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A la ciudad no le ha parido la poesía. Ella nació para acunarla, multiplicarla por los altavoces, regalarla a los pájaros, al viajero, a la luna y al sol. Pero no es una poesía cualquiera,  aunque las multitudes le hagan palmas entre el bambú y la danza, al calor del cerdo asado, el aguardiente de caña, el sombrero de yarey y la guitarra. Es una poesía de la tierra. Es campesina. Es popular. Es décima. Y no más.

Las Tunas es su Capital y todo tiene que ver con las raíces, con el modo de “robarle”  la gracia al sinsonte, al labrero, al azadón, al gorjeo del viento y la picardía de las estrellas. Pero no es un fenómeno nuevo ni de ayer, es de siglos. Tiene  mucho que ver con su artífice mayor, Juan Cristóbal Nápoles  Fajardo, El Cucalambé.

Hablan los investigadores que Juan  Cristóbal dio suficientes pruebas de talento y aptitudes para la poesía y su dominio, no solo entre los poetas de la familia. El clásico de esta vertiente, Rumores del Hórmigo, que publicó en 1856, lo demuestra. Su carácter peculiar dentro de la literatura cubana, la manera singular de reflejar el criollismo, el amor patrio, la vida del campo y la sonoridad de sus estrofas lo distinguen entre sus compatriotas y lo encumbran dentro del siboneísmo en  la Isla.

Este arraigo es muy bien manejado por las instituciones culturales tuneras y, avalados por la idiosincrasia de El Cucalambé, el arraigo popular de la décima en todo el territorio, que abarca ocho municipalidades con un poco más de medio millón de habitantes,  conciben rescatar el valor autóctono de este acervo y la memoria del vardo local, que nos legó el buen uso de la estrofa.

Para más suerte y, por esas cosas del destino,  quedó intacta una parte de las paredes que  formaron su casa en la finca El Cornito. Justamente aquí, en las afueras de la ciudad, donde radicaba desde la colonia el ingenio de los Nápoles Fajardo y la casona natal, se  construyó un motel que conserva el nombre original y la fuerte arboleda de bambú, donde cuentan que el poeta cantaba sus  composiciones e improvisaba sus bien hilvanados octosílabos.

Hoy el recinto es sede, desde hace más de 30 años, de la Fiesta Campesina más popular de Cuba, que tiene carácter internacional y ha ganado, por su calidad y diversidad de opciones culturales, turísticas y recreativas, la aceptación de un número cada vez mayor de países iberoamericanos, con la participación de sus poetas, repentistas, trovadores y personalidades culturales.

Todo ello ha entronado y devenido reina a la décima en Las Tunas y, aunque algunos, quizás conservadores, no están totalmente de acuerdo en designarla como la Capital de la espínela, nadie puede quitarle el mérito a este territorio Balcón del Oriente cubano de agrupar, cada año, lo más selecto de los trovadores, poetas, repentistas e improvisadores del país y otras regiones del mundo.

CASA IBEROAMERICANA DE LA DÉCIMA

Apuntalados en el arraigo de la popularidad de la estrofa y ese modo peculiar con que se adhiere a la nacionalidad cubana, tal como si desde  que en 1591 Vicente Espinel, con su libro Diversas Rimas, dijera algo semejante a  “esto es expresamente para los habitantes de la Isla”, la espínela tiene hogar fijo en Las Tunas para ubicarla en el alto podio que la situó, desde el alma, Juan Cristóbal, El Cucalambé, y toda esas generaciones de cubanos que, desde la manigua, improvisaron el verso para retratar sus vidas, sus pasiones, sus odios al enemigo y su frenesí por la libertad.

Tan prolifera y diversa está por todo el territorio tunero que no había dudas de la necesidad de crear una institución que rectorara, agrupara, motivara y guiara las directrices de todo el amplio gremio de decimistas, innatos o estudiosos, de edades y profesiones diferentes dedicados a su cultivo y extensión. Surge, así, la Casa Iberoamericana de la Décima, con toda esa voluntad a flor de piel.

La promoción de este arte hablado, cantado y escrito se logra mediante bien pensadas Convocatorias y Concursos que buscan la masividad de participación y retan a la pureza de estilos y formas, pero que no quedan en la epidermis provincial, sino que trascienden al ámbito nacional e internacional. Aquí están el Concurso Nacional de Improvisación Justo Vega y el Premio Iberoamericano en Décima Cucalambé, generadores de nuevos valores y confirmadores de ese talento esparcido por todo el país como Alberto Garrido, Carlos Esquivel, Alexis Díaz Pimienta, David Mitrani, Pedro Péglez y Renael González, entre muchos otros valiosos.

Asimismo patrocina las Jornadas Cucalambeanas, que ya dejaron de ser un suceso exclusivo de Las Tunas para llevarse a los ocho municipios de la provincia, hacer altos en las Cooperativas y comunidades campesinas, centros de trabajo y estudio  y convertirse en todo un proceso evolutivo y creativo de identidad cultural, desarrollo social y prevalencia de las más lejanas tradiciones.

El homenaje a  El Cucalambé deviene pretensiones cada vez más sólidas y la Casa logra convertir esta semana de orgía campesina en un cohesionado programa de masificación y extensión  cultural, con una influencia directa en los niños y jóvenes  quienes, a su vez, se vuelven protagonistas y cultivadores del género, como imitación natural y vívida de sus ascentros.

A la institución hay que agradecerle además el número creciente de países participantes en las Jornadas, la difusión en otras latitudes de la creación literaria y oral del movimiento de repentistas, improvisadores, investigadores y cultores de la espínela, tanto en Las Tunas como en Cuba plena. Y más. Llegan aquí, en estos 37 años de “Cucalambeanas” figuras como Jesús Orta Ruiz, el Indio Naborí, Adolfo Martí y Adolfo Alfonso, Virgilio López, por citar algunos.

Lo mismo sucede con el Festival Internacional de la Décima y el Verso Improvisado. O el Coloquio Iberoamericano de la Décima que, cada cual con sus características, lleva  a la reflexión de la presencia de la estrofa en Hispanoamérica y facilita el intercambio de culturas e identidades entre los pueblos e  hace incuestionable su presencia en la Isla, el sentido de pertenencia a las raíces y su genuino carácter popular y campesino.

Diez años de creada tiene esta Casa Iberoamericana de la Décima y  cada día el reto es mayor, pues también asume proyectos que, desde el interior del trabajo mismo, llegan a la comunidad y eso, al decir de su director, Licenciado Ramón Batista, es estar más comprometidos con esa fragua de poetas, con los jóvenes talentos que se descubren, con  una tradición que habla por sí misma de  cuánto significa este modo de hacer arte para el pueblo. Y mantener y superar los logros requiere de todo.