20200823131448-colas6.jpg

 

Por Graciela Guerrero Garay          Foto: Periódico 26

Las Tunas.- Siempre que regreso de la calle vengo con las mil preguntas sin respuestas. No exagero. Primero no concibo cómo se las ingenian tantos cientos de personas para resistir el calor y aglomerarse ahí, contra viento y marea, como si el mundo o la vida dependieran de ese tumulto y lo que venden, y no de una actitud prudente y cautelar porque anda invisible por todas partes una enfermedad mortal, el contagioso SARS-CoV- 2.

A la vez, me culpo por no ser buena en “cálculos al vuelo”. Si esta ciudad capital tiene – según estadísticas de Google y EcuRed – algo más que los 192 mil habitantes, entonces esa percepción de que las colas sobrepasan, por ejemplo, las 500 personas en la TRD Leningrado y otro tanto igual en “El Girasol”, ¿se debe a mis errores de observación? Parece que no. Al consultarlo - en el mismo entorno - con paisanos de ocasión refieren que me “quedo corta”, pues “en esos molotes hay cerca de  mil personas”.

“Y si le sumas a quienes circulan por áreas cercanas, las bodegas, las cafeterías y otras  “shopping” de Buena Vista la cifra supera las dos mil, desde las siete de la mañana hasta que cae la noche”, me dijo muy seguro un avezado economista quien también piensa que si bien la aplicación Porter@ puede ser un regulador, él particularmente no confía “pues en una semana nadie consume un litro de aceite y menos un paquete de pollo, aun cuando la familia sea abundante, pero lo peor es que veo las mismas caras y merodean desde el día anterior”.

Hay conductas populares que chocan verticalmente con el propósito de los gobiernos locales de que lo poco llegue a más consumidores. Ahora la gente marca “paʹ lo que venga” y viene otra pregunta “inducida”: ¿colean por vicio o por necesidad?  Este panorama de alto riesgo es visible también en el centro histórico de la ciudad, en la cual se concentran los más grandes y diversos mercados, congestionados de cientos de tuneros todo el tiempo.

Me huele cacareado eso de que el fin justifica los medios, más cuando las inevitables colas solo evidencian orden en las primeras quizás 20 personas, mientras que las distantes no hacen el distanciamiento establecido si bien se nota en la mayoría el uso del nasobuco. Lo cierto es que hay muchas personas confiadas por doquier, muchas.

Justo ahora sale el parte de este sábado. Treinta y cinco nuevos casos en el país. Las Tunas, si bien no reportó nuevos contagios, tiene positivos en los últimos 15 días y hay un número importante de contactos relacionados con los portadores primarios, lo cual es una alerta roja en medio de un verano muy caliente, con amenazas serias de eventos meteorológicos y la evidente indisciplina y poca percepción de riesgo manifiestas.

No se trata de hacer llover sobre lo mojado. Es llamar a reflexión a quienes todavía nada les detiene en sus actos irresponsables: ni las multas, ni las informaciones del MINSAP, ni la presencia de agentes del orden… en fin,  a quienes con sus actos simulan creerse los  “inmunizados de este mundo”. Es hora de ponerles tolerancia cero.

Creo que el primer corta fuego debe ser usted (digo yo, aquel, el otro) que permitimos se acerque y nos quedamos cerca. Hay carencias, pero ojalá alguien decidiera poner en cada unidad lo que se ha vendido en paquetes de pollo y pomos de aceite desde que entramos a la fase III de la recuperación. No seré buena calculando al vuelo, pero apuesto no quedarme corta si concibo que, al menos una vez al mes, un alimento de esos alcanzaría para ofertarle a cada familia de esta ciudad.

Entonces le doy la razón al avezado economista de marras: “nunca debieron quitar los módulos por la libreta. Al final, cogen unos y otros no”.   Sin dudas, el nudo del peligro está en la calle y las indisciplinas cotidianas. ¿Cuándo lo entenderán mis paisanos y quienes planifican la distribución de los productos de primera necesidad?