

Por Graciela Guerrero Garay

Ya se dice, desde todos los tiempos, que no hay mal que por bien no venga. La publicación en la revista norteamericana Forbes de una lista que ubica al Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, con 900 millones de dólares, entre los mandatarios más ricos del planeta y el primero de Latinoamérica, me recuerda más de un vitalicio refrán y corrobora que muchos van por oro y vienen con lana. Tal es el caso.

El cacareo internacional que levantó la "noticia" no es nuevo. Ahora solo el patrimonio de nuestro líder crece, pues en el 2005 le adjudicaron 550 millones y, en 2003, le calculaban 110. Y lo risible está en que las fuentes de ingreso de Fidel varían, según ellos, año tras año. Hace tres, la estimaban a partir de considerarle suyo un porcentaje del Producto Interno Bruto. El pasado calendario la fortuna obedecía a los dividendos que produce el Palacio de Convenciones, CIMEX y MEDICUBA, que por demás se los asignaba en propiedad.

Ahora solo modifican en algo el "argumento". Ya no son, este 2006, suyos, sino que tiene el control y eso, para Forbes, genera los millones. Lo importante es que su mentira sacó, una vez más, la única verdad que existe: Fidel es rico, pero de corazón. Y dudo que le puedan calcular su fortuna, sobre todo si continúan con los mutilados métodos de conteo que divulgan y que, incluso, dan por cierto cuando citan que "calcular una fortuna es asunto complicado..."

Los cubanos sabemos de la riqueza verdadera del Comandante. Y ahora me parece verlo, bajo la lluvia y las ráfagas de viento, en cada uno de los lugares del país que un ciclón ha dejado sin hogar a la gente. Lo recuerdo, con sus problemas de salud el pasado año, presidiendo hasta altas horas de la madrugada una Mesa Redonda para orientar y abrirnos la esperanza, aunque lamentablemente no todo fluya como él quiere ni puede.

Y el testimonio vivo lo hizo Eusebio Leal, historiador de Ciudad de La Habana, en la comparecencia pública que movió la atención nacional e internacional esta semana, justamente para desmantelar la infamia de la revista Forbes. Fue muy bueno enterarnos de que su posible fortuna está repartida por todos los museos de la Isla. Fue muy saludable escuchar qué pasa realmente con las vacunas que produce MEDICUBA, pero también es muy gratificante saberse madre y tener la certeza de que nuestro hijo está inmunizado contra las enfermedades que nos lo pueden arrebatar hacia la muerte.

Pienso que no hay que decir mucho para convencerse de que Fidel es rico. Lo es. Por esa fortuna que tiene, hoy los muchachos nuestros, a los que no pudimos evitar que cogieran los caminos torcidos del jineterismo o la delincuencia, siendo nosotros, los padres los únicos responsables de detenerlos, él les abrió un camino alternativo, tal como si nos pusiera una mano en el hombro y nos dijera, no se preocupen, pueden volver a estudiar y ser algo en la vida, tranquilos.

Y así llenaría cuartillas de cosas maravillosas del Comandante. Lastima que la revista Forbes y otros cuantos más midan fortunas por lo que le suena en el bolsillo e ignoren las reglas inviolables de la naturaleza, que únicamente no convierte polvo aquello que salta las barreras de lo ordinariamente material. Y si alguien le bautizó como amor, espíritu, alma, buena persona, desinterés y humanidad no lo hizo mal, pero como son virtudes que escasean tanto, desgraciadamente, no están concebidas en las hojas de cálculo de los caza millones de este mundo. Eso sí es muy complicado calcularlo y, de seguro, Fidel no sería el séptimo mandatario del planeta. Contra muchas voluntades, su récord sería inédito o, al menos, no apto para videntes ciegos o manipuladores mancos.