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Por Graciela Guerrero Garay        Fotos: De la Autora

Las Tunas.- No me parece que a simple vista alguien imagine el ajetreo que hay allá, en el fondo. Al entrar, te llena los ojos el agradable confort del lobby, en medio de un silencio que rompe el gentil saludo del custodio. Para muchos quizás sea difícil ubicar a la Empresa de Periódico UEB SOYGRAF Las Tunas, pero si usted pregunta dónde queda el “poligráfico”  cualquiera le dice. Así anda incrustado en el corazón del pueblo.

Dentro, sin caer en exageraciones y utopías, cientos de mujeres de esta oriental provincia cubana hacen su vida o iniciaron sus génesis laborales. Son las responsables de que sobre el pupitre de los estudiantes no falten las libretas cada curso. Paralelamente realizan otras producciones de alta demanda como forros, gigantografías, accesorios de oficina, manteles, portavasos, doiler y envases troquelados para la Industria Alimenticia.

Desde su inauguración en 1985, las féminas tuneras encontraron caminos para desarrollar sus profesiones o insertarse en esta fuerte industria de la provincia y el país. Muchas fundadoras quedan allí. Otras se sumaron a lo largo del tiempo. Yanet Saucedo Peña es un ejemplo. Lleva dos años como especialista principal de producción y comercialización, mientras casi termina su carrera en Derecho.

“Soy técnico medio en Contabilidad, pero siempre hay que superarse. Aquí se trabaja intenso, sin embargo una se siente realizada. Es verdad que muchas veces salimos tarde, como sucedió en julio por cumplir con la entrega de las libretas, pero se ve la satisfacción de los clientes y el reconocimiento a la calidad de nuestras producciones.

“No tengo hijos, aunque soy casada. Nunca para la mujer es fácil. Tienes que contar con el apoyo y la comprensión de la familia. Por eso uno se aferra a cumplir las tareas, no puedes defraudar a quienes confían en ti aquí y en la casa. La mayoría de los trabajadores son jóvenes, pues el promedio de edad es de 39 años”.

UN “FONDO” LARGO Y RUIDOSO

Cuando la producción está en su punto el taller es una “fábrica” de ruidos, olores de tinta, pegamento, recortería, sudores y concentración… Es un proceso continuo desde la facturación de los pedidos, en las oficinas de atención al cliente, hasta el último trabajador vinculado a esa magia de hacer más con una tecnología obsoleta, la materia prima inestable o incompleta y la restructuración de la plantilla, debido a las exigencias económicas actuales.

Es posible gracias al incansable trabajo de innovación y mantenimiento de los aniristas de SOYGRAF, merecedores de la condición de Vanguardias Nacionales durante una década y el brazo fuerte de otra mujer que lleva en sus hombros la dirección de la UEB: Maritza Martínez Amoró.

Santiaguera de nacimiento, llegó a Las Tunas tras graduarse de Técnica Industrial en La Habana y ser ubicada en la Fábrica de Vidrios, la mayor de América Latina y uno de los pilares del despegue económico que transformó a este territorio en los años 80 del pasado siglo.  Se quedó para siempre y es de esas mujeres que no se podrán borrar de las memorias del mundo empresarial local.

En 1987 me gradué de Ingeniera Química – cuenta a 26 – y seguí hasta ser hoy Máster en Ciencia. Desde el 2 de junio del 2002 dirijo esta UEB y, poco a poco, hemos logrado reanimar la industria. Compramos una máquina para la cuatricromía. También nos involucramos en la producción de los guantes quirúrgicos. Las libretas para cada curso escolar es una de nuestras misiones más apasionadas. Ahora en julio, por ejemplo, trabajamos el mes entero las 24 horas. Implantamos un récord productivo, pero era la única manera de cumplir pues la materia prima entró tarde.

Maritza reconoce que dirigir una empresa no es asunto ligero. Sonríe con ternura cuando habla del apoyo que recibe de la nuera en las tareas domésticas. Nunca llega temprano a casa y gracias a “la buena retaguardia familiar” que la comprende, ayuda y trata de que descanse, puede asumir con éxito su responsabilidad, en la que valora muy alto la respuesta incondicional de sus trabajadores. “Estas victorias no son mías, son de todos”, puntualiza.

Con un gesto me anuncia su premura por ir al taller de producción. Necesita ver cómo marcha la fabricación de los envases troquelados que hacen para la Industria Alimenticia.  De su calidad depende también la de cumplir con la inocuidad de los alimentos, una tarea elemental para terminar con las cadenas de trasmisión de virus y enfermedades tras su ingestión.

MUJERES DE AGOSTO

Yanet y Maritza son rostros visibles de esas mujeres que validan el protagonismo de sus congéneres en ese taller que, desde el ruido o el calor del ajetreo productivo, acuñan el crédito saludable de SOYGRAF en Las Tunas, una industria que defiende el encadenamiento productivo, fortalece el mercado local y nacional y, sobre todo, pondera aquel agosto primogénito donde la Federación de Mujeres Cubanas abrió alas a sus derechos: trabajar para bien propio y social. Apuesto que tan digna garantía es la culpable de las sonrisas y perfumes que adornan los pasillos de este poligráfico.