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Cumbre Presidencial Soberanía y Seguridad Alimentaria

SOS justo, pero ¿qué?

·        En el foro sobre Soberanía y Seguridad Alimentaria, Daniel Ortega, Presidente de Nicaragua, país sede, llamó a enfrentar con acciones comunes el debacle de la crisis alimentaria que ya pone en peligro la continuidad humana

·        A esta altura de la vida y lo tangible de la crisis, vale lo más mínimo y elemental que contribuya a contrarrestar la miseria y el hambre de los pueblos, sobre todo los que hasta ahora han puesto el sudor y los platos vacíos en la mesa

·        El Vicepresidente del Consejo de Estado de Cuba, Esteban Lazo, al intervenir en la Cumbre fue muy claro: es una situación perversa e insostenible

Por Graciela Guerrero Garay

No me estoy repitiendo, pero confieso que no imagino qué fotos circularán por Internet y publicarán las ediciones impresas dentro de un lustro de los niños desnutridos de África y todos los que hoy habitan en el Tercer Mundo. Tampoco mi mente alcanza a dibujar las posibles caricaturas de muerte, hambre y desolación que ilustrarán la vida en la tierra, sino más comienza a deslumbrarse la crisis y es para tener un insomnio perenne.

Leo y vuelvo sobre el tema de la Cumbre Presidencial Soberanía y Seguridad Alimentaria, celebrada en Managua, Nicaragua, y me resisto a negar la esperanza de los millones de seres que dependeremos de la conciencia y la convicción de los otros, sobre todo esos poderosos imperiales que hasta hoy se llenaron los bolsillos con la explotación de los pobres, los recursos naturales ajenos o la guerra de colonización bajo cualquier pretexto, menos humano y digno.

Valoro altamente la intención de un evento de este tipo, convocando a la unidad de acciones, a un comercio justo, a la defensa a ultranza de los legítimos derechos del hombre, un pedazo de pan y un simple vaso de agua. Lo mínimo indispensable, hoy utopía en muchas latitudes y causante de la muerte de 24 mil personas cada día por culpa del hambre o causas relacionadas, según datos del Proyecto Hambre de las Naciones Unidas.

El 75 por ciento de los decesos son niños menores de cinco meses. La desnutrición crónica marca las estadísticas. La meca es la pobreza extrema. Hay datos confirmados de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) que consideran que unos 800 millones de terrícolas sufren la pandemia de la hambruna y la desnutrición.

¿Hasta dónde crecerá el estimado? La Cumbre de Managua, la intervención concisa del Vicepresidente Cubano, las voces de Ortega y del Primer Ministro de San Vicente y Granadinas, Ralph Gonsalves, son ejemplos de esa voluntad que se empina y se enfrenta, Mas, ya tenemos testimonios también de esa contraparte maligna, tumorosa, que prefieren los biocombustibles a la sonrisa de un niño. Pero los suyos, caerán. Ya sabemos que la ambición los ciega.

Y hay más. Desde 1996 Fidel Castro Ruz, previsor y universal, lo decía: “Las campanas que doblan hoy por los que mueren de hambre cada día, doblarán mañana por la humanidad entera si no quiso, no supo o no pudo ser suficientemente sabia para salvarse a sí misma.”  
Haití está ahí. Ahorita puede ser otro. Mañana, todos. Esta Cumbre de Managua es un grito de alerta de quienes saben de las esencias de los pueblos. Hay que aferrarse a las voces de los que luchan. No podemos dejar que los alimentos sean una mercancía más. La miopía de los ricos, el neoliberalismo, el facistoide sentimiento de los exportadores, el Fondo Monetario Internacional y todo el monopolio envilecido que multiplica la miseria tiene que ser condenada.

El ALBA, como el alba misma, es el despertar. Nadie lo dude. Quítense las orejeras los todavía ricos de hoy. Un día tampoco habrá trigo para ellos. Las estadísticas lo anuncian. La naturaleza no perdona y la tierra está cansada de tantas manos sucias tocándole el ombligo.

 

Después de la noticia

Esas no son cubanas

Por Graciela Guerrero Garay

He esperado que pase el furor de la noticia. Quizás los cerebros blanco-negros estén menos apasionados y puedan leer con alguna cordura lo que quiero decir. Aunque estoy convencida de que no cesará la metralla “pueril” y envenenada para desinformar, manipular y comentar sin dominio alguno de una realidad que gana cualquier eventualidad a pesar de los peros y los contras.

Antes de redactar estas líneas revisé, casi todo, lo que han publicado los medios internacionales. Y no dejé de leer, por supuesto, las declaraciones de las mal llamadas “Damas de Blanco”, porque nada tienen que ver con la pureza íntegra que se le atribuye al color con que las llaman. Mi conclusión es una: no son cubanas.

A las cubanas auténticas no se les ocurriría nunca levantarse contra el gobierno ni pedir libertad para sus presos, al margen de que los suyos sean los llamados de “conciencia”. NO se les ocurriría por cosas tan elementales como saber a conciencia de que si están en la cárcel es porque cometieron un delito y se les juzgó y condenó por lo que exigen las leyes.

A la policía se le puede reclamar porque anden sueltos algunos ladronzuelos de barrio o porque no tengan en listas preventivas a todos los que delincan. Nunca por maltratar a un ciudadano que cumpla con el orden y esté en orden. Y menos por someter a proceso a un inocente.

Lo otro es tan elemental, o más, que lo primero. La madre cubana, aunque tenga sexto grado, sea universitaria, viva en un edificio o una casita de madera en campo adentro, se le da gratis la atención materna, desde la captación del embarazo hasta que el bebé hace su alumbramiento.

Y después, a ese niño o niña, se le da todo GRATIS también hasta que empieza a trabajar, mientras ella goza de todos los derechos laborales y legislativos durante el primer año de vida del vástago, con licencia de maternidad pagada si es obrera.

Desgraciadamente, los enemigos son tan coléricos y tan poco éticos que solo ven las manchas. Y se agarran de la escasez, pero es que con escasez y todo, esos niños jamás se acuestan sin comer, tienen un litro de leche diario, una bola de pan, un sobre de yogurt y una proteína asegurada, una vez a la semana, en las carnicerías, Nada de excesos, ni en cantidad ni valor monetario, porque son productos subsidiados. Eso para muchos, muchísimos, en la humanidad que hoy habita la tierra, es un lujo.

Una madre y esposa cubana sabe de cocinar con leña –ahora no, todas lo hacemos con ollas eléctricas en las ciudades y en la mayoría de las zonas rurales- tanto como que su familia tiene un nivel de seguridad estatal inviolable por parte del Estado. Nuestra policía no es represiva, es educativa y alerta, previene, antes de proceder. Eso lo saben todos los cubanos.

Y cubanas, con esposos, padres, hermanos, hijos, nietos y parientes en nuestras cárceles, tenemos muchas. Y ninguna ha hecho una manifestación de este tipo, como lo hicieron las Damas de Blanco. Hay casos en que no han encontrado justa la sentencia y reclaman al Tribunal Supremo. Si procede, se le da la razón. Eso también lo saben los cubanos.

Pero esta comidilla de las “esposas de los presos de conciencia” es un pan de avena en horno americano. Es la puntillita servil para que siga la campaña y la ingerencia contra Cuba. Y no creo que ellas, si viven en Cuba y en La Habana, dejaran de contar con la posibilidad de que el pueblo, mujeres como ellas, no se les enfrentaran.

Porque hay una perogrullada en este asunto: las cubanas, con escasez, apagones, salarios que no cubren la balanza de precios, sin oropel ni limosinas…a pie, en camellos, “en botella”, con candil y cuanta limitación que no huela a consumismo exista en nuestros hogares y centros de trabajo, amamos la Patria, pensamos, como madres y esposas, de las garantías – mínimas, si a alguien le gusta el término- que tienen nuestros hijos y esposos. Y si somos buenas damas, buenas madres, buenas esposas, hacemos lo indecible para sacarlos de los malos caminos.

Y esos llamados “presos de conciencia” buscaron los trillos más turbios para demostrar su enfermedad. Aquí, y también lo saben los cubanos, los que no estuvieron de acuerdo con nuestro socialismo se fueron en el 59 y se están yendo desde entonces.

Nos faltan muchas cosas en campos de eficiencia y suficiencia. Hay que limpiar el viandero de malas yerbas. No nos creemos ni somos perfectos. Vamos a mejorar nuestra sociedad. Ahora lo estamos haciendo con más bríos que nunca, pero a nuestro modo, al modo de la mayoría.

Estos aspavientos de unos pocos que no encanten a nadie. A las Damas de Blanco solo se les hizo la resistencia que ellas mismas produjeron en su resistencia. Como mismo circula la foto de nuestras dignas camaradas haciéndolas subir a los ómnibus, divulguen también los gases lacrimógenos, las mangueras de agua, los bastonazos y todo lo que también sabe todo el mundo usan por ahí para callar a quienes protestan por más empleos, alimentos, salud, educación, no mercado sexual de niños, desaparecidos inocentes y cuanto mal engendra la mala distribución de la riqueza en el planeta.

Basta de tratar de hacer víctimas o falsos héroes a quienes piensan en sí mismos o le dan valor a sus semejantes a partir de la plata que llevan en el monedero. Esta es una sociedad de humildes y para los humildes, donde la grandeza está para todos o para nadie. Y a quien saca la pata, se la cortan y más si la pone en la senda equivocada. Las cubanas pedimos cambios, pero sin perder un ápice de lo que tenemos.  Y esta convicción es más antigua que las Damas de Blanco.

 

   

 

Todavía no hay “diciembres”

Todavía no hay “diciembres”

Por Graciela Guerrero Garay

Dos años después me hago la misma pregunta: ¿En la Meca del pobre, quién pinta los derechos? Y me asusto que falte tanto para arrancarle al almanaque la hoja de diciembre. Esta vez mis ojos chocan con nuevas estadísticas. Más muerte, más hambre, más calentamiento global, más desaparecidos, más guerras, más violaciones, más pobres, más presupuestos para armamentos, más explotación, más migraciones…

En fin, una larga lista de números patéticos y palabras, las mismas palabras apocalípticas que delatan, para los que sí aprendieron a leer con raciocinio, que la balanza mundial anda siempre mirando al oeste, por donde jamás sale el sol. Empero, los titulares de farándula anuncian fiestas de millones para autos, viajes a la luna, hoteles en el planeta Marte y hasta novios robot que te hacen el amor con la mirada.

Increíble, pero cierto. Sesenta años de que la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobara por votación la Declaración Universal de Derechos Humanos y más de la cuarta parte de los terrícolas vive en absoluta pobreza. A los llamados Países del Tercer Mundo, lo único que les falta es que a algún poderoso se le ocurra pasarlos para un “cuarto”, incluirlos en el glosario de “amenazas para la vida”, acuñarles la categoría de “terroristas”, desplegar un ejército con napalm y bombas teledirigidas y montar una campaña difamatoria y antinacional que le sostenga los ¿argumentos?

Anoche apenas pude dormir, y vivo en un país libre, gracias a miles de hombres y mujeres que desde el descubrimiento del Nuevo Mundo aprendieron a tiempo el significado de la dignidad. En Las Tunas, mi ciudad, las noches solo son heridas por el chirrido de alguna que otra lechuza, el claxon de un vehículo, la risa de alegres trasnochados o el galopar de los caballos de los coches que hacen de transporte público. En toda Cuba sucede lo mismo.

Me desveló el grito de Marisa Olguín, la mamá de Bruno Alberto Gentiletti, un niño de Rosario, en Santa Fe, Argentina, desaparecido desde el 2 de marzo de 1997. La foto que difunde PING, un buscador de blogs en Español, es “resultado de un estudio (Progresión de edad), realizado en EEUU por International Center for missing & exploited children. Creemos que puede ayudarnos a encontrarlo”.

Justamente así dice el mensaje, pues cuando Bruno no regresó a casa tenía nueve. Hoy, ya es un adolescente de 19 años y aún no sabemos donde está, indica más adelante la nota. ¿Quién se atribuyó el derecho de dejarlo sin los mimos maternos, sin sus amigos, sin su vida? ¿Quién viola y quién defiende la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la Asamblea General de las Naciones Unidas?

Cuanto contraste. Cuanta crítica estéril y absurda a mi país, acusado millones de veces, sobre todo por los Estados Unidos, de violar los derechos humanos.

Mi hijo es también un adolescente de 19 años y recién comenzó a trabajar como Técnico Medio en Contabilidad. Acaba tarde, recorre un trayecto de más de tres kilómetros diarios a pie o en bus y tiene total garantía. Y, también, miles como él, estudian de noche, van al cine, visitan amigos, hacen acampadas, van a conciertos, y regresan sin otro riesgo que no sea la eventualidad propia del existencialismo.

Desaparecidos, jamás. Lo contrario. Cualquier cubano, sin conocer al muchacho o la muchacha –como le decimos con cariño- los auxilia si caen de la bicicleta, tienen alguna discordia o están en peligro por una travesura. No tendrán todos una reproductora, una goma de mascar, una memoria MP3 o un “zapato con lucecitas” en la suela, pero ríen como les da la gana, arman un juego de pelota en plena calle, trasnochan, estudian gratis y van al médico hasta por un simple dolor de cabeza sin costo alguno.

Siempre he tenido una larga (por vieja en mi memoria) interrogante en la cabeza: ¿los derechos, los verdaderos, los inherentes al hombre, se defenderán antes o después de nacer? ¿Para qué hablamos de “Derechos” si la mitad de los humanos nacen sin garantía de vida, sin un plato de lentejas asegurado, sin un medio ambiente idóneo, sin una potencial infancia feliz?

Podría escribir tanto y mucho de lo que casi nadie tiene o tendrá cuando ve la luz, que ni un semanario de mil páginas alcanzaría. De tan pequeños detalles crece la vida que, hasta podar un cerezo en el Amazonas, puede ser la desaparición de un refresco de la fruta para los que nazcan en el 2050. No es una idiotez preguntarse, otra vez, quién le devolverá la alegría a los ojos de Marisa Olguín. ¿Alguien tiene idea de cuántos kilómetros han recorrido sobre el mismo asfalto las Madres de la Plaza de Mayo?

Todavía no es diciembre. Las bombas siguen cayendo sobre Irak. El repudiado, por los hombres de bien, no digo incluso de la izquierda, Luis Posada Carriles, terrorista confeso, sigue libre. Los CINCO cubanos que denunciaron el terrorismo dentro y fuera de Estados Unidos, manipulados en un juicio que viola justamente las normas del Derecho Internacional, están presos a pesar de que se ha demostrado, una y una más, que su delito es salvar de la muerte a sus hermanos cubanos y norteamericanos.

El 11 de septiembre es una foto mil veces difundida y hasta popular. ¿Cuánto habrán almorzado un súper-plato a su costilla? Gardel dijo que 20 años no es nada. No es raro que algún político de turno, de los ya probados de turnos, la parafraseen y acuñen, “60 tampoco es nada”.

Pero yo creo, sinceramente, que la Asamblea General de Naciones Unidas debe virar la tortilla y para el 10 de diciembre, cuando se cumplan los 60 años de lo que pudo ser una ejemplarizante Declaración, al menos, un reporte de prensa pueda contar la historia al revés. Sería tan humano leer, escuchar, difundir, poner en las esquinas, Ya no hay niños desnutridos en África…

Bruno Alberto Gentiletti ya está en casa. Marisa Olguín es tan feliz como las madres cubanas. Ya no temerá jamás que se ausente. Por vez primera en la tierra se han restablecidos los derechos. Este derecho a leer algo que valga la pena y desborde el corazón acaso, ¿no es humano?  

 

VII Congreso de la UNEAC

 Para corazones puros

 Por Graciela Guerrero Garay

Hablar de las obras magnánimas, para mí, siempre ha sido un reto. Nunca encuentro las palabras exactas en los diccionarios. Este VII Congreso de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) es revolución. Pero no esa que los descreídos, demagogos y apocalípticos de este mundo fumigan con la mala saliva y las bilis demoníacas que llevan en su ADN, a fuerza de no poder desmoralizarlas con el ejemplo y la virtud que debe llevar un hombre.Es revolución porque es amor, compromiso, voluntad, confianza, esfuerzo, análisis, honestidad, principio, decoro, sabiduría, talento, futuro, seguridad, reflexión, grandeza. Es revolución porque es ideal, lucha, fe, garantía, humildad. Y no para nadie, sino para todos.Repetir opiniones de nuestros grandes y legítimos artistas y creadores es redundar en lo que se ha publicado, sin tapiz ni cortapisas, por todos los medios de comunicación nacionales y locales de la Isla y difundido, con las buenas y las malas intenciones que ya no asustan a ningún cubano, por casi todos los medios internacionales. El buscador en español Google lo mantuvo y mantiene en punta de sus inicios, el primero de abril.Voy a detenerme en las lecturas entrelíneas. Esas que tratan de confundir a claros y pre-claros y darle más ceguera a los ciegos de nacimiento. Pobres los que ven divisiones o telones escondidos, porque el debate puso puntos a las íes, abarcó una pormenorizada y cualitativa tormenta de ideas, criticó, aportó soluciones, pasó revista a una década, trajo el presente y dibujó el futuro.Miopes los que creen que lo cubanos no tenemos coraje para reconocer, componer, evaluar y reconstruir. Medio siglo con amenazas, bloqueo, ciclones, carencias, ataques biológicos y belicistas también dicen más de una palabra, sobre todo porque mi Patria es un país subdesarrollado y está en la geografía de los llamados Tercer Mundo.Así, con todo, no es la misma en nada que la del 59, del 60, del 80 y del 90. Ahora que multiplicamos los índices de población, que incluso somos demográficamente una sociedad con tendencia al envejecimiento, seguimos sin analfabetos, mantenemos la salud gratis, hay acceso libre y sin costo a las universidades (hasta para el adulto mayor) y todos, exactamente todos, recibimos una cuota mínima que garantiza una bola fresca de pan diaria. Una sola, pero, ¿dónde más sucede esto?Y este milagro, real y maravilloso como dijo Alejo Carpentier, es justa y meridianamente, lo que defendieron nuestros artistas en su Congreso. Fue poner el verbo martiano a la mesa de su obra, recordar sin decir, lo que el Apóstol enseñó…” Criticar no es morder, ni tenacear, ni clavar en la áspera picota, no es consagrarse impíamente a escudriñar con miradas avaras en la obra bella los lunares y manchas que afean; es señalar con noble intento el lunar negro, y desvanecer con mano piadosa la sombra que oscurece la obra bella. Criticar es amar…”Pueriles los que escuchen o lean los acervos al revés. Hace tiempo que somos todos para el bien de todos, desde la diversidad y la mayoría. Y con esta inmensidad de voces fortalecidas, militantes, consagradas, vamos hacia el perfeccionamiento, porque no somos perfectos, mas, sin aspirar a la utopía de la perfección, podemos ser mejores, enmendar equívocos, reconsiderar hechos y hacer cada día una nación más plena y más digna de nuestro propio coraje.Razones, motivaciones y sentimientos sobran. Los conceptos tienen la transparencia de las aguas limpias. Este debate de la UNEAC es la prolongación de esa cubanía que vive y se perpetúa en cada amanecer criollo, atípico, con sabor a indio, congo y carabalí.Nicolás Guillén lo dijo para todos los tiempos…tengo lo que tenía que tener… Eusebio Leal lo confirmó con su magistral prosa…Una reunión como esta de hoy no podría celebrarse en ningún lugar del mundo, porque no existe aquel donde los intelectuales, los escritores, los artistas… se puedan reunir y que sus ideas no ya cuestionen, sino que influyan y hasta determinen en la vida de un Estado y de una nación.

Huelga el comentario. Solo los corazones puros están aptos para altas lecturas y sabios entendimientos. Ya se dijo la palabra, ahora viene la acción y en Cuba siempre amanece temprano y las noches están llenas de estrellas anunciando el firmamento. Seguimos andando, conocemos el camino y las piedras. Y también, como escribió el cubanísimo Manuel Cofiño, vemos los pinos y el pinar, porque no hay pinar sin pinos.

       

¿Hasta cuándo con Cuba y las cubanas?

¿Hasta cuándo con Cuba y las cubanas?

Por Graciela Guerrero Garay

Bueno sería vivir al margen de las noticias, sobre todo porque cada día crecen las de muerte, violaciones, derechos sin derechos, hambre…Basta solo ser lo que bien se llama – digo BIEN – un ser humano, para sentir agredidos también desde el colesterol hasta la sustancia gris de la masa encefálica.Empero, es imposible. En el mundo hay que tomar partido, aunque desgraciadamente las falacias mortales de los hombres no se cansan de dividirlos en izquierda o derecha y, lo peor, atribuirles, según la conveniencia, tantas virtudes o defectos como proceda. Si de verdad el hombre quisiera ser digno de sí mismo creo que existiera un solo partido, humanidad.Pero ya a esta altura es una pueril “ideota” (léase grande) aspirar a limar tanta aspereza. Mas, no por ello, hay que aguantar que cualquier podio o cualquier medio le sirvan, también, a cualquiera para agredir lo que no considere esté en su bando y se desmonte con millones de ¿razones? para desacreditar las verdades de otros y acuñar las suyas.Por eso, aún cuando no domino todos los elementos del asunto y con riesgo de profanar códigos profesionales, asumo mi autonomía de decir porque me sobran argumentos para hacerme un sano juicio. Y más. Tengo la verdad de ser y saber cómo son millones de mis congéneres. Puedo escribir, no quepa dudas.El caso es que recibí un email donde, sin rodeos, enuncia que “una cubana contesta al Señor Gurrea”. Y el texto es una carta digna, elocuente y verdaderamente leal, firmada por la Doctora Sara Hernández Aranguren, quien le decía a este señor – que no he podido saber a ciencia cierta quien es, aunque lo busqué en el Google-, desde las tierras venezolanas donde cumple misión internacionalista, que usted ha afirmado en  un programa de televisión, que en Cuba "todas las chicas se tienen que prostituir para salir adelante".Quisiera decirle que esta equivocado. Es mejor que piense bien lo que va a decir antes de hablar.Y acto seguido refutaba con toda la irrevocable fuerza de nuestra realidad: Lo que usted ha dicho es un insulto para todas aquellas mujeres que somos cubanas y no nos prostituimos (que somos la mayoría).  Su carta no solo debe leerla Gurrea, sino muchísimos otros. Como bien dice Sara, aquí hay quienes se prostituyeron ante el debacle del socialismo y la asunción del período especial, pero son menos, miles de menos, que las que somos médicos, enfermeras,  ingenieras, profesoras, trabajadoras simples, comunes y corrientes  y hasta para las que son amas de casa y tampoco se prostituyen. Que no lo harían aunque estuvieran pasando las penurias más grandes, como bien afirma esta médico cubana.Y es bueno que esto corra por los cuatro vientos. No por defender espacios propios ni desmentir imágenes que una enorme cifra de terrícolas sabe hoy, amén de la muy bien pagada propaganda anticubana, que el jineterismo en Cuba ya está pasando de moda. Yo diría que pasó. Y pasó porque el Estado Cubano, justamente, se ocupó del asunto, como ninguno lo ha hecho a lo largo de la historia. Tampoco se escondió el problema, todo lo contrario. Se asumió con meridiana valentía social, educativa, profiláctica, comunitaria, individual y política. Incluso, se descantó hasta quienes tuvieron una relación espiritual y natural con un extranjero y se respetó esa decisión personal.Hoy muchas cubanas están bien casadas y tienen familias con ciudadanos de otras nacionalidades y residen en disímiles lugares del planeta. Pero esta legitimidad de derecho civil no la menciona ni Gurrea ni los otros que quieren atacarnos. Del sol, solo ven las manchas. Claro, esa debe ser la conveniencia. También está demostrado.Es una rabia vieja contra Cuba y las cubanas, amén de que se pueda manejar una cifra de posibles prostitutas. En todos los lugares del mundo las hay y al servicio de entidades oficiales, mal rentadas y víctimas de todo tipo de violencia. Eso también se calla. Las pocas nuestras, su mayoría jóvenes inexpertas, ingenuas, arrastradas por promesas de personas mal intencionadas y con la influencia de las novedades de un turismo que llegó con sus papas podridas, hoy están reinsertadas en la sociedad, estudian, trabajan y guardan esos momentos de desarraigo emocional como la aspirina que le quitó el mareo de la adolescencia y la farándula.Esto nunca lo ha ocultado Cuba. Hay libros, revistas, diarios, por doquier que cuentan las historias, los arrepentimientos y la vuelta a la vida social con mucha dignidad y madurez.  Ese señor Gurrea no está vociferando “pan fresco” ni noticia de primera plana.Lo que sucede, en verdad, es que la espina cubana la tienen muchos atravesadas en la garganta y aprovechan para tirar perdigones donde saben que le regalarán la diana.Las cubanas no tenemos que sobornar a nadie para conseguir un título universitario. Tenemos las puertas abiertas de las universidades. No tenemos que usar hilo dental ni hacer un strip tic para agenciarnos un empleo. Luchamos, sí, mucho y tenemos carencias materiales de cualquier tipo, sobre todo en estos años de período especial, nacido del derrumbe del socialismo y con un bloqueo y una guerra fría que, por ser cubanos, ni Gurrea ni los otros se han podido llevar el gato al agua. Nos damos nuestro lugar y sabemos lo que queremos.Las cubanas, señores, somos ricas, no prostitutas. En hogares sencillos, sin oropel ni candilejas, disfrutamos de la ternura de los hijos, del esposo, de los padres, los hermanos, los amigos. Bailamos, reímos, trabajamos, estudiamos, caminamos, compartimos el café, el arroz, los frijoles, nos avisamos cuando llega el picadillo a la bodega, vivimos…muchas veces solo con el menudo de la guagua en la cartera, pero felices de sentirnos sin miedo a que nos maten, violen, despidan o se nos muera la familia de ignorancia o insalubridad.Así somos casi todas las cubanas. Hablar en blanco y negro nunca es elegante. Puede que todavía por ahí quede algún diamante sin pulir. Es propio de este mundo, donde por doquier hay de todo. Pero aún con alguna historia en el bolsillo, no es de caballero generalizar y menos ofender a toda una estirpe de mujeres que ha probado su decoro y dignidad desde que Colón descubrió a América. Lea Historia de Cuba y encontrará a las indias de “la tierra más hermosa que ojos humanos hayan visto” haciéndose valer.Mi congénere lo ha dicho: Es mejor que piense bien lo que va a decir antes de hablar, pues al parecer, Gurrea, no se ha encontrado todavía con la verdadera mujer cubana. Raro, porque somos tantas que hasta me pregunto si no le habrán dado a Usted gato por liebre.

¿Dónde está la libertad?

¿Dónde está la libertad?

Por Graciela Guerrero Garay

Esto no es un articulo por encargo, aunque los descreídos o los que quieren creer que cualquier pececillo teñido es un golfee rojo pueda levantar argumentos, tesis y hasta montar una campaña publicitaria para decir lo contrario.Lo cierto es que nadie que tenga dos dedos de pudor, un metro de dignidad y la elemental ética humana y profesional puede aceptar, o quedar en silencio, ante mentiras que, a base de repetirse tanto, algunos “distinguidos” señores pretendan convertirla en verdad.Acabo de enterarme que se abrió un foro – debate en Internet para ¿opinar?  sobre lo que han dado en llamar el “Primer Día de la libertad de expresión en Internet”. Lo promueve el sitio Web de Reporteros sin fronteras. Todo parece indicar que el tema del tema es cuestionar el encarcelamiento de periodistas cubanos. Caería en los mismos puntos “éticos” de mis supuestos colegas, si, con la misma ironía que ellos abordan las noticias, sobre todo las cubanas, empezaría a decirles que son una ONG al servicio maquiavélico de los intereses del gobierno de Estados Unidos. O que sirven para que los supuestamente afectados, humillados y palipadiados por el régimen de Castro – como casi siempre citan – rieguen sus bilis por la red de redes, sin mirar la verdadera cara del asunto.Nada más lejano de mí empeño. No vale la pena seguirle la corriente. Como yo si tengo libertad de expresión, sin ser plantilla ni contrato de Reporteros sin Fronteras. Y como no me creo el asunto de que a partir de hoy es que hay “libertad de expresión en Internet” porque, entonces, cómo entender que cualquiera abre una weblog, promociona sexo, vende cualquier baratija, manipula información, difama y toca campanas cuando le conviene.Esto para mí está claro. Lo que no entiendo es ¿quién le quitaba hasta hoy la libertad de expresión a Reporteros sin Fronteras, que llaman ahora al mundo entero para que los ayuden a encontrarla? O. quizás, sea que necesiten algún apoyo internacional para continuar haciendo su magnánimo periodismo, que no hay que ser un tanque pensante ni un analista de las grandes ligas para darse cuenta que siempre anda por los mismos trillos, sobre todo para enjuiciar a Cuba y defender lo indefendible.Lo que sí sé es que este foro de hoy es otro cuento de la buena pipa. Ese que siempre pregunta lo mismo, aunque le digas al cuentero las mil respuestas posibles. Para ellos nosotros, los periodistas cubanos, no tenemos libertad de expresión y la quita “el gobierno de Castro”, y quien se atreve al desafío va a la cárcel.Y detrás de eso viene el culebrón de defensa a ultranza de los derechos humanos, de esos colegas presos. Pero resulta ser que en mis más de 24 años de graduada de Periodismo, de ejercer en varias editoras y agencias informativas del país, nunca jamás he conocido ni tenido de compañero de aula a ninguno de esos periodistas encarcelados y que toman de paladines organizaciones como RSF.Y confieso que he buscado y leído con la curiosa intención de ver quién de mis posibles camaradas se fueron con la de trapo. Y ningún nombre me es ni siquiera familiar. El problema es que ninguna de estas personas es egresada de las aulas de la Escuela Cubana de Periodismo. Ni en Oriente ni en La Habana.Puede que entre los que se autocalifican y venden como “periodistas independientes” exista alguno que recibió su título y ahora se olvida de los puntos medulares de su agenda personal, sobre todo la básica. ¿Podría pagar sus estudios en otro país, saliendo de la cuna que salió? En Cuba no hay ricos.El caso es que habría que ver a dónde llevarían otros gobiernos, sobre todo el imperio americano y sus aliados, a ciudadanos que hagan subversión, violen sus leyes constitucionales, se arroguen los derechos de hacer mítines o difamar cualquier asunto. Yo no dudo que en cualquier esquina aparecieran cadáveres. Hasta donde se, a esos supuestos periodistas se les comprobó y demostró que fueron comisores de delitos. Están pagando su condena.Pero el tema es la libertad de expresión. ¿No hay libertad de expresión en Cuba? Ejemplos miles tenemos de trabajos en los Medios de Comunicación nuestros que navegan en la red con enjuiciamientos críticos, con opiniones de cibernautas cuestionando hechos y cosas que involucran al Estado.No nos escondemos para decir que no somos perfectos. Siempre hemos debatido en todas las plazas nuestros problemas. Este debate generado por el Comandante Raúl Castro en el discurso del pasado 26 de Julio, no es nada nuevo como se quiere pintar para mantener la comidilla de los que llenan bolsillos sobre falsas esperanzas. En los años 80 un proceso similar de rectificación de errores y tenencias negativas ganó el espacio público.Yo tengo la libertad de escribir y de decir. Ahora si RSF quiere que diga lo que ellos quieren oír, y a eso llaman LIBERTAD, conmigo y con todos los que llevamos con dignidad y ética nuestra profesión se equivocaron. Digo lo que siento y quiero.Enjuiciamos, ejercemos el criterio, practicamos la crítica y analizamos nuestra sociedad sin tapices. Las muestras están echa tinta, voz e imagen en los diarios de este país y navegan también por la red. No seré conejilla de indias para nadie. Soy mi pueblo, con la diferencia que estudié la profesión de periodista y no de comediante.Y quienes se arrogan el derecho de usar su libertad para calumniar o defender el sistema que les paga y en el que creen. Felicidades. Es su derecho y lo respeto. Tengan al menos la delicadeza de respetar el ajeno. Yo también me arrogo ese derecho.